La Palabra Binaria
Publicación diaria para la Iglesia Católica
Martes de la
segunda
Después de
epifanía
San Severino
Eran como ovejas sin pastor
1 Juan
4,7-10
7 Queridos míos, amémonos los unos a los
otros, porque el amor es de Dios; y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce
a Dios. 8 El que no ama no ha conocido a Dios, porque
Dios es amor. 9 En esto se ha manifestado el amor de Dios
por nosotros: en que ha mandado a su Hijo único al mundo para que nosotros
vivamos por él. 10 En esto consiste el amor: no en que
nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Dios nos ha amado a nosotros y ha
enviado a su Hijo como víctima expiatoria por nuestros pecados.
Salmo 71,2-4.7-8
2 Que gobierne a tu pueblo con justicia
y juzgue a tus
oprimidos según derecho.
3 Gracias a la justicia, y
los montes y
colinas traerán al pueblo la prosperidad.
4 Que haga justicia a los oprimidos,
que sea la
salvación de los pobres,
que aplaste a
los explotadores.
7 En sus días triunfará la justicia
y habrá una
paz firme hasta que falte la luna;
8 dominará de mar a mar,
desde el río
hasta los límites del mundo;
Marcos
6,34-44
34 Jesús, al desembarcar y ver tanta gente,
se compadeció de ellos porque eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles
muchas cosas. 35 Como se hiciera ya muy tarde, se le
acercaron sus discípulos y le dijeron: 36
«El lugar está despoblado y es ya muy tarde; despídelos, para que vayan a las
aldeas y caseríos del contorno a comprarse algo de comer». 37 Jesús les respondió: «Dadles vosotros de comer». Ellos le dijeron:
«¿Cómo vamos a comprar nosotros pan suficiente para darles de comer?». 38 Él les dijo: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver». Lo
averiguaron, y le dijeron: «Cinco panes y dos peces». 39 Les mandó que se sentasen todos por grupos sobre la hierba
verde. 40 Y se sentaron en corros de ciento y de
cincuenta. 41 Jesús tomó los cinco panes y los dos
peces, alzó los ojos al cielo y los bendijo; partió los panes, y se los dio a
los discípulos para que se los distribuyeran a la gente. Repartió también a
todos los dos peces. 42 Todos comieron y se hartaron; 43 y se recogieron doce canastos llenos con las sobras de los
panes y de los peces. 44 Los que comieron fueron cinco mil hombres.
El amor es
donación. Donación que sabe hacer felices a los demás, aunque se esté
sufriendo. Eso es el amor una donación sin límites, como la que Cristo no
quiere manifestar en este pasaje. Él es el Amor en persona, porque cuando ve
una multitud se compadece y hace todo lo posible por ayudarlos en todos los
sentidos.
¡Qué grande es
Dios que tanto nos ha amado! Se ha compadecido de nuestros sufrimientos y nos
da el alivio para seguir adelante en los momentos más difíciles de nuestra
vida. Él ha querido darnos el Alimento de los alimentos: su mismo Cuerpo, el
Pan de los ángeles. Sólo bastan unas pocas palabras para hacer un milagro de
multiplicación: “Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo que
será entregado por vosotros”
San Severino
Durante el
siglo V el imperio romano de Occidente se vio invadido poco a poco por los
visigodos, ostrogodos, vándalos, francos, etc. En la devastación sólo las autoridades
y estructuras cristianas constituyeron un punto firme para la supervivencia.
Éste es el contexto histórico en el que se presenta la figura y la obra de san
Severino, que nació de una noble familia romana hacia el año 410. Después de
una estancia en Oriente, hacia el 454 se estableció cerca del Danubio, en donde
construyó monasterios para albergar a los habitantes amenazados y para que, al
mismo tiempo, fueran puntos de irradiación del Evangelio entre las tribus
bárbaras.
Inclinado
tanto a la vida contemplativa y eremítica como a la actividad misionera, y
favorecido con el carisma de la profecía, san Severino hizo también previsiones
sobre el plano humano temporal. En efecto, comprendió que el movimiento de los
jóvenes pueblos bárbaros era imposible de detener y que la decadente sociedad
romana recuperaría su vigor gracias a estas nuevas fuerzas.
Pero era
necesario que esas mentes fueran iluminadas por las verdades del Evangelio, y
para ello había que entrar en contacto directo con ellas. Con un gesto valiente
que le ganó la admiración de los rudos guerreros, llegó hasta Comagén, ya en
mano de los enemigos; su concreta caridad para con los necesitados le conquistó
definitivamente el corazón sencillo de los “bárbaros”, comenzando
por el de los jefes. Gibuldo, rey de los alamanos, le tenía “suma
reverencia y afecto”, como dice su biógrafo Eugipo, y lo escuchaba con
respeto, dócil como un hijo; Flaciteo, rey de los rugos, “lo consultaba
en las empresas peligrosas como a un oráculo celestial”.
No faltaron
signos del cielo que confirmaban sus palabras. Un día la nuera de Flaciteo,
contra el parecer de Severino, lo había convencido de que no les diera la
libertad a los prisioneros; Severino la amonestó enérgicamente y misma noche el
sobrino de Flaciteo cayó prisionero de otra tribu bárbara y obtuvo la libertad
sólo por intervención de Severino.
Respetado y
amado por la gente humilde como por los reyes y guerreros, vivió muy
pobremente, sin sacar ninguna ventaja material para sí mismo: vestía la misma
túnica tanto en invierno como en verano, dormía pocas horas acostado en el
suelo y con cilicios, y se dice que en cuaresma sólo comía una vez por semana.
Murió el 8 de
enero del año 482. Sus veneradas reliquias reposan en Frattamaggiore (Nápoles)
junto al mártir Sosso.
María:
profetizada en el Antiguo Testamento.
¿Existen
pasajes bíblicos que anuncien la llegada de María, como los hay de Jesucristo?
Si en los Evangelios casi no se habla de María, ¿cómo sabemos dónde vivió, con
quién, cómo era...? ¿Cómo trataron los primeros cristianos a María?...
El Antiguo Testamento
se refiere a Nuestra Señora tanto en sus profecías como en sus tipos o figuras.
Génesis 3:15
La primera
profecía referente a María se encuentra en los capítulos iniciales del Libro
del Génesis (3:15): "Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu
linaje y el suyo; ella te aplastará la cabeza y tú estarás al acecho de su
talón". Esta versión parece diferir en dos aspectos del texto original
hebreo:
En primer
lugar, el texto hebreo emplea el mismo verbo para las dos versiones traducidas
"ella te aplastará" y "tú estarás al acecho"; la
Septuaginta traduce el verbo en ambos casos por "terein" (estar al
acecho); Aquila, Símaco y los traductores sirios y samaritanos traducen el
verbo hebreo por expresiones que significan aplastar, magullar; el Itala
traduce el "terein" utilizado en la Septuaginta con el término latino
de "servare" , vigilar; S. Jerónimo (1) sostiene que el verbo hebreo
tiene el significado de "aplastar" o "magullar" más que el
de "estar al acecho", "vigilar". Sin embargo en su propio
trabajo, que se convirtió en la Vulgata latina, el santo emplea el término
"aplastar" (conterere) en primer lugar, y "estar al acecho"
(insidiari) en segundo. Por tanto el castigo infligido a la serpiente y la
venganza de ésta están expresadas con el mismo verbo: pero la herida sufrida
por la serpiente es mortal, ya que afecta a la cabeza, mientras que la herida
causada por ella no es mortal, ya que es infligida en el talón.
El segundo
punto de diferencia entre el texto hebreo y nuestra versión se refiere al
agente que va a infligir la herida mortal a la serpiente: nuestra versión
coincide con el texto actual de la Vulgata en traducir "ella"(ipsa)
que se refiere a la mujer, mientras que el texto hebreo traduce "hu´"
(autos, ipse) que se refiere a la descendencia de la mujer. Según nuestra
versión y la traducción de la Vulgata, será la mujer quien obtenga la victoria;
según el texto hebreo, ella vencerá a través de su descendencia. Es en este
sentido en el que la Bula "Ineffabilis" atribuye la victoria a
Nuestra Señora. La versión "ella" (ipsa) no es ni una corrupción
intencionada del texto original ni un error accidental, sino que es una versión
explicativa que expresa explícitamente el hecho de la participación de Nuestra
Señora en la victoria sobre la serpiente, que está contenido de manera
implícita en el original hebreo. La fuerza de la tradición cristiana referente
a la participación de María en esta victoria puede deducirse del hecho de que
S.Jerónimo mantuviera "ella" en su versión a pesar de su familiaridad
con el texto original y con la traducción "él" (ipse)en la antigua
versión latina.
Dado que es
comúnmente admitido que el juicio divino se dirige no tanto contra la serpiente
como contra el causante del pecado, la descendencia de la serpiente hace
referencia a los seguidores de la serpiente, la "progenie de
víboras", la "generación de víboras", aquellos cuyo padre es el
Diablo, los hijos del mal, imitando, non nascendo (Agustín) (2).
Puede darse
la tentación de comprender la descendencia de la mujer en un sentido colectivo
análogo, abarcando a todos los nacidos de Dios. Pero "descendencia"
puede no sólo referirse a una persona en particular, sino que generalmente
tiene dicho significado, si el contexto lo permite. S. Pablo (Gálatas 3:16) da esta
explicación de la palabra "descendencia" tal como aparece en las
promesas de los patriarcas: "A Abraham y a su descendencia fueron hechas
las promesas. No dice a sus descendencias, como de muchas, sino de una sola:
"Y a tu descendencia", que es Cristo. Finalmente la expresión
"la mujer" en la frase "Pondré enemistad entre ti y la
mujer" es una traducción literal del texto hebreo. La Gramática Hebrea de
Gesenius-Kautzsch (3) establece la norma: es un rasgo peculiar del hebreo el uso
del artículo para indicar una persona o cosa todavía desconocida o que todavía
está por describir con claridad, ya se encuentre presente o tenga que
considerarse bajo las condiciones del contexto. Dado que nuestro artículo
indefinido cumple este propósito, se podría traducir: "Pondré enemistad
entre ti y una mujer".
Por tanto la
profecía promete una mujer, Nuestra Señora, que será la enemiga de la serpiente
en un grado sobresaliente. Además, la misma mujer saldrá vencedora sobre el
Demonio, al menos a través de su hijo. La rotundidad de la victoria es
subrayada por la frase contextual "comerás tierra", que es según
Winckler (4) una antigua y común expresión oriental que denota la máxima
humillación. (5)
Isaías 7:1-17
La segunda
profecía referente a María se encuentra en Isaías 7:1-17. Los críticos se han
empeñado en representar este pasaje como una combinación de sucesos y palabras
del profeta escritos por un autor desconocido (6). La credibilidad del
contenido no resulta necesariamente afectada por esta teoría, ya que las
tradiciones proféticas pueden quedar registradas por cualquier escritor sin
perder por ello su credibilidad. Pero incluso Duhm considera la teoría como un
intento aparente por parte de los críticos de averiguar hasta dónde están
dispuestos a aguantar pacientemente los lectores; opina que es una verdadera
desgracia para la crítica en cuanto tal el que haya encontrado un mero
compendio en un pasaje que describe tan gráficamente la hora del nacimiento de
la fe.
Según II
Reyes 16:1-4, y II Paralipómenos 27:1-8, Ajaz, que comenzó su reinado en el
Siria no
ganará nada, permanecerá como había estado en el pasado: "la cabeza de
Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco es Rasín."
Efraím
también permanecerá en el futuro inmediato como había estado hasta ese momento:
"la cabeza de Efraím es Samaria, y la cabeza de Samaria el hijo de
Romelia"; pero al cabo de sesenta y cinco años será destruida,
"dentro de sesenta y cinco años Efraím habrá dejado de ser pueblo".
Ajaz había
abandonado al Señor por Moloc, y había depositado su confianza en una alianza
con Asiria; de ahí la profecía condicional referente a Judá "si no crees,
no continuarás". La prueba de fe sigue inmediatamente a continuación:
"Pide al Señor, tu Dios, una señal, o de abajo en lo profundo o de arriba
en lo alto". Ajaz responde con hipocresía: "no la pediré, no tentaré
al Señor", rechazando así declarar su fe en Dios y prefiriendo la política
asiria. El rey prefiere Asiria a Dios, y Asiria vendrá sobre él: "Hará
venir el Señor sobre ti y sobre tu pueblo, y sobre la casa de tu padre, días
cuales nunca vinieron desde que Efraím se separó de Judá con el rey de los
asirios". La casa de David había ofendido no sólo a los hombres, sino
también a Dios con su incredulidad; por ello, "no continuará", y, por
una ironía del castigo divino, será destruida por aquellas mismas gentes a las
que prefirió antes que a Dios.
Sin embargo,
las promesas mesiánicas hechas a la casa de David no pueden frustrarse:
"El Señor mismo os dará una señal. He aquí que una virgen concebirá, y
dará a luz un hijo, y será llamado Emmanuel. Y se alimentará de mantequilla y
miel, hasta que sepa desechar lo malo y elegir lo bueno. Pues antes que el niño
sepa desechar lo malo y elegir lo bueno, la tierra por la cual temes de esos
dos reyes será devastada". Dejando de lado una serie de preguntas
relacionadas con la explicación de la profecía, debemos limitarnos aquí a la
prueba evidente de que la virgen mencionada por el profeta es María, la Madre
de Cristo. La argumentación se basa en las premisas de que la virgen mencionada
por el profeta es la madre de Emmanuel, y que Emmanuel es Cristo. La relación
de la virgen con Emmanuel está claramente expresada en las palabras inspiradas;
las mismas indican, asimismo, la identidad de Emmanuel con Cristo.
La relación
de Emmanuel con la señal divina extraordinaria que iba a ser concedida a Ajaz
nos predispone a ver en la criatura alguien más que un niño corriente. En 8:8,
el profeta le atribuye la propiedad de la tierra de Judá: "Y tendiendo sus
brazos cubrirán toda tu tierra, ¡oh Emmanuel!". En 9:6, se dice que el
gobierno de la casa de David descansa sobre sus hombros, y se le describe como
poseedor de cualidades superiores a las humanas: "nos ha nacido un niño,
nos ha sido dado un hijo, que tiene sobre su hombro la soberanía, y que se
llamará maravilloso consejero, Dios fuerte, Padre sempiterno, Príncipe de la
paz".
Finalmente,
el profeta llama a Emmanuel "vara del tronco de Jesé", agraciado con
"el espíritu del Señor, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu
de consejo y de fortaleza, espíritu de entendimiento y de temor de Dios";
su venida irá seguida de los signos generales de la era mesiánica, y los que
queden del pueblo escogido serán de nuevo el pueblo de Dios (11:1-16).
Cualquier
oscuridad o ambigüedad que pudiera haber en el texto profético es eliminada por
S. Mateo (1:18-25). Después de narrar las dudas de San José y la reafirmación
del angel "lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo", el
evangelista continúa: "Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el
Señor había anunciado por el profeta, que dice: He aquí que una virgen concebirá
y parirá un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel". No es necesario que
repitamos la explicación del pasaje dada por comentaristas católicos que
responden a las objeciones que se han hecho contra el significado obvio del
evangelista. De todo lo anterior se puede deducir que María es mencionada en la
profecía de Isaías como madre de Jesucristo; a la luz de la referencia a la
profecía hecha por S. Mateo, se puede añadir que ésta predijo también la
virginidad de María, intacta en la concepción de Emmanuel (7).
Miqueas 5:2-3
Una tercera
profecía referente a Nuestra Señora se encuentra en Miqueas 5:2-3: "Y tú,
Belén de Efrata, pequeño para ser contado entre las familias de Judá, de ti me
saldrá quien señoreará en Israel, cuyos orígenes vienen del comienzo, de los
días de la eternidad. Los entregará hasta el tiempo en que la que ha de parir
parirá, y el resto de sus hermanos volverá a los hijos de Israel". Aunque
el profeta (750-
Mas, ¿cómo se
refiere la profecía a la Virgen María? Nuestra Señora es mencionada con la
frase "hasta el tiempo en que la que ha de parir parirá". Es cierto
que "la que ha de parir" se ha referido también a la Iglesia (S.
Jerónimo, Teodoreto), o al grupo de gentiles que se unieron a Cristo (Ribera,
Mariana), o también a Babilonia (Calmet); pero, por una parte, no hay apenas
relación suficiente entre ninguno de estos sucesos y el redentor prometido; por
otra parte, el pasaje debería decir "hasta el tiempo en que la que es
estéril parirá" si el profeta se hubiera referido a cualquiera de dichos
sucesos. Tampoco puede "la que ha de parir" referirse a Sión: Sión es
mencionada sin sentido metafórico antes y después de este pasaje, de modo que
no se puede esperar que el profeta recurra de repente a un lenguaje figurado.
Mas aún, si se explica así la profecía, no tendría un sentido cabal. Las frases
contextuales "el señor de Israel", "sus orígenes", que en
hebreo implica nacimiento, y "sus hermanos" hacen referencia a un
individuo, no a una nación; de ello se deduce que el parto debe referirse a esa
misma persona. Se ha mostrado que la persona que gobernará es el Mesías; por
ello, "la que ha de parir" debe referirse a la madre de Cristo,
Nuestra Señora. Así explicado, todo el pasaje aparece claro: el Mesías ha de
nacer en Belén, un pueblo insignificante de Judá; su familia debe estar
reducida a la pobreza y la oscuridad antes del momento de su nacimiento; como
esto no puede suceder si la teocracia permanece intacta, si la casa de David
continúa floreciendo, "por ello los entregará hasta el tiempo en que la
que ha de parir parirá" al Mesías. (8)
Jeremías
21:22
Una cuarta
profecía referente a María se encuentra en Jeremías 21:22: "El Señor ha
creado algo nuevo sobre la tierra: una mujer conseguirá un hombre". El
texto del profeta Jeremías ofrece no pocas dificultades para el intérprete
científico; nosotros seguiremos la versión de la Vulgata latina del original
hebreo. Pero incluso esta traducción ha sido explicada de muchas formas
diferentes: Rosenmuller y muchos intérpretes protestantes conservadores
defienden la versión "una mujer protegerá a un hombre", mas tal
argumento difícilmente podría inducir a los hombres de Israel a retornar a
Dios. La explicación "una mujer buscará a un hombre" apenas está de
acuerdo con el texto; además, tal inversión del orden natural es presentada en
Isaías 4:1 como una señal de la más absoluta catástrofe. La versión de Ewald
"una mujer se convertirá en un hombre" es muy poco fiel al texto
original. Otros comentaristas ven en la mujer un símil de la Sinagoga o de la
Iglesia, en el hombre un símil de Dios, de modo que pueden explicar la profecía
"Dios morará de nuevo en medio de la Sinagoga (o del pueblo de
Israel)" o "la Iglesia protegerá la tierra con sus valientes
hombres". Pero el texto hebreo difícilmente evoca ese significado; además,
esa explicación convertiría ese pasaje en una tautología: "Israel
retornará a su Dios, ya que Israel amará a su Dios".
Algunos
autores recientes traducen el original hebreo por: "Dios crea algo nuevo
sobre la tierra: la mujer (esposa) retorna al hombre (su marido)". Según
la ley antigua (Deuteronomio 24:1-4; Jeremías 3:1), el marido no podía volver a
aceptar a su mujer una vez que la había repudiado; pero el Señor introducirá
una novedad al permitir a la mujer infiel, o lo que es lo mismo, la nación
culpable, volver a la amistad con Dios. Esta explicación se basa en una
corrección aventurada del texto; además, no implica necesariamente el
significado mesiánico que se espera del pasaje.
Los Padres
griegos siguen generalmente la versión de la Septuaginta, "El Señor ha
creado salvación en una nueva plantación, los hombres caminarán seguros";
mas S. Atanasio (9) combina la versión de Aquila dos veces "Dios ha creado
algo nuevo en la mujer" con la de la Septuaginta, diciendo que la nueva
plantación es Jesucristo, y que lo nuevo creado en la mujer es el cuerpo del
Señor, concebido en la mujer virgen sin la participación del hombre. También S.
Jerónimo (10) entiende el texto profético de la virgen que concibe al Mesías.
Esta explicación del pasaje concuerda con el texto y con el contexto. Como la
Palabra Encarnada poseyó desde el primer instante de su concepción todas sus
perfecciones, exceptuando aquellas relacionadas con su desarrollo corporal, es
correcto afirmar que su madre "conseguirá un hombre". No es necesario
señalar que tal condición en una criatura recién concebida es denominada, con
razón, "algo nuevo sobre la tierra". El contexto de la profecía
describe, después de una breve introducción general (30:1-3), la futura
libertad de Israel y la restauración en cuatro estancias: 30:4-11, 12-22;
30:23; 31:14, 15-26; las tres primeras estancias terminan con la esperanza del
tiempo mesiánico. La cuarta debería esperarse también que tuviera un final
similar. Además, la profecía de Jeremías, pronunciada alrededor del
Tipos y
figuras de María en el Antiguo Testamento.
Para estar
seguros del significado de un tipo, este significado debe ser revelado, es
decir, debe habernos sido transmitido a través de la Sagrada Escritura o de la
tradición. Algunos escritores piadosos han desarrollado por su cuenta numerosas
analogías entre ciertos datos del Antiguo Testamento y los datos
correspondientes del Nuevo Testamento; sin embargo, por muy ingeniosas que
estas correlaciones puedan ser, no demuestran que Dios tuviera de hecho la
intención de transmitir en los textos inspirados del Antiguo Testamento las verdades
de la correspondencia establecida.
Por otra
parte, debe tenerse presente que no todas las verdades contenidas ya sea en las
Escrituras o en la tradición han sido explícitamente propuestas a los creyentes
como verdades de fe por definición expresa de la Iglesia. De acuerdo con el
principio "Lex orandi est lex credenti" debemos tratar al menos con
reverencia las innumerables sugerencias contenidas en la liturgia y oraciones
oficiales de la Iglesia. De esta forma es como debemos considerar muchos de los
tratamientos otorgados a Nuestra Señora en la letanía y en el "Ave maris
stella". Las Antífonas y Responsos que se encuentran en los Oficios
recitados en las varias festividades de Nuestra Señora sugieren un número de
tipos referentes a Nuestra Señora que difícilmente hubieran sido mostrados con
tanta viveza de otra manera a los ministros de la Iglesia. La tercera antífona
de Laudes de la Festividad de la Circuncisión contempla en "el arbusto que
arde sin consumirse" (Exodo 3:2) la figura de María en la concepción de su
Hijo sin perder su virginidad. La segunda antífona de Laudes del mismo Oficio
contempla en el vellón de lana de Gedeón, húmedo por el rocío mientras que la
tierra a su alrededor había permanecido seca (Jueces 6:37-38), un tipo de María
recibiendo en su vientre al Verbo Encarnado (12).
El Oficio de
la Bienaventurada Virgen aplica a María muchos de los pasajes referentes a la
esposa del Cantar de los Cantares (13) y también los referentes a la sabiduría
del Libro de los Proverbios 8:22-31 (14). Un "jardín cerrado, una fuente
sellada" mencionado en Cantares 4:12 aplicado a María es sólo un ejemplo
concreto de todo lo referido anteriormente (15). Además, Sara, Débora, Judit y
Ester son utilizadas como tipos de María; el arca de la Alianza, sobre la que
se manifiesta la misma presencia de Dios, es utilizada como la figura de María
llevando al Verbo Encarnado en su vientre. Pero es especialmente Eva, la madre
de todos los vivientes (Génesis 3:20), la que es considerada como un tipo de
María, que es la madre de todos los vivientes en el orden de la gracia (16).
[1]
Quaest. hebr. in Gen., P.L., XXIII, col. 943
[2]
cf. Wis., ii, 25; Matt., iii, 7; xxiii, 33; John, viii, 44; I, John, iii, 8-12.
[3]
Hebräische Grammatik, 26th edit., 402
[4]
Der alte Orient und die Geschichtsforschung, 30
[5]
cf. Jeremias, Das Alte Testament im Lichte des alten Orients, 2nd ed., Leipzig,
1906, 216; Himpel, Messianische Weissagungen im Pentateuch, Tubinger
theologische Quartalschrift, 1859; Maas, Christ in Type and Prophecy, I, 199
sqq., New York, 1893; Flunck, Zeitschrift für katholische Theologie, 1904, 641
sqq.; St. Justin, dial. c. Tryph., 100 (P.G., VI, 712); St. Iren., adv. haer.,
III, 23 (P.G., VII,, 964); St. Cypr., test. c. Jud., II, 9 (P.L., IV, 704); St.
Epiph., haer., III, ii, 18 (P.G., XLII, 729).
[6]
Lagarde, Guthe, Giesebrecht, Cheyne, Wilke.
[7]
cf. Knabenbauer, Comment. in Isaiam, Paris, 1887; Schegg, Der Prophet Isaias,
Munchen, 1850; Rohling, Der Prophet Isaia, Munster, 1872; Neteler, Das Bush
Isaias, Munster, 1876; Condamin, Le livre d´Isaie, Paris, 1905; Maas, Christ in
Type and Prophecy, New York, 1893, I, 333 sqq.; Lagrange, La Vierge et
Emmaneul, in Revue biblique, Paris, 1892, pp. 481-497; Lémann, La Vierge et
l´Emmanuel, Paris, 1904; St. Ignat., ad Eph., cc. 7, 19, 19; St. Justin, Dial.,
P.G., VI, 144, 195; St. Iren., adv. haer., IV, xxxiii, 11.
[8]
Cf. the principal Catholic commentaries on Micheas; also Maas, "Christ in
Type and Prophecy,
[9]
P.G., XXV, col. 205; XXVI, 12 76
[10]
In Jer., P.L., XXIV, 880
[11]
cf. Scholz, Kommentar zum Propheten Jeremias, Würzburg, 1880; Knabenbauer, Das
Buch Jeremias, des Propheten Klagelieder, und das Buch Baruch, Vienna, 1903;
Conamin, Le texte de Jeremie, xxxi, 22, est-il messianique? in Revue biblique,
1897, 393-404; Maas, Christ in Type and Prophecy,
[12]
cf. St. Ambrose, de Spirit. Sanct., I, 8-9, P.L., XVI, 705; St. Jerome, Epist.,
cviii, 10; P.L., XXII, 886.
[13]
cf. Gietmann, In Eccles. et Cant. cant.,
[14]
cf. Bull "Ineffabilis", fourth Lesson of the Office for 10 Dec..
[15]
Response of seventh Nocturn in the Office of the Immaculate Conception.
[16]
cf. St. Justin, dial. c. Tryph., 100; P.G., VI, 709-711; St. Iren., adv. haer.,
III, 22; V, 19; P.G., VII, 958, 1175; Tert., de carne Christi, 17; P.L., II,
782; St. Cyril., catech., XII, 15; P.G., XXXIII, 741; St. Jerome, ep. XXII ad
Eustoch., 21; P.L., XXII, 408; St. Augustine, de agone Christi, 22; P.L., XL,
303; Terrien, La Mère de Dien et la mère des hommes, Paris, 1902, I, 120-121;
II, 117-118; III, pp. 8-13; Newman, Anglican Difficulties, London, 1885, II,
pp. 26 sqq.; Lecanu, Histoire de la Sainte Vierge, Paris, 1860, pp. 51-82.
Que la
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