La Palabra Binaria
Publicación diaria para la Iglesia Católica
Lunes de la
tercera
3ª del tiempo
ordinario
Santo Tomás
de Aquino
Tiene un espíritu inmundo
2 Samuel
5,1-7.10
1 Todas las tribus de Israel fueron a Hebrón
a decir a David: «Mira, somos hueso de tus huesos y carne de tu carne. 2 Ya antes, cuando todavía reinaba Saúl, eras tú el que
mandaba el ejército de Israel. El Señor te había dicho: Tú apacentarás a mi
pueblo Israel, serás el jefe de mi pueblo Israel». 3 Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey;
el rey David hizo con ellos un pacto ante el Señor, y ungieron a David como rey
de Israel. 4 David tenía treinta años cuando subió al
trono, y reinó cuarenta años. 5 En
Hebrón reinó sobre Judá siete años y seis meses; en Jerusalén reinó treinta y
tres años sobre todo Israel y Judá. 6 El
rey y sus hombres marcharon sobre Jerusalén contra los jebuseos, que habitaban
la región. Éstos dijeron a David: «No entrarás aquí; los ciegos y los cojos te rechazarán».
Como diciendo: «David no entrará aquí». 7 Pero
David se apoderó de la fortaleza de Sión, llamada luego la ciudad de David.
10 David iba fortaleciéndose de día en día, y
el Señor, Dios todopoderoso, estaba con él.
Salmo 88,20-22.25-26
20 Antaño apareciste y hablaste así a tus
fieles:
«He prestado
mi ayuda a un valiente,
he exaltado a
un elegido de mi pueblo;
21 he encontrado a mi siervo David,
y lo he
consagrado con el óleo santo;
y mi brazo lo
hará poderoso;
en mi nombre
aumentará su fuerza;
26 extenderé su mano hasta el Mediterráneo
y su derecha
hasta el Éufrates.
Marcos
3,22-30
22 Los maestros de la ley, que habían venido
de Jerusalén, decían: «¡Tiene a Belcebú!»; y también: «¡Echa a los demonios con
el poder del príncipe de los demonios!». 23
Jesús entonces los llamó y les dijo en parábolas: 24 «¿Cómo puede ser que Satanás eche a Satanás? Si un reino
está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. 25 Y si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no
puede subsistir. 26 Si Satanás se alza contra sí mismo, está
dividido y no puede subsistir; toca a su fin. 27
Por otra parte, nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y arrebatarle
sus cosas si antes no lo ata; sólo así podrá saquear su casa». 28 «Os aseguro que a los hombres se les perdonarán todos los
pecados y blasfemias que digan; 29 pero
quien blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás y cargará con su
pecado eternamente». 30 Y es que los maestros de la ley decían:
«Tiene un espíritu inmundo».
“Un
reino dividido no puede subsistir” Si una persona está haciendo dos cosas
está dividida. Esto porque si se tienen dos pensamientos y se desea concluir
cada uno al mismo tiempo se crearía un problema serio.
He visto esta
división en muchos lugares. Veamos un partido de fútbol: si el portero hace lo
que le da la gana, no ganarán; si los delanteros van por su lado, la defensa está
cansada y el director técnico está enojado con todos, ese equipo es un
verdadero desastre.
Pasa lo mismo
en la vida interior. El hombre que está continuamente dividido, pensando en sí
mismo, diciendo una cosa y haciendo otra, es un verdadero desastre. No se puede
vivir feliz así.
La felicidad
en la vida se encuentra en Jesucristo, y en hacer siempre aquello que él quiere
de cada uno de nosotros. Por lo tanto hay que ser hombres de una sola pieza
para no destruirnos al igual que el reino dividido.
Santo Tomás de
Aquino
Nació hacia el
año 1225, de la familia de los condes de Aquino. Estudió primero en el
monasterio de Montecassino, luego en Nápoles.
A los 18 años,
contra la voluntad del padre y hasta perseguido por los hermanos que querían
secuestrarlo, ingresó en la Orden de Predicadores, y completó su formación en
Colonia donde tuvo por Maestro a San Alberto Magno, y después en París.
Mientras estudiaba en esta ciudad se convirtió de estudiante en profesor de
filosofía y teología. Después enseñó en Orvieto, Roma y Nápoles.
Suave y
silencioso (en París lo apodaron “el buey mudo”), gordo,
contemplativo y devoto, respetuoso de todos y por todos amado, Tomás era ante
todo un intelectual. Continuamente dedicado a los estudios hasta el punto de
perder fácilmente la noción del tiempo y del lugar: durante una travesía por el
mar, ni siquiera se dio cuenta de la terrible borrasca y el fuerte movimiento
de la nave por el choque de las olas, tan embebido estaba en la lectura. Pero
no eran lecturas estériles ni fin en sí mismas. Su lema, “contemplata
aliis tradere”, o sea, hacer partícipes a los demás de lo que él
reflexionaba, se convirtió en una mole de libros que es algo prodigioso, más si
se tiene en cuenta que murió a los 48 años.
En efecto,
murió en la madrugada del 7 de marzo de 1274, en el monasterio cisterciense de
Fossanova, mientras se dirigía al concilio de Lyon, convocado por el B.
Gregorio X. Su obra más famosa es la Summa theologiae, de estilo sencillo y
preciso, de una claridad cristiana, con una capacidad extraordinaria de
síntesis. Cuando Juan XXII lo canonizó, en 1323, y algunos objetaban que Tomás
no había realizado grandes prodigios ni en vida ni después de muerto, el Papa
contestó con una famosa frase: “Cuantas proposiciones teológicas
escribió, tantos milagros realizó”.
El primado de
la inteligencia, la clave de toda la obra teológica y filosófica del Doctor
Angélico (como se lo llamó después del siglo XV), no era un intelectualismo
abstracto, fin en sí mismo. La inteligencia estaba condicionada por el amor y
condicionaba al amor. “Luz intelectual llena de amor—amor de lo
verdadero pleno de alegría...”—cantó Dante, que tradujo en poesía
el concepto tomístico de inteligencia-bienaventuranza.
El pensamiento
de Santo Tomás ha sido durante siglos la base de los estudios filosóficos y
teológicos de los seminaristas, y gracias a León XIII y a Jacques Maritain ha
vuelto a florecer en nuestros tiempos. Y tal vez particularmente actuales, más
que las grandes Summae, son precisamente los Opúsculos teológico-pastorales y
los Opúsculos espirituales.
Mariología XIV
La Asunción
de la Santísima Virgen a los Cielos.
¿Qué
significa que la Virgen es Asunta? ¿Es eso posible?
De la
constitución apostólica Munificentíssimus Deus del Papa Pío XII
Con esta
constitución apostólica, el Papa Pío XII proclamó el dogma de la Asunción el
1ro de Noviembre de 1950.
Tu cuerpo es
santo y sobremanera glorioso.
Los santos
Padres y grandes doctores, en las homilías y disertaciones dirigidas al pueblo
en la fiesta de la Asunción de la Madre de Dios, hablan de este hecho como de
algo ya conocido y aceptado por los fieles y -lo explican con toda precisión,
procurando, sobre todo, hacerles comprender que lo que se conmemora en esta
festividad es, no sólo el hecho de que el cuerpo sin vida de la Virgen María no
estuvo sujeto a la corrupción, sino también su triunfo sobre la muerte y su
glorificación, a imitación de su Hijo único, Jesucristo.
Y, así, san
Juan Damasceno, el más ilustre transmisor de esta tradición, comparando la
asunción de la santa Madre de Dios con sus demás dotes y privilegios, afirma,
con elocuencia vehemente:
"Convenía
que aquella que en el parto había conservado intacta su virginidad conservara
su cuerpo también después de la muerte libre de la corruptibilidad. Convenía
que aquella que había llevado al Creador como un niño en su seno tuviera
después su mansión en el cielo. Convenía que la esposa que el Padre había
desposado habitara en el tálamo celestial. Convenía que aquella que había visto
a su hijo en la cruz y cuya alma había sido atravesada por la espada del dolor,
del que se había visto libre en el momento del parto, lo contemplara sentado a
la derecha del Padre. Convenía que la Madre de Dios poseyera lo mismo que su
Hijo y que fuera venerada por toda criatura como Madre y esclava de Dios."
Según el
punto de vista de san Germán de Constantinopla, el cuerpo de la Virgen María,
la Madre de Dios, se mantuvo incorrupto y fue llevado al cielo, porque así lo
pedía no sólo el hecho de su maternidad divina, sino también la peculiar
santidad de su cuerpo virginal:
"Tú,
según está escrito, te muestras con belleza; y tu cuerpo virginal es todo él
santo, todo él casto, todo él morada de Dios, todo lo cual hace que esté exento
de disolverse y convertirse en polvo, y que, sin perder su condición humana,
sea transformado en cuerpo celestial e incorruptible, lleno de vida y
sobremanera glorioso, incólume y participe de la vida perfecta."
Otro
antiquísimo escritor afirma:
"La
gloriosísima Madre de Cristo, nuestro Dios y salvador, dador de la vida y de la
inmortalidad, por él es vivificada, con un cuerpo semejante al suyo en la
incorruptibilidad, ya que él la hizo salir del sepulcro y la elevó hacia si
mismo, del modo que él solo conoce."
Todos estos
argumentos y consideraciones de los santos Padres se apoyan, como en su último
fundamento, en la sagrada Escritura; ella, en efecto, nos hace ver a la santa
Madre de Dios unida estrechamente a su Hijo divino y solidaria siempre de su
destino.
Y, sobre
todo, hay que tener en cuenta que, ya desde el siglo segundo, los santos Padres
presentan a la Virgen María como la nueva Eva asociada al nuevo Adán,
íntimamente unida a él, aunque de modo subordinado, en la lucha contra el
enemigo infernal, lucha que, como se anuncia en el protoevangelio, había de
desembocar en una victoria absoluta sobre el pecado y la muerte, dos realidades
inseparables en los escritos del Apóstol de los gentiles. Por lo cual, así como
la gloriosa resurrección de Cristo fue la parte esencial y el ú1timo trofeo de
esta victoria, así también la participación que tuvo la santísima Virgen en
esta lucha de su Hijo había de concluir con la glorificación de su cuerpo
virginal, ya que, como dice el mismo Apóstol: Cuando esto mortal se vista de
inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: "La muerte ha sido
absorbida en la victoria."
Por todo
ello, la augusta Madre de Dios, unida a Jesucristo de modo arcano, desde toda
la eternidad, por un mismo y único decreto de predestinación, inmaculada en su
concepción, asociada generosamente a la obra del divino Redentor, que obtuvo un
pleno triunfo sobre el pecado y sus consecuencias, alcanzó finalmente, como
suprema coronación de todos sus privilegios, el ser preservada inmune de la
corrupción del sepulcro y, a imitación de su Hijo, vencida la muerte, ser
llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial, para resplandecer allí como
reina a la derecha de su Hijo, el rey inmortal de los siglos.
La Asunción
de María.
Audiencia
General del Santo Padre Juan Pablo II: del 9 de julio de 1997.
La tradición
de la Iglesia muestra que este misterio "forma parte del plan divino, y
está enraizado en la singular participación de María en la misión de su
Hijo".
"La
misma tradición eclesial ve en la maternidad divina la razón fundamental de la
Asunción. (...) Se puede afirmar, por tanto, que la maternidad divina, que hizo
del cuerpo de María la residencia inmaculada del Señor, funda su destino
glorioso".
Juan Pablo II
destacó que "según algunos Padres de la Iglesia, otro argumento que
fundamenta el privilegio de la Asunción se deduce de la participación de María
en la obra de la Redención".
"El
Concilio Vaticano II, recordando el misterio de la Asunción en la Constitución
Dogmática sobre la Iglesia (Lumen Gentium), hace hincapié en el privilegio de la
Inmaculada Concepción: precisamente porque ha sido ´preservada libre de toda
mancha de pecado original´, María no podía permanecer, como los otros hombres,
en el estado de muerte hasta el fin del mundo. La ausencia de pecado original y
la santidad, perfecta desde el primer momento de su existencia, exigían para la
Madre de Dios la plena glorificación de su alma y de su cuerpo".
El Papa
señaló que "en la Asunción de la Virgen podemos ver también la voluntad
divina de promover a la mujer. De manera análoga con lo que había sucedido en
el origen del género humano y de la historia de la salvación, en el proyecto de
Dios el ideal escatológico debía revelarse no en un individuo, sino en una
pareja. Por eso, en la gloria celeste, junto a Cristo resucitado hay una mujer
resucitada, María: el nuevo Adán y la nueva Eva".
Para
concluir, el Papa aseguró que "ante las profanaciones y el envilecimiento
al que la sociedad moderna somete a menudo al cuerpo, especialmente al
femenino, el misterio de la Asunción proclama el destino sobrenatural y la
dignidad de todo cuerpo humano".
Adaptado de:
Vatican Information Services VIS 970709 (350)
Dogma.
Los dogmas
marianos, hasta ahora, son cuatro: María, Madre de Dios; La Virginidad Perpetua
de María, La Inmaculada Concepción y la Asunción de María.
El Papa Pío
XII bajo la inspiración del Espíritu Santo, y después de consultar con todos
los obispos de la Iglesia Católica, y de escuchar el sentir de los fieles, el
primero de Nov. de 1950, definió solemnemente con su suprema autoridad
apostólica, el dogma de la Asunción de María. Este fue promulgado en la
Constitución "Munificentissimus Deus":
"Después
de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de
la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su
peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y
vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta
Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro
Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la
nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado
que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de
su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo".
¿Cual es el
fundamento para este dogma? El Papa Pío XII presentó varias razones
fundamentales para la definición del dogma:
La inmunidad
de María de todo pecado: La descomposición del cuerpo es consecuencia del
pecado, y como María, careció de todo pecado, entonces Ella estaba libre de la
ley universal de la corrupción, pudiendo entonces, entrar prontamente, en
cuerpo y alma, en la gloria del cielo.
Su Maternidad
Divina: Como el cuerpo de Cristo se había formado del cuerpo de María, era
conveniente que el cuerpo de María participara de la suerte del cuerpo de
Cristo. Ella concibió a Jesús, le dio a luz, le nutrió, le cuido, le estrecho
contra su pecho. No podemos imaginar que Jesús permitiría que el cuerpo, que le
dio vida, llegase a la corrupción.
Su Virginidad
Perpetua: como su cuerpo fue preservado en integridad virginal, (toda para
Jesús y siendo un tabernáculo viviente) era conveniente que después de la
muerte no sufriera la corrupción.
Su
participación en la obra redentora de Cristo: María, la Madre del Redentor, por
su íntima participación en la obra redentora de su Hijo, después de consumado
el curso de su vida sobre la tierra, recibió el fruto pleno de la redención,
que es la glorificación del cuerpo y del alma.
La Asunción
es la victoria de Dios confirmada en María y asegurada para nosotros. La
Asunción es una señal y promesa de la gloria que nos espera cuando en el fin
del mundo nuestros cuerpos resuciten y sean reunidos con nuestras almas.
Que la
gracia y la bendición del Padre se derrame sobre todos nosotros
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