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Miércoles 6 de febrero de 2008. La Palabra Binaria.   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #1783 de 2022 |

La Palabra Binaria

Publicación diaria para la Iglesia Católica

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Miércoles de la Cuarta

De Ceniza


Miércoles de Ceniza


y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará


 

Joel  2,12-18

 

12 Y ahora -dice el Señor- volved a mí

de todo corazón con ayunos, llantos y lamentos;

13 desgarrad vuestro corazón, no vuestros vestidos;

volved al Señor, vuestro Dios,

porque él es clemente y misericordioso,

lento a la ira, lleno de lealtad y no le gusta hacer daño.

14 ¡Quién sabe si cambiará de idea

y dejará tras de sí una bendición,

ofrendas para el Señor, vuestro Dios!

15 ¡Tocad la trompeta en Sión,

proclamad un ayuno sagrado, convocad una asamblea,

16 reunid al pueblo, congregad a la comunidad,

juntad a los ancianos,

traed también a los pequeños y a los niños de pecho!

Deje el esposo su alcoba y la esposa su tálamo.

17 Que entre el vestíbulo y el altar

lloren los sacerdotes, ministros del Señor,

y digan: «Perdona a tu pueblo, Señor,

y no entregues tu heredad al oprobio, a la burla de las

gentes.

¿Por qué se ha de decir entre los pueblos: Dónde está su

Dios?».

18 El Señor se mostró celoso de su tierra

y perdonó a su pueblo.

 

Salmo 50,3-6.12-14.17

 

3 Ten compasión de mí, oh Dios, por tu misericordia,

por tu inmensa ternura borra mi iniquidad.

4 Lávame más y más de mi delito y purifícame de mi

pecado.

5 Reconozco mi iniquidad, tengo siempre delante mi

pecado.

6 Contra ti, contra ti solo pequé

y he hecho lo que tú no puedes ver.

Por eso tu sentencia es justa

y eres recto en el juicio.

12 Oh Dios, crea en mí un corazón puro,

implanta en mis entrañas un espíritu nuevo;

13 no me rechaces lejos de tu rostro,

no retires de mí tu santo espíritu;

14 dame la alegría de tu salvación

y que el espíritu generoso me mantenga firme.

17 Señor, abre mis labios,

y mi boca anunciará tu alabanza.

 

2 Corintios 5,20-6,2

 

20 Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortase por nosotros. En nombre de Cristo os rogamos: reconciliaos con Dios. 21 Al que no conoció pecado, le hizo pecado en lugar nuestro, para que nosotros seamos en él justicia de Dios.

 

1 Siendo, pues, colaboradores, os exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios. 2 Porque él dice: En el tiempo propicio te escuché y en el día de la salvación te ayudé. Ahora es el tiempo propicio, ahora es el día de la salvación. 

 

Mateo 6,1-6.16-18

 

1 «Guardaos de practicar vuestra justicia delante de los hombres para que os vean; de otro modo, no tendréis mérito delante de vuestro Padre celestial». 2 «Por tanto, cuando des limosna, no toques la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que los hombres los alaben. Os aseguro que ya recibieron su recompensa. 3 Tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, 4 para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará». 5 «Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, que prefieren rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que los vea todo el mundo. Os aseguro que ya recibieron su recompensa. 6 Tú, cuando reces, entra en tu habitación, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está presente en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.  

 

16 «Cuando ayunéis, no estéis tristes como los hipócritas, que desfiguran su rostro para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya recibieron su recompensa. 17 Tú, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lávate la cara, 18 para que los hombres no se den cuenta de que ayunas, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».

 


 

Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2008

 

Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2008, "Nuestro Señor Jesucristo, siendo rico, por vosotros se hizo pobre"

 

¡Queridos hermanos y hermanas!

 

1. Cada año, la Cuaresma nos ofrece una ocasión providencial para profundizar en el sentido y el valor de ser cristianos, y nos estimula a descubrir de nuevo la misericordia de Dios para que también nosotros lleguemos a ser más misericordiosos con nuestros hermanos. En el tiempo cuaresmal la Iglesia se preocupa de proponer algunos compromisos específicos que acompañen concretamente a los fieles en este proceso de renovación interior: son la oración, el ayuno y la limosna. Este año, en mi acostumbrado Mensaje cuaresmal, deseo detenerme a reflexionar sobre la práctica de la limosna, que representa una manera concreta de ayudar a los necesitados y, al mismo tiempo, un ejercicio ascético para liberarse del apego a los bienes terrenales. Cuán fuerte es la seducción de las riquezas materiales y cuán tajante tiene que ser nuestra decisión de no idolatrarlas, lo afirma Jesús de manera perentoria: «No podéis servir a Dios y al dinero» (Lc 16,13).

 

La limosna nos ayuda a vencer esta constante tentación, educándonos a socorrer al prójimo en sus necesidades y a compartir con los demás lo que poseemos por bondad divina. Las colectas especiales en favor de los pobres, que en Cuaresma se realizan en muchas partes del mundo, tienen esta finalidad. De este modo, a la purificación interior se añade un gesto de comunión eclesial, al igual que sucedía en la Iglesia primitiva. San Pablo habla de ello en sus cartas acerca de la colecta en favor de la comunidad de Jerusalén (cf. 2Cor 8,9; Rm 15,25-27 ).

 

2. Según las enseñanzas evangélicas, no somos propietarios de los bienes que poseemos, sino administradores: por tanto, no debemos considerarlos una propiedad exclusiva, sino medios a través de los cuales el Señor nos llama, a cada uno de nosotros, a ser un medio de su providencia hacia el prójimo. Como recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, los bienes materiales tienen un valor social, según el principio de su destino universal (cf. nº 2404).

 

En el Evangelio es clara la amonestación de Jesús hacia los que poseen las riquezas terrenas y las utilizan solo para sí mismos. Frente a la muchedumbre que, carente de todo, sufre el hambre, adquieren el tono de un fuerte reproche las palabras de San Juan: «Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?» (1Jn 3,17). La llamada a compartir los bienes resuena con mayor elocuencia en los países en los que la mayoría de la población es cristiana, puesto que su responsabilidad frente a la multitud que sufre en la indigencia y en el abandono es aún más grave. Socorrer a los necesitados es un deber de justicia aun antes que un acto de caridad.

 

3. El Evangelio indica una característica típica de la limosna cristiana: tiene que ser en secreto. «Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha», dice Jesús, «así tu limosna quedará en secreto» (Mt 6,3-4). Y poco antes había afirmado que no hay que alardear de las propias buenas acciones, para no correr el riesgo de quedarse sin la recompensa de los cielos (cf. Mt 6,1-2). La preocupación del discípulo es que todo vaya a mayor gloria de Dios. Jesús nos enseña: «Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestra buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5,16). Por tanto, hay que hacerlo todo para la gloria de Dios y no para la nuestra. Queridos hermanos y hermanas, que esta conciencia acompañe cada gesto de ayuda al prójimo, evitando que se transforme en una manera de llamar la atención. Si al cumplir una buena acción no tenemos como finalidad la gloria de Dios y el verdadero bien de nuestros hermanos, sino que más bien aspiramos a satisfacer un interés personal o simplemente a obtener la aprobación de los demás, nos situamos fuera de la óptica evangélica. En la sociedad moderna de la imagen hay que estar muy atentos, ya que esta tentación se plantea continuamente. La limosna evangélica no es simple filantropía: es más bien una expresión concreta de la caridad, la virtud teologal que exige la conversión interior al amor de Dios y de los hermanos, a imitación de Jesucristo, que muriendo en la cruz se entregó a sí mismo por nosotros. ¿Cómo no dar gracias a Dios por tantas personas que en el silencio, lejos de los reflectores de la sociedad mediática, llevan a cabo con este espíritu acciones generosas de sostén al prójimo necesitado? Sirve de bien poco dar los propios bienes a los demás si el corazón se hincha de vanagloria por ello. Por este motivo, quien sabe que «Dios ve en el secreto» y en el secreto recompensará no busca un reconocimiento humano por las obras de misericordia que realiza.

 

4. Invitándonos a considerar la limosna con una mirada más profunda, que trascienda la dimensión puramente material, la Escritura nos enseña que hay mayor felicidad en dar que en recibir (Hch 20,35). Cuando actuamos con amor expresamos la verdad de nuestro ser: en efecto, no hemos sido creados para nosotros mismos, sino para Dios y para los hermanos (cf. 2Cor 5,15). Cada vez que por amor de Dios compartimos nuestros bienes con el prójimo necesitado experimentamos que la plenitud de vida viene del amor y lo recuperamos todo como bendición en forma de paz, de satisfacción interior y de alegría. El Padre celestial recompensa nuestras limosnas con su alegría. Y hay más: San Pedro cita entre los frutos espirituales de la limosna el perdón de los pecados. «La caridad -escribe- cubre multitud de pecados» (1P 4,8). Como a menudo repite la liturgia cuaresmal, Dios nos ofrece, a los pecadores, la posibilidad de ser perdonados. El hecho de compartir con los pobres lo que poseemos nos dispone a recibir ese don. En este momento pienso en los que sienten el peso del mal que han hecho y, precisamente por eso, se sienten lejos de Dios, temerosos y casi incapaces de recurrir a él. La limosna, acercándonos a los demás, nos acerca a Dios y puede convertirse en un instrumento de auténtica conversión y reconciliación con él y con los hermanos.

 

5. La limosna educa a la generosidad del amor. San José Benito Cottolengo solía recomendar: «Nunca contéis las monedas que dais, porque yo digo siempre: si cuando damos limosna la mano izquierda no tiene que saber lo que hace la derecha, tampoco la derecha tiene que saberlo» (Detti e pensieri, Edilibri, n. 201). Al respecto es significativo el episodio evangélico de la viuda que, en su miseria, echa en el tesoro del templo «todo lo que tenía para vivir» (Mc 12,44). Su pequeña e insignificante moneda se convierte en un símbolo elocuente: esta viuda no da a Dios lo que le sobra, no da lo que posee sino lo que es. Toda su persona.

 

Este episodio conmovedor se encuentra dentro de la descripción de los días inmediatamente precedentes a la pasión y muerte de Jesús, el cual, como señala San Pablo, se ha hecho pobre a fin de enriquecernos con su pobreza (cf. 2Cor 8,9); se ha entregado a sí mismo por nosotros. La Cuaresma nos empuja a seguir su ejemplo, también a través de la práctica de la limosna. Siguiendo sus enseñanzas podemos aprender a hacer de nuestra vida un don total; imitándole conseguimos estar dispuestos a dar, no tanto algo de lo que poseemos, sino a darnos a nosotros mismos. ¿Acaso no se resume todo el Evangelio en el único mandamiento de la caridad? Por tanto, la práctica cuaresmal de la limosna se convierte en un medio para profundizar nuestra vocación cristiana. El cristiano, cuando gratuitamente se ofrece a sí mismo, da testimonio de que no es la riqueza material la que dicta las leyes de la existencia, sino el amor. Por tanto, lo que da valor a la limosna es el amor, que inspira formas distintas de don, según las posibilidades y las condiciones de cada uno.

 

6. Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma nos invita a «entrenarnos» espiritualmente, también mediante la práctica de la limosna, para crecer en la caridad y reconocer en los pobres a Cristo mismo. Los Hechos de los Apóstoles cuentan que el Apóstol San Pedro dijo al hombre tullido que le pidió una limosna en la entrada del templo: «No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, te lo doy: en nombre de Jesucristo, el Nazareno, echa a andar» (Hch 3,6). Con la limosna regalamos algo material, signo del don más grande que podemos ofrecer a los demás con el anuncio y el testimonio de Cristo, en cuyo nombre está la vida verdadera. Por tanto, que este tiempo esté caracterizado por un esfuerzo personal y comunitario de adhesión a Cristo para ser testigos de su amor. María, Madre y Sierva fiel del Señor, ayude a los creyentes a llevar adelante la «batalla espiritual» de la Cuaresma armados con la oración, el ayuno y la práctica de la limosna, para llegar a las celebraciones de las fiestas de Pascua renovados en el espíritu. Con este deseo, os imparto a todos una especial Bendición Apostólica.

 

BENEDICTUS PP. XVI

 


 

Miércoles de Ceniza: el inicio de la Cuaresma

 

La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo

 

La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.

 

Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son:

 

  • “Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”
  • “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás"
  • “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

 

Origen de la costumbre

 

Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.

 

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse.

 

En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.

 

Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos de año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada. También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno.

 

La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo. Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.

 

Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños y a los adultos.

 

Significado del carnaval al inicio de la Cuaresma

 

La palabra carnaval significa adiós a la carne y su origen se remonta a los tiempos antiguos en los que por falta de métodos de refrigeración adecuados, los cristianos tenían la necesidad de acabar, antes de que empezara la Cuaresma, con todos los productos que no se podían consumir durante ese período (no sólo carne, sino también leche, huevo, etc.)

 

Con este pretexto, en muchas localidades se organizaban el martes anterior al miércoles de ceniza, fiestas populares llamadas carnavales en los que se consumían todos los productos que se podrían echar a perder durante la cuaresma.

 

Muy pronto empezó a degenerar el sentido del carnaval, convirtiéndose en un pretexto para organizar grandes comilonas y para realizar también todos los actos de los cuales se "arrepentirían" durante la cuaresma, enmarcados por una serie de festejos y desfiles en los que se exaltan los placeres de la carne de forma exagerada, tal como sigue sucediendo en la actualidad en los carnavales de algunas ciudades, como en Río de Janeiro o Nuevo Orleans.

 

El ayuno y la abstinencia

 

El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.

 

La oración

 

La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.

 

Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:

 

La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.

 

La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.

 

La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.

 

El sacrificio

 

Al hacer sacrificios (cuyo significado es "hacer sagradas las cosas"), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar. “Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino Tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará. “ (Mt 6,6)”

 

Conclusión

 

Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección.

 

Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar como es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.

 

En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación (también llamado confesión), que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente.

 

Está Reconciliación con Dios está integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente la Conversión.

 

El arrepentimiento debe ser sincero, reconocer que las faltas que hemos cometido (como decimos en el Credo: en pensamiento, palabra, obra y omisión), no las debimos realizar y que tenemos el firme propósito de no volverlas a cometer.

 

La confesión de nuestros pecados.- el arrepentimiento de nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados expresada por el sacerdote en la confesión.

 

La penitencia que debemos cumplir empieza desde luego por la que nos imponga el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación, pero debemos continuar con la oración, que es la comunicación íntima con Dios, con el ayuno, que además del que manda la Iglesia en determinados días, es la renuncia voluntaria a diferentes satisfactores con la intención de agradar a Dios y con la caridad hacia el prójimo.

 

Y finalmente la Conversión que como hemos dicho es ir hacia delante, es el seguimiento a Jesús.

 

Es un tiempo de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño. Pero debemos perdonar antes y sin necesidad de que nadie nos pida perdón, recordemos como decimos en el Padre Nuestro, muchas veces repitiéndolo sin meditar en su significado, que debemos pedir perdón a nuestro Padre, pero antes tenemos que haber perdonado sinceramente a los demás.

 

Y terminemos recorriendo al revés nuestra frase inicial, diciendo que debemos escuchar y leer el Evangelio, meditarlo y Creer en él y con ello Convertir nuestra vida, siguiendo las palabras del Evangelio y evangelizando, es decir transmitiendo su mensaje con nuestras acciones y nuestras palabras.

 


Mariología XVI

María Corredentora: Respuesta a 7 Objeciones Comunes. 2/7

 

El Doctor Miravalle es Profesor de teología y mariología de la Universidad Franciscana de Steubenville y Presidente del movimiento internacional católico, Vox Populi Mariae Mediatrici. Es autor y editor de varios libros y antologías en mariología.

 

2ª Objeción: Nombrar a la Santísima Virgen María como "Corredentora," va en contra del propio ecumenismo cristiano, ya que conduce a la división entre los católicos y demás cristianos.

 

Se puede decir que la objeción que más comúnmente se plantea para utilizar el título de Corredentora (no se diga la posible definición doctrinal), se debe a la oposición que se percibe por el ecumenismo cristiano. Por lo tanto, debemos comenzar definiendo de manera precisa el auténtico ecumenismo cristiano, así como la actividad propia correspondiente conforme lo ha entendido la Iglesia Católica.

 

En el documento papal sobre el ecumenismo, Ut Unum Sint, ("que todos sean uno"), el Papa Juan Pablo II define el auténtico ecumenismo cristiano como la oración "del alma" y el diálogo "del cuerpo" que trabajan con miras a una meta final, la verdadera y perdurable unión cristiana. Al mismo tiempo, la exhortación católica de promover y esforzarse por establecer la unidad de los cristianos, no permite, en modo alguno, la reducción o desleimiento de las enseñanzas doctrinales católicas, ya que esto conllevaría una falta de integridad católica y con frecuencia conduciría a conclusiones erróneas en el diálogo con otros cristianos no católicos, en lo que se refiere a las verdades que la Iglesia Católica tiene como ciertas.

 

Así, el concilio Vaticano II es muy claro en su enseñanza relacionada con el diálogo ecuménico: "La doctrina expóngase en su integridad. Nada es tan contrario al espíritu del ecumenismo como el falso acercamiento de reconciliación que daña la pureza de la doctrina católica y obscurece su verdadero y genuino significado."

 

Juan Pablo II añade: "En relación al estudio de las divergencias, el concilio pide que se presente toda la doctrina con claridad. Al mismo tiempo, exige que el modo y el método de anunciar la fe católica no sea un obstáculo para el diálogo con nuestros hermanos y hermanas...La plena comunión deberá realizarse en la aceptación de toda la verdad, en la que el Espíritu Santo introduce a los discípulos de Cristo. Por tanto, debe evitarse absolutamente toda forma de reduccionismo o de fácil ´estar de acuerdo´

 

Por lo tanto, un correcto entendimiento del ecumenismo desde la perspectiva católica, es la exhortación que hace la Iglesia de orar, dialogar y trabajar juntos en la caridad y en la verdad, buscando la verdadera unidad cristiana entre todos los hermanos y hermanas en Cristo, pero sin comprometer la plena presentación de la enseñanza doctrinal de la Iglesia. El Papa actual, quien de manera personal se ha dedicado a buscar la auténtica unidad cristiana, afirma nuevamente: "La unidad querida por Dios, sólo se puede realizar en la adhesión común al contenido íntegro de la fe revelada. En materia de fe, una solución de compromiso está en contradicción con Dios que es la Verdad. En el Cuerpo de Cristo que es ´camino, verdad y vida´ (Jn. 14:6), ¿quién consideraría legítima una reconciliación lograda a costa de la verdad?".

 

Apliquemos ahora este entendimiento sobre el ecumenismo al asunto de María como Corredentora. El título Corredentora aplicado a María ha sido utilizado en diversas enseñanzas de los papas, y la doctrina de la corredención mariana, como la singular colaboración de María -con y subordinada a Jesucristo- en la redención humana, constituye la incesante enseñanza del concilio Vaticano II:

 

...(ella) se consagró totalmente como esclava del Señor a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con El y bajo El, con la gracia de Dios omnipotente. Con razón, pues, piensan los Santos Padres que María no fue un instrumento puramente pasivo, en las manos de Dios, sino que cooperó a la salvación de los hombres con fe y obediencia libres.

 

Además:

 

Así avanzó también la Santísima Virgen en la peregrinación de la fe, y mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz, junto a la cual, no sin designio divino, se mantuvo erguida, sufriendo profundamente con su Unigénito y asociándose con entrañas de madre a su sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado.

 

Y más adelante:

 

Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando moría en la cruz, cooperó en forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra madre en el orden de la gracia.

 

Por lo tanto, no hay duda de que la corredención mariana constituye la enseñanza doctrinal de la Iglesia Católica, y debe ser presentada como tal en cualquier pronunciamiento verdadero de la enseñanza que incluye, rigurosamente, el dominio de un diálogo ecuménico verdadero.

 

De ahí que argumentar que el título y la doctrina de María Corredentora es de cualquier forma contrario a la misión ecuménica de la Iglesia es, fundamentalmente, mal entender la misión ecuménica de la propia Iglesia. La doctrina católica en su totalidad, que incluye la doctrina de la corredención mariana, debe ser incluida para poder alcanzar un verdadero diálogo que busque la unidad cristiana. Además, abstenerse intencionalmente de incluir a María Corredentora en todos los diálogos ecuménicos y en la misión ecuménica de la Iglesia en su conjunto, sería una falta de integridad y justicia por parte del católico ecumenista hacia los cristianos no católicos quienes, presumiblemente de su parte, han llevado a la mesa del diálogo la enseñanza en detalle de su particular representación eclesiástica. Revisemos nuevamente la exhortación que Juan Pablo II hace a los cristianos: "En el Cuerpo de Cristo que es ´camino, verdad y vida´ (Jn. 14:6), ¿quién consideraría legítima una reconciliación lograda a costa de la verdad?."

 

De hecho, si la doctrina de la Corredentora constituye al presente una fuente de confusión para algunos cristianos, y que a otros les parece representa una imagen de diosa u otros conceptos excesivos marianos, sería entonces mayormente apropiado que se ofreciera una clara articulación de esta doctrina mariana, a los hermanos y hermanas cristianos en el diálogo ecuménico. En esto radica el benéfico potencial que tendría una definición formal del Papa, que proporcionase la mayor claridad posible por parte de la más alta autoridad Católica. En palabras del extinto cardenal Juan O´Connor de Nueva York: "Es claro que una definición formal del Papa sería pronunciada en una terminología de tal modo precisa, que otros cristianos dejarían de estar ansiosos porque no sabemos distinguir adecuadamente entre la singular asociación de María con Cristo, y el poder redentor que ejercitó Cristo por sí mismo."

 

Propiamente entendida como Madre espiritual de todos los pueblos, consecuencia de su corredención, María puede ser reconocida propiamente como la principal intercesora de la unidad cristiana entre los hermanos y hermanas cristianos, en lugar de verla como su principal obstáculo. El pastor luterano, Rev. Dr. Charles Dickson, hace un llamado a la cristiandad protestante a que se vuelva a examinar la positiva defensa y devoción marianas que tuvieron muchos de sus fundadores y que se encuentra bien documentada, tal como se manifiesta, por ejemplo, en las palabras de Martín Lutero en su Comentario sobre el Magnificat: "Que la tierna Madre de Dios me procure por sí misma, el espíritu de sabiduría, provechosa y abundantemente, para poder expandir su canción...Que Cristo nos conceda recto entendimiento...por medio de la intercesión de su querida Madre María...". Lutero continúa, nombrando a María el "taller de Dios," la "Reina del Cielo," y declara: "La Virgen María significa decir simplemente que su alabanza será proclamada de una generación a la otra, de tal manera que nunca dejará de ser alabada.".

 

En relación a la universalidad de la maternidad espiritual de María como instrumento de la unidad cristiana, el Dr. Dickson comenta adicionalmente:

 

En nuestro época, nos seguimos enfrentando a las trágicas divisiones que existen entre los cristianos del mundo. Sin embargo, estando a punto de comenzar una nueva y brillante era ecuménica, María viene a ser, más aún, el modelo de catolicidad y universalidad de mayor importancia. A lo largo de los siglos, desde los comienzos de la Iglesia, de la época de María y los Apóstoles, la maternidad de la Iglesia ha sido una sola. Esta maternidad fundamental no puede desaparecer aunque existan divisiones. María, por medio de su maternidad, mantiene la universalidad del rebaño de Cristo. Conforme la comunidad cristiana en su conjunto regrese a ella, las posibilidades de que haya un renacimiento y una reconciliación se ven incrementadas. Por lo tanto, María, la Madre de la Iglesia, es también fuente de reconciliación entre sus hijos dispersos y divididos.

 


Que la gracia y la bendición del Padre se derrame sobre todos nosotros

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