La Palabra Binaria
Publicación diaria para la Iglesia Católica
Martes de la cuarta
San José María de Yermo y Parres
Un gran profeta ha surgido entre nosotros
1 Corintios 12,12-14.27-31a
12 Del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, con ser muchos, forman un cuerpo, así también Cristo. 13 Porque todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, fuimos bautizados en un solo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido del mismo Espíritu. 14 Porque el cuerpo no es un miembro, sino muchos.
27 Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno por su parte es miembro de ese cuerpo. 28 Y así Dios ha puesto en la Iglesia en primer lugar a los apóstoles; en segundo lugar, a los profetas; en tercero, a los maestros; luego, los que tienen el poder de hacer milagros; después, los que tienen el don de curar, de asistir a los necesitados, de gobernar, de hablar lenguas extrañas. 29 ¿Son todos apóstoles? ¿O todos profetas? ¿O todos maestros? ¿Tienen todos el poder de hacer milagros? 30 ¿Tienen todos el don de curar? ¿Hablan todos lenguas? ¿O todos las interpretan? 31a Ambicionad dones más altos.
Salmo 99,2-5
2 Servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con gritos jubilosos.
3 Reconoced que el Señor es Dios:
él nos ha hecho y somos suyos,
su pueblo, las ovejas que él guarda.
4 Entrad en sus pórticos dándole gracias,
alabadlo, bendecid su nombre:
5 porque el Señor es bueno, su amor es eterno,
y su lealtad perpetua por todas las edades.
Lucas 7,11-17
11 Después fue a un pueblo llamado Naín, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. 12 Al llegar a la puerta de la ciudad, se encontró con que llevaban a enterrar un muerto, hijo único de una madre viuda; la acompañaba todo el pueblo. 13 El Señor, al verla, se compadeció de ella y le dijo: «No llores». 14 Luego se acercó y tocó el féretro; los que lo llevaban se detuvieron; él dijo: «Joven, yo te lo mando: Levántate». 15 El muerto se sentó y comenzó a hablar; y él se lo entregó a su madre. 16 Todos quedaron sobrecogidos y alababan a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo». 17 Y este suceso se propagó por toda Judea y por toda aquella comarca.
Hay una diferencia abismal entre las demás “religiones” y el Cristianismo. En las demás, el hombre va en busca de Dios. En el Cristianismo es Dios el que busca al hombre.
Y en
Dios sigue obrando milagros para que nosotros podamos ser felices en Él. Es imposible que a Dios le guste vernos tristes, porque nos ama. Pero si lo estamos... ¿acaso será porque no le hemos permitido a Cristo entrar en nuestras vidas?
San José María de Yermo y Parres
Nació en el Estado de México, en la Hacienda de Jalmolonga. Huérfano de madre, su padre lo encomienda a una tía que lo educó cristianamente. Sintiendo el llamado de Dios, ingresa al Seminario, siendo ordenado Sacerdote en 1879 en la Catedral de León, Gto.
Al darse cuenta de la pobreza en algunos sectores de la mencionada ciudad, decide consagrar su vida en un apostolado al servicio de los marginados, atendiendo a su vez la feligresía que tenía encomendada. En 1885 fundó la Congregación de Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres a cuya formación dedicó lo mejor de su espíritu.
En 1888 participó activamente en la ayuda a los damnificados por el desbordamiento del río “Los Gómez”, en León, Gto. , acto por el cual se le conoció como “el gigante de la caridad”. Después de una vida de trabajo, murió en la ciudad de Puebla.
Canonizado por Juan Pablo II el 21 de mayo del 2000, día dedicado a México, dentro del Año Jubilar.
Moral y Ética XV
La conciencia y el Magisterio (II/II)
“Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?... Apacienta mis corderos” (Jn 21,15). “Simón... yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca; y tú, cuando vuelvas, confirma a tus hermanos” (Lc 22,31-32). El oficio de apacentar y confirmar, robustecer en la fe y guiar en el obrar, se enraíza directamente en la voluntad salvífica de Cristo, y es la razón de ser del Magisterio de Pedro y de los demás apóstoles unidos a Pedro.
El sentido último del ministerio de la Iglesia es el de transmitir la verdad de Cristo, y más aún, la verdad que es Cristo: “Por voluntad de Cristo, la Iglesia católica es maestra de la verdad y su misión es anunciar y enseñar auténticamente la Verdad, que es Cristo”[38]. Y esto engloba la verdad moral: “... y al mismo tiempo declarar y confirmar con su autoridad los principios de orden moral que fluyen de la misma naturaleza humana”[39].
Podemos indicar algunos motivos por los cuales es necesario que el Magisterio se extienda al ámbito de la ética racional[40]:
a) Por la función sobrenatural sanante del Magisterio. Proponiendo verdades morales racionales el Magisterio desempeña su misión de salvación. La Iglesia tiene como misión la salvación del hombre, en toda su amplitud, incluida su racionalidad ya que la racionalidad del hombre es una racionalidad llagada, es decir, afectada por el “vulnus”, la herida, del error y la ignorancia[41]. El Magisterio devuelve, así, a la razón práctica su relación originaria con
b) Por la función pastoral del Magisterio y las consecuencias de
c) Por la profunda armonía existente entre la razón y
Sin embargo, esta presentación de la relación entre razón y fe es falsa y ya fue resuelta de modo definitivo por Santo Tomás en el medioevo, y por tanto, la estrecha relación armónica entre razón y fe da competencia al Magisterio en el campo de la razón[47].
d) Porque, si bien en la Revelación se encuentran normas morales concretas (algunas de las cuales la razón por sí sola no habría podido descubrir, como por ejemplo los preceptos tocantes al ejercicio de las virtudes teologales; otras, en cambio, están -al menos de suyo- al alcance de la razón), sin embargo, puede legítimamente presumirse que la Revelación no ha enseñado explícitamente todas las normas morales determinadas racionalmente cognoscibles. Y esto porque Dios no se sustituye a la causalidad de las personas creadas[48].
Magisterio y conciencia.
Es constitutivo esencial de la conciencia recta su adecuación con la verdad objetiva, como ya hemos dicho. Pero no siempre está en poder de la razón alcanzar por sí sola dicha verdad con la cual adecuarse, aun teniendo en sí los principios de los cuales se derivan todas las verdades morales. Los principios universales están, pero en su condición universal. Descubrir la relación estrecha entre nuestros comportamientos concretos y tales principios puede resultar evidente como puede no serlo. Y esto por muchos motivos. Por un lado, la nuestra es una razón herida y debilitada por el pecado original. Por otra parte, algunas de las verdades que rigen el obrar concreto son el fruto de deducciones que no todos pueden realizar. Asimismo, tienen su cuota de injerencia las presiones de una sociedad y una cultura laicista, atea y hedonista, que crea un modo de pensar consecuente con sus máximas. Finalmente, el juicio práctico de la razón guarda una fuerte dependencia de nuestros hábitos morales; y cuando éstos son vicios arraigados, interfieren influyendo notablemente nuestro modo de juzgar. De aquí la necesidad del Magisterio.
La relación entre el Magisterio y la conciencia es análoga a la que media entre la luz y nuestros ojos. Nuestros ojos no ven si no media la luz: “Hablar de un conflicto entre la conciencia y el Magisterio es lo mismo que hablar de conflicto entre el ojo y la luz”[49].
Una nueva confirmación de la armonía entre Magisterio y conciencia puede ser aducida partiendo de la acción del Espíritu Santo sobre el Magisterio y sobre la conciencia de los fieles.
Por todo esto, se hace necesaria la intervención de un magisterio que por un lado custodie manteniendo incólumes los principios, y por otro ilumine el obrar cotidiano a la luz de los mismos. Por tal motivo, el Cardenal Ratzinger analizando aquella famosa expresión de Newman, “si yo tuviera que llevar la religión a un brindis después de una comida... desde luego brindaría por el Papa. Pero antes por la conciencia y después por el Papa”, la entiende en el sentido de que es la conciencia, o más bien, la necesidad de que la conciencia sea custodiada, iluminada y preservada del error, lo que explica el Papado. “Sólo en este contexto, escribe Ratzinger, se puede comprender correctamente la primacía del Papa y su correlación con la conciencia cristiana. El significado auténtico de la autoridad doctrinal del Papa consiste en el hecho de que él es el garante de la memoria[53]. El Papa no impone desde fuera, sino que desarrolla la memoria cristiana y
Algo semejante dice
Por eso decía el Papa, en el Discurso que dirigió a los participantes del II Congreso internacional de teología moral, que “el Magisterio de la Iglesia ha sido instituido por Cristo el Señor para iluminar la conciencia”, y que por eso “apelar a esta conciencia precisamente para constestar la verdad de cuanto enseña el Magisterio, comporta el rechazo de la concepción católica de Magisterio y de la conciencia moral”[56]. El Magisterio de la Iglesia ha sido dispuesto por el amor redentor de Cristo para que la conciencia sea preservada del error y alcance siempre más profunda y certeramente la verdad que
Conclusión
Así, siendo constitutivo esencial de la conciencia la verdad, y la verdad en toda su amplitud (natural y sobrenatural), y siendo misión esencial del Magisterio transmitir la verdad, y no sólo la verdad dogmática sino también la verdad práctica, moral, la contraposición entre conciencia y Magisterio sólo puede provenir de un “a priori” reduccionista.
-Es una versión más del histórico problema de la relación entre razón y fe (entre verdad racional y verdad de la fe, entre heteronomía y autonomía), y cuando la relación entre ambas es mal resuelta (como contraposición o admitiendo la posible contraposición o exclusión), se convierte en una versión más de la teoría de la doble verdad de Siger de Brabante.
Es también una versión más de la incomprensión del misterio de
-Es una versión más de error del monofisismo y del docetismo: la reducción del misterio de la Encarnación a una sola naturaleza, la divina, afirmando lo humano de Cristo como pura apariencia, tiene su versión moral en la reducción de la salvación a la profesión de un credo, a la adhesión meramente intelectual a un dogma abstracto, mientras que el obrar concreto recibe una redención aparente, una capa de barniz que no toca ni asume la naturaleza, no la redime, no la transforma, y, por tanto, no exige un modo de vida auténticamente cristiano y verdaderamente renovado.
-Es una versión más de la dicotomía pesimista establecida por Lutero: una fe sin moral, una fe sin caridad operante, una adhesión fiducial a Cristo que no compromete en sus raíces nuestra relación con el mundo.
En cambio, la auténtica concepción de la relación entre conciencia y Magisterio, ennoblece la conciencia, ya que aquello que la dignifica es la capacidad que tiene de alcanzar la verdad, siendo secundario el hecho de que la reciba de otro o la alcance por sí misma, mientras que una conciencia que prefiere aceptar la posibilidad del error antes que someterse a una luz que no provenga de ella, no es signo de nobleza sino de una conciencia plebeya.
El Magisterio es un don de Dios a los hombres porque es el don de la luz que penetra nuestro interior y que, acogida interiormente se transforma en guía luminosa, y hace de la conciencia, como dice Dante, compañera segura bajo el escudo de sentirse pura[57].
Chesterton dice sobre la inteligencia que ella “conquista una nueva provincia como una reina, pero sólo porque primero ha respondido a la campanilla como una criada”[58], es decir, por su humildad y por su docilidad. Otro tanto podemos decir de la conciencia: bajo su guía el hombre alcanza su más alta dignidad, cuando ella primero se deja invadir por la luz de
[38] Concilio Vaticano II, Declaración Dignitatis humanae, 14.
[39] Ibid.
[40] Para lo que sigue cf. Carlo Caffarra, L´autorità del magistero in morale, en: AA.VV., Universalité et permanence des Lois morales, Ed. Universitaires Fribourg Suisse, Ed. du Cerf Paris, 1986, pp. 179-181; Dario Composta, La nuova morale..., op. cit., pp. 160-161.
[41] Cf. Suma Teológica, I-II, 85, 4.
[42] Juan Pablo II, Alocución a los obispos del Sudoeste de Francia, L´Osservatore Romano, 15 de marzo de 1987, p. 9, nº 4.
[43] Lumen Gentium, 25.
[44] Juan Pablo II, Discurso a los participantes en el II Congreso internacional de teología moral, 12 de noviembre de 1988, en L´Osservatore Romano, 22 de enero de 1989, p. 9, nº 5.
[45] San Ireneo, citado por la Conferencia de Puebla, nº 400.
[46] Carlo Caffarra, L´autorità del Magistero in morale, op.cit., p. 181.
[47] Cf. Enc. Veritatis Splendor, 36 ss.
[48] Cf. Carlo Caffarra, La competenza..., op. cit., pp. 15-16.
[49] Carlo Caffarra, Conscience, Truth and Magisterium in conjugal Morality, Rev. “Anthropos” 1 (1986), p. 83.
[50] Cf. Suma Teológica, I-II, 116, 1 y ad 1.
[51] Pablo VI, Humanae vitae, 29.
[52] Cf. el desarrollo de este punto en R. García de Haro, Magisterio, norma y conciencia, op. cit., pp. 68-70.
[53] Ratzinger entiende aquí por memoria, anamnesis, lo que la tradición teológica llama sindéresis, el hábito de los primeros principios morales. Podrá, si se quiere, discutirse la equivalencia entre memoria y sindéresis, pero para lo que queremos expresar vale correctamente.
[54] Joseph Ratzinger, Elogio de la conciencia, Esquiú 23 de febrero de 1992, p. 30.
[55] Enc. Veritatis Splendor, 64.
[56] Discurso a los participantes en el II Congreso internacional de teología moral, 12 de noviembre de 1988, en L´Osservatore Romano, 22 de enero de 1989, p. 9, nº 4.
[57] ...coscienza m´assicura,
la buona compagnia che l´uom francheggia
sotto l´asbergo del sentirsi pura (Inf. XXVIII,115-117).
[58] G.K. Chesterton, Santo Tomás de Aquino, en “Obras Completas”, Plaza y Janés, Barcelona 1967, T. IV, p. 1128.
[59] Dichos 12.
Que la gracia y la bendición del Padre se derrame sobre todos nosotros
El Servidor de la Palabra
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