La Palabra Binaria
Publicación diaria para la Iglesia Católica
Martes de la
segunda
6ª de Pascua
Santa Catalina
de Siena
Os conviene
que yo me vaya; porque si no me voy, el defensor no vendrá a vosotros
Hechos
16,22-34
22 La gente se sublevó contra ellos, y los
pretores mandaron que los desnudaran y les dieran de palos. 23 Después de haberles dado muchos palos, los metieron en la
cárcel, encargando al carcelero que los tuviera bien seguros; 24 él, al recibir tal orden, los metió en la celda más segura,
y sujetó sus pies en el cepo. 25
Hacia la medianoche, Pablo y Silas estaban en oración cantando himnos a Dios, y
los presos escuchaban. 26 De repente se produjo tan gran terremoto
que se conmovieron los cimientos de la cárcel; se abrieron todas las puertas de
la cárcel y se soltaron las cadenas de todos. 27 El
carcelero se despertó y, al ver abiertas las puertas de la cárcel, creyendo que
los presos se habrían fugado, desenvainó la espada para matarse. 28 Pablo le gritó: «No te hagas daño, que todos estamos aquí».
29 Él pidió una luz, entró y se echó
temblando ante Saulo y Silas; 30
los sacó fuera y dijo: «Señores, ¿qué debo hacer para salvarme?». 31 Ellos le dijeron: «Cree en Jesús, el Señor, y te salvarás
tú y tu familia». 32 Y le anunciaron la palabra del Señor a él
y a todos los que había en su casa. 33 A
aquellas horas de la noche el carcelero les lavó las heridas, y seguidamente se
bautizó él con todos los suyos. 34
Los subió a su casa, puso la mesa y celebró con toda su familia el haber creído
en Dios.
Salmo 137,1-3.7-8
1 De David
Te doy
gracias, Señor, de todo corazón,
frente a los
dioses cantaré para ti.
2 Yo me postro hacia tu santo templo,
doy gracias a
tu nombre por tu amor y tu verdad,
pues tus
promesas superan tu renombre.
3 El día que te llamé,
tú me respondiste
y me diste valor.
7 Cuando estoy en peligro,
tú me sacas
con vida;
das a mis
enemigos un puñetazo en las narices
y tu diestra
me salva.
8 El Señor lo hará todo por mí.
Señor, tu amor
es eterno,
no abandones
la obra de tus manos.
Juan 16,5-11
5 «Ahora vuelvo al que me envió, y ninguno
de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas?, 6
sino que, porque os he dicho estas cosas, la tristeza ha llenado vuestro
corazón. 7 Pero os digo la verdad: os conviene que yo
me vaya; porque si no me voy, el defensor no vendrá a vosotros; y si me voy, os
lo enviaré. 8 Cuando él venga demostrará al mundo en qué
está el pecado, la justicia y la condena. 9 El
pecado consiste en que no creen en mí; 10 la
justicia, en que me voy al Padre y no me veréis más, 11 y la condena, en que el príncipe de este mundo está ya condenado.
Señor: ¿Adónde
vas?
En aquella
última noche, la noche del amor, ninguno de los discípulos te preguntaba:
¿Dónde vas?
Era la noche
de la despedida. Los corazones de los apóstoles, ardientes, palpitaban como
llamas encendidas al calor de tu Palabra. De improviso, se llenaron de tristeza
ante tu inminente partida. Y sin embargo, ninguno osaba decir: ¿Señor: ¿adónde
vas?
En aquella
ocasión, nadie, ni siquiera Pedro, Santiago o Juan, levantó su voz para
preguntar. Entonces, casi dos mil años después, me atrevo a decir yo -pues sé
que te alegrarás con que lo inquiera tan sólo-: Señor: ¿adónde vas?
Parecería que
Cristo quisiera respondernos: "Me voy al Padre. Me voy a aquel que me ha
enviado. A aquel a quien amo. Mi Padre amado, Señor del cielo y de la tierra,
que ha revelado los secretos del Reino a la gente sencilla" (Cfr. Jn.16,
10). Jn.16,5.). A aquel a quien solamente yo conozco, y también le conocerá
aquel a quien Yo se lo quiera revelar. Aquel de quien he venido y al cual ahora
retorno. Él es mi Padre, en quien Yo también pongo todas mis
complacencias”.
Cristo ama al
Padre. Todo su alimento consiste en hacer la Voluntad del Padre y llevar a cabo
su obra. ¡Qué gozo y exaltación en el Espíritu experimentaría Cristo al
regresar al seno del Padre! Al abrazo de aquel Padre, rico en misericordia que
ha puesto en el Hijo todas sus complacencias.
Santa Catalina
de Siena
Lo que más
maravilla en la vida de Santa Catalina de Siena no es tanto el papel insólito
que desempeñó en la historia de su tiempo, sino el modo exquisitamente femenino
con que lo desempeñó. Al Papa, a quien ella llamaba con el nombre de
“dulce Cristo en la tierra”, le reprochaba la poca valentía y lo
invitaba a dejar Aviñón y regresar a Roma, con palabras humanísimas como éstas:
“¡Animo, virilmente, Padre! Que yo le digo que no hay que temblar”.
A un joven condenado a muerte y a quien ella había acompañado hasta el
patíbulo, le dijo en el último instante: “¡a las bodas, dulce hermano
mío! que pronto estarás en la vida duradera”.
Pero la voz
sumisa de la mujer cambiaba de tono y se traducía frecuentemente en ese
“yo quiero” que no admitía tergiversaciones cuando entraba en juego
el bien de la Iglesia y la concordia de los ciudadanos. Catalina nació en Siena
(Italia) el 25 de marzo de 1347 y era la vigésimo cuarta hija de Santiago y
Lapa Benincasa. A los siete años celebró su místico matrimonio con Cristo. Esto
no se debió a fantasías infantiles, sino que era el comienzo de una
extraordinaria experiencia mística, como se pudo comprobar después . A los
quince años entró a la Tercera Orden de Santo Domingo, comenzando una vida de
penitencia muy rigurosa. Para vencer la repugnancia hacia un leproso
maloliente, se inclinó y le besó las llagas.
Como no sabía
leer ni escribir, comenzó a decir a varios amanuenses sus cartas, afligidas y
sabias, dirigidas a Papas, reyes, jefes y a humilde gente del pueblo. Su
valiente compromiso social y político suscitó no pocas perplejidades entre sus
mismos superiores y tuvo que presentarse ante el capítulo general de los
dominicos, que se celebró en Florencia en mayo de 1377, para explicar su
conducta.
En Siena, en
el recogimiento de su celda, dictó el “Diálogo sobre la Divina
Providencia” para tributar a Dios su último canto de amor. En los
comienzos del gran cisma aceptó el llamamiento de Urbano VI para que fuera a
Roma. Aquí se enfermó y murió rodeada de sus muchos discípulos a quienes
recomendó que se amaran unos a otros. Era el 29 de abril de 1380: hacía un mes
que había cumplido 33 años. Fue canonizada el 29 de abril de 1461. En 1939 fue
declarada patrona de Italia junto con San Francisco de Asís, y el 4 de octubre
de 1970 Pablo VI la proclamó doctora de la Iglesia.
Tema
Controvertido XVIII
Y al final de los tiempos... el anticristo
¿Quién es el Anticristo? ¿Es una persona?
¿Cómo reconocerlo?
Ése es el anticristo, el que niega al
Padre y al Hijo. (1Jn. 2,22)
Los católicos creemos que al final de los
tiempos Cristo vendrá para acabar con el mal de este mundo, siendo la muerte el
último mal en ser aniquilado. Sin embargo, antes de que esto suceda, la Iglesia
deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes.
Así lo expresa Jesucristo: “Y al crecer cada vez más la iniquidad, la
caridad de la mayoría se enfriará”. (Mt. 24, 12). Él mismo nos hace ver
que la persecución será la compañía de los últimos días de la Iglesia en la tierra:
“Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo pero, como no sois del
mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo.
Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a
mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros.” (Jn. 15,
19-20).
Muchos quieren ver en estas persecuciones
o en estas pruebas la figura de un Anticristo. De acuerdo al Catecismo de la
Iglesia Católica, el Anticristo es “la impostura religiosa suprema... un
seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el
lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne” (Catecismo de la Iglesia
católica, 675).
Algunos han querido ver en la figura del
Anticristo a una persona concreta y así muchos lo identificaron con los
emperadores romanos que persiguieron a los primeros cristianos. Otros lo
identifican con sistemas políticos que proponen la felicidad completa y
perpetua en este mundo, basados en diversos sistemas económicos. “Esta
postura aparece esbozada ya en el mundo cada vez que se pretende llevar a cabo
la esperanza mesiánica en la historia, lo cual no puede alcanzarse sino más
allá del tiempo histórico a través del juicio escatológico.” (catecismo
de la Iglesia católica, 676).
No hace mucho tiempo algunos creyeron ver
en el comunismo la imagen del Anticristo por la fórmula de felicidad terrena
que traía al hombre. Otros pensaba que podría ser una misma persona: Nerón o
Diocleciano por la fiereza con la que perseguía a los primeros cristianos.
¿Persona? ¿Sistema político? ¿Cultura? ¿Demonio? Cada vez que a los hombres se
les proporciona una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la
apostasía, esto es, de la negación de la verdad, estamos hablando de una
impostura religiosa. La impostura religiosa suprema, como lo apuntábamos
anteriormente, es el Anticristo, de acuerdo al Catecismo de la Iglesia
Católica.
Quién nos ofrece esa solución aparente a
nuestros problemas, negando la verdad nos está ofreciendo a su vez una visión
de lo que puede ser la figura del Anticristo. ¿La droga? ¿El sexo desligado de
su verdad ética y moral? ¿Los sistemas políticos que glorifican a un tipo de
hombre que sólo encontrará su felicidad en esta tierra? ¿El consumismo
exacerbado de algunas cultura de Occidente? Cada vez que el hombre se glorifica
a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías podemos decir que
estamos hablando de un Anticristo, bien sea éste una persona, un sistema
político o una cultura.
Que la
gracia y la bendición del Padre se derrame sobre todos nosotros
El Servidor de la Palabra
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