La Palabra Binaria
Publicación diaria para la Iglesia Católica
Viernes de la
tercera
3ª de Pascua
San Estanislao
de Cracovia
¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
Hechos
9,1-20
1 Saulo, por su parte, respirando aún
amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote
2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco,
con el fin de que si encontraba algunos que siguieran este camino, hombres o
mujeres, pudiera llevarlos presos a Jerusalén. 3 En
el camino, cerca ya de Damasco, de repente le envolvió un resplandor del cielo;
4 cayó a tierra y oyó una voz que le decía:
«Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». 5 Él
preguntó: «¿Quién eres, Señor?». Y él: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues. 6 Levántate y entra en la ciudad; allí te dirán lo que debes
hacer». 7 Los que lo acompañaban se quedaron
atónitos, oyendo la voz, pero sin ver a nadie. 8
Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada; lo
llevaron de la mano a Damasco, 9 donde
estuvo tres días sin ver y sin comer ni beber. 10
Había en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor llamó en una
visión: «¡Ananías!». Y él respondió: «Aquí estoy, Señor». 11 El Señor le dijo: «Vete rápidamente a la casa de Judas, en
la calle Recta, y pregunta por un tal Saulo de Tarso, que está allí en oración
12 y ha tenido una visión: un hombre llamado Ananías
entraba y le imponía las manos para devolverle la vista». 13 Ananías respondió: «Señor, he oído a muchos hablar de ese
hombre y decir todo el mal que ha hecho a tus fieles en Jerusalén. 14 Y está aquí con plenos poderes de los sumos sacerdotes para
prender a todos los que te invocan». 15 El
Señor le dijo: «Anda, que éste es un instrumento que he elegido yo para llevar
mi nombre a los paganos, a los reyes y a los israelitas. 16 Yo le mostraré cuánto debe padecer por mí». 17 Ananías partió inmediatamente y entró en la casa, le impuso
las manos y le dijo: «Saulo, hermano mío, vengo de parte de Jesús, el Señor, el
que se te apareció en el camino por el que venías, para que recobres la vista y
quedes lleno del
Espíritu
Santo». 18 En el acto se le cayeron de los ojos como
escamas, y recobró la vista; se levantó y fue bautizado. 19 Comió y recobró fuerzas. Y se quedó unos días con los
discípulos que había en Damasco. 20 Y
en seguida se puso a predicar en las sinagogas proclamando que Jesús es el Hijo
de Dios.
Salmo 116,1-2
1 ¡Aleluya!
Alabad al
Señor, todos los pueblos,
aclamadlo,
todas las naciones,
2 pues su amor por nosotros es muy grande
y su lealtad
dura por siempre.
Juan 6,52-59
52 Los judíos discutían entre ellos: «¿Cómo
puede éste darnos a comer su carne?». 53
Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del hijo del hombre y no bebéis
su sangre no tendréis vida en vosotros. 54 El
que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el
último día. 55 Porque mi carne es verdadera comida y mi
sangre verdadera bebida. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre vive
en mí y yo en él. 57 Como el Padre que me ha enviado vive y yo
vivo por el Padre, así el que me come vivirá por mí. 58 Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el que
comieron los padres, y murieron. El que come este pan vivirá eternamente». 59 Dijo todo esto enseñando en la sinagoga de Cafarnaún.
El amor lleva
a darse. Cuando se trata de un amor como el de Jesús, se llega hasta los
extremos más insospechados, hasta el “invento” de la Eucaristía.
Cristo tiene que marcharse de este mundo pero “inventa” el modo de
quedarse para siempre entre nosotros verdadera, real y substancialmente.
Todos nosotros
hemos tenido alguna vez esa experiencia, tan humana, de una despedida. Y sobre
todo, si se trata de dos personas que se quieren, su deseo sería el de
continuar juntos sin separarse, pero no se puede.
El amor del
hombre, por muy grande que sea es limitado. Pero lo que nosotros no podemos, lo
puede Jesucristo. Él, perfecto Dios y perfecto Hombre, se tiene que ir pero al
mismo tiempo se queda, se perdura, se eterniza en este mundo.
Cristo sabe
que en muchos sagrarios donde él mora estará solo la mayor parte del día,
experimentando la soledad. Mas Cristo se ha quedado por nosotros, como
prisionero por nuestro amor. Siempre esperando. Te está esperando, me está
esperando. Espera a todos y cada uno de los hombres, para demostrarnos y
desenmascararnos su amor. ¿Cómo no pagar tanto Amor con amor?
San Estanislao
de Cracovia
La historia
recuerda al rey Boleslao II de Polonia (1058-1079) por sus victorias militares
que consolidaron su joven Estado y lo ampliaron, por la valorización de las
tierras que él promovió con una nueva organización territorial, y por las
reformas jurídicas y económicas. Pero el primer historiador polaco, Vicente
Kadlubeck, de este rey recuerda también las graves injusticias y la conducta
privada inmoral.
Pero en su
camino Boleslao se encontró con un severo censor. Como Juan Bautista respecto
de Herodes, el valiente obispo de Cracovia, Estanislao, levantó la voz,
amonestando al poderoso soberano sobre el deber de respetar los derechos
ajenos.
Estanislao
nació en Szczepanowski (Polonia) hacia el año 1030, de padres más bien pobres.
Hizo sus primeros estudios con los benedictinos de Cracovia, y después los
perfeccionó en Bélgica y en París. Cuando regresó a la patria, se distinguió
por su celo y por las benéficas iniciativas que realizó con caridad e
inteligencia. Muerto el obispo de Cracovia, el Papa Alejandro II lo nombró su
sucesor. Su nombramiento fue promovido no sólo por el pueblo y el clero, sino
también por el mismo Boleslao II, que en los primeros años colaboró en la obra
de evangelización de toda la región y en la formación del clero local, secular,
que poco a poco debería ocupar el puesto de los monjes benedictinos en la
administración de la Iglesia polaca.
La buena
armonía entre el obispo y el soberano duró hasta cuando el valiente Estanislao
tuvo que anteponer sus deberes de pastor a la tolerancia para con las faltas
del amigo, pues la reprochable conducta del soberano podía fomentar las malas
costumbres de los súbditos.
En efecto, las
crónicas del tiempo narran que el rey se enamoró de la bella Cristina, esposa
de Miecislao y, sin pensarlo dos veces, la hizo raptar con grave escándalo
para todo el país. Estanislao lo amenazó con la excomunión y después lo
excomulgó; entonces el rey Boleslao se enfureció y ordenó asesinar a Estanislao
en Cracovia, en la iglesia de santa Matilde, durante la celebración de la misa.
Parece que el horrible “asesinato en la catedral” lo cometió el
mismo soberano, después que los guardias se vieron obligados a retirarse por
una fuerza misteriosa. Era el 11 de abril de 1079.
Desde el mismo
día de su martirio, los polacos comenzaron a venerarlo.
San Estanislao
fue canonizado el 17 de agosto de 1253 en la basílica de san Francisco de Asís,
y desde entonces se difundió su culto en toda Europa y América.
Tema Controvertido
VII
La verdad
acerca del Cielo
El Cielo es
la esfera espiritual en la que la gloria de la presencia de Dios se manifiesta
La verdad
acerca del Cielo
¿Qué imágenes
vienen a su mente cuando piensa acerca del cielo? ¿Piensa usted en un modo de
vida que es excitante y satisfactorio? ¿O acaso las palabras en el epitafio de
una querida alma se acercan mucho más al blanco?
No llores por
mí, amigo, aunque la muerte nos separe. Voy a hacer nada por siempre jamás.
¿Despierta el
Cielo para usted un sentido de anticipación, o evoca visiones de inactividad
monótona y aburrida?
¿Cómo es el
Cielo realmente? ¿Es el Cielo algo que siquiera valga la pena pasar un tiempo
pensando en él? ¿O deberíamos relegar los pensamientos acerca del Cielo a los
rincones polvorientos de nuestra mente, a fin de no convertirnos en personas
sin ningún uso terrenal?
En este
artículo queremos concentrarnos en lo que dice la Biblia acerca del Cielo, y
cómo estas enseñanzas deberían impactar la forma en que vivimos. Vamos a
destacar algunas de las verdades fundacionales acerca del Cielo reveladas en
las Escrituras.
Sabemos,
antes que nada, que el Cielo es la esfera espiritual en la que la gloria de la
presencia de Dios se manifiesta y en donde moran los ángeles de Dios y todos
los creyentes que han partido de este mundo (Hebreos 12:22-24). "Esta vida
perfecta con la Santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con Ella,
con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama "el
cielo" . El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones
más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha (CIC 1024).
Los pocos atisbos del Cielo que nos dan las Escrituras revelan una sensación
penetrante de la santidad de Dios (Isaías 6; Apocalipsis 4-5) que tuvo un
impacto alarmante y sobrecogedor sobre aquellos a los que se les concedieron
tales visiones (Isaías 6; Daniel 7:9-28). Isaías, cuando vio al Señor sentado
sobre Su trono, dijo, "Ay de mí... pues mis ojos han visto al Rey, Señor
de los ejércitos."
También se
nos informa que es un lugar que las palabras humanas son inadecuadas para
describir plenamente. Ezequiel sólo podía describir "como qué" era la
gloria del Cielo o a qué "se parecía" (Ezequiel 1). Al describir su
aparente visita al cielo, el apóstol Pablo dijo que "oyó palabras
inefables que no le es dado al hombre expresar" (2 Corintios 12:4). ¡Lo
que él vio no era posible describirlo en términos humanos!
Este misterio
de comunión bienaventurada con Dios y con todos los que están en Cristo
sobrepasa toda comprensión y toda representación. La Escritura nos habla de ella
en imágenes: vida, luz, paz, banquete de bodas, vino del reino, casa del Padre,
Jerusalén celeste, paraíso: "Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al
corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman" (1 Co
2, 9) (CIC 1027). ¡Con razón Pablo dice en otra parte que lo
"admiraremos" cuando veamos al Señor cuando venga en gloria! (2
Tesalonicenses 1:10)
En tercer
lugar, sabemos que, aquellos que mueren en la gracia y la amistad de Dios y
están perfectamente purificados, viven para siempre con Cristo (CIC 1023). Al
ladrón en la cruz Jesús le dijo, "Hoy estarás conmigo en el paraíso"
(Lucas 23:43). Pablo dijo que "estar ausentes del cuerpo (es estar)
presentes al Señor" (2 Corintios 5:8), y que si él fuera a partir de este
mundo, él "estaría con Cristo" (Filipenses 1:23).
Muchos se
preguntan si en el Cielo todavía estaremos sujetos al tiempo. Pero no hay
realmente ninguna razón para creer que no lo estaremos. Ser infinito respecto
del tiempo es un atributo que sólo Dios puede poseer. Sabemos que las
Escrituras hablan de "meses" en el Cielo (Apocalipsis 22:2) y hasta
de "edades" por venir (Efesios 2:7). Por cierto, también, la música
que será cantada en el Cielo requiere un modo temporal de existencia. También
parece ser que en el Cielo estaremos informados, en cierto grado, de lo que
está ocurriendo en la tierra. Cuando Moisés y Elías se reunieron con el Señor
en el Monte de la Transfiguración, está registrado que discutieron el próximo
retorno del Señor a la gloria (Lucas 9:30-31). Y durante el próximo período de
tribulación se nos dice que los santos en el Cielo estarán esperando
ansiosamente la terminación de los propósitos de Dios en la tierra (Apocalipsis
6:10-11). Hasta que venga Su reino, aun en el Cielo se hará la pregunta, "¿Hasta
cuándo, Señor?" (como se dice que estos santos están implorando).
Vivir en el
cielo es "estar con Cristo" (cf. Jn 14, 3; Flp 1, 23; 1 Ts 4,17). Los
elegidos viven "en El", aún más, tienen allí, o mejor, encuentran
allí su verdadera identidad, su propio nombre (cf. Ap 2, 17): Pues la vida es
estar con Cristo; donde está Cristo, allí está la vida, allí está el reino (San
Ambrosio, Luc. 10,121)(CIC 10259.
Oswald
Sanders dijo: "Dios no nos dijo todo lo que nos gustaría saber, pero Él
nos ha dicho todo lo que necesitamos saber" acerca del Cielo. Así que,
miremos con más detenimiento lo que la Biblia nos dice acerca de la existencia
del cielo.
Que la
gracia y la bendición del Padre se derrame sobre todos nosotros
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