Publicación diaria para
Miércoles de
la segunda
XXII del
tiempo ordinario
San Gregorio
Magno
Jesús imponía las manos sobre cada uno de ellos y los
curaba
1 Corintios
3,1-9
1 Hermanos, yo no pude hablaros como a
espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. 2 Os di a beber leche, no alimento sólido, porque no lo
podíais soportar; ni podéis todavía, 3
pues aún sois carnales. Desde el momento que hay envidias y discordias entre vosotros,
¿no es porque aún sois carnales y vivís a lo humano? 4 Porque cuando uno dice: «Yo soy de Pablo», y otro: «Yo de
Apolo», ¿no procedéis de una manera puramente humana? 5 Pues ¿qué es Apolo y qué es Pablo? Simples servidores, por
medio de los cuales habéis abrazado la fe, según la medida que Dios ha
repartido a cada uno. 6 Yo planté y Apolo regó, pero quien hizo
crecer fue Dios. 7 Nada son ni el que planta ni el que riega,
sino Dios, que hace crecer. 8 El
que planta y el que riega son lo mismo, y cada uno recibirá la recompensa según
su trabajo. 9 Nosotros somos colaboradores de Dios;
vosotros, labrantío de Dios, edificio de Dios.
Salmo 32,12-15.20-21
12 Dichosa la nación que tiene al Señor por
Dios,
el pueblo que
él se escogió por heredad.
13 El Señor se asoma desde el cielo
y contempla a
todos los humanos;
14 desde el lugar de su morada observa a
todos los
habitantes de
la tierra;
15 él formó el corazón de cada uno
y vigila todo
lo que hacen.
20 Nosotros esperamos al Señor,
él es nuestro
auxilio y nuestro escudo;
21 en él se goza nuestro corazón,
en su nombre
santo confiamos.
Lucas
4,38-44
38 Salió de la sinagoga y fue a casa de
Simón. La suegra de éste se encontraba enferma con fiebre muy alta, y le pidieron
que la curara. 39 Él se inclinó sobre ella, ordenó a la
fiebre, y la fiebre la dejó. Ella se levantó inmediatamente y se puso a
atenderle.
Es admirable
el trabajo de los médicos. Nunca tienen un rato de descanso, porque allí donde
van, aunque sea a una fiesta, todo el mundo se acerca para hablarles de sus
padecimientos y enfermedades. Así me imagino también a Jesús. No había llegado
todavía a casa de su amigo Pedro cuando ya le piden un milagro. Y por la tarde
vinieron a suplicarle que sanara a otros enfermos. Y al salir el sol le seguían
buscando incluso en el desierto.
¡Qué grande es
el Corazón de Cristo! Qué paciente, las veinticuatro horas del día, sin pedir
nada a cambio.
Es cuestión de
organizarse bien, de tener el día programado para rendir al máximo, aun
sacrificando el tiempo dedicado a la televisión. Debemos ser exigentes con el
uso de las horas. No pueden desperdiciarse, porque nunca más volverán.
Primero es
necesario establecer una jerarquía. ¿Qué es lo más importante para mí? No hay
que descuidar el trabajo, ni la familia, ni los momentos para Dios, ni las
actividades que enriquezcan a los que viven en la misma ciudad o país. Sepamos
sacarle el jugo a la vida que Dios nos ha regalado.
San Gregorio
Magno
Etimológicamente
significa “ vigilante”. Viene de la lengua griega.
Familia
profundamente cristiana de la que ha llegdo a los altares; sus padres y sus dos
tías, Társila y Emiliana. En este ambiente de religiosidad se desarrolló su
espíritu mientras Roma llegaba a lo más bajo de la curva de su caída. Cuando el
poder imperial fue restablecido en Roma, en manos ya de Constantinopla,
Gregorio comienza su formación cultural. No sobresale en la literatura, pero sí
en los estudios jurídicos, donde encuentra una magnífica preparación para sus
futuras actividades. Terminada su carrera de Derecho, acepta del emperador
Justino II el cargo de prefecto de Roma, con todas las funciones
administrativas y judiciales.
Per su corazón
aspiraba a cosas más altas, y tras una desgarradora lucha interior, que
manifiesta en una carta a su amigo San Leandro de Sevilla, Roma ve un día cómo
su prefecto cambia sus ricas vestiduras por los austeros hábitos de los
campesinos que San Benito había adoptado para sus monjes. Su mismo palacio del
monte Celio fue transformado en monasterio. Gregorio es feliz en la paz del
claustro, aunque pronto será arrancado de ella por el mismo Sumo Pontífice, que
le envía como Nuncio a Constantinopla. De aquí en adelante añorará siempre
aquellos cuatro años de vida monacal.
En 586, llega
a Roma cuando las aguas del Tíber se desbordan y siembran la desolación.
Personas ahogadas, palacios destruidos, hambre y la peste. Una de las víctimas
de la peste es el Papa Pelagio II. Y Gregorio es elegido Papa para suderer a
Pelagio, quedando apartado de la soledad que buscaba en el monasterio. Ya no
vivirá más la paz de la vida monacal, pero la espiritualidad de aquellos
hombres entregados a la oración le marcará para siempre. En su fecundo
Pontificado, destaca su celo por la liturgia, la organización definitiva del
canto litúrgico, que se conoce aún con el nombre de "canto
gregoriano". Era el “Psalite sapienter” del salmo y de San
Benito, cuyo estilo y estética litúrgicos, ha heredado también Benedicto XVI, a
más del nombre del Fundador de los Monjes de Occidente y Patrono de Europa: San
Benito.
Gregorio es el
pastor auténtico, que quiere lo mejor para sus ovejas que viven en la unidad
del mismo Amor. No ahorrará para ello trabajos ni sacrificios. Su voz se
levanta potente y su pluma escribe sin descanso; el que no había sobresalido en
sus estudios literarios nos ha legado un tesoro inagotable en sus escritos, de
estilo sencillo y cordial. Y no se contenta con las ovejas que ya están en el
verdadero redil; su corazón se lanza a la conquista de Inglaterra, ganándola
para el catolicismo. Para todos es el padre amante, cuyas preocupaciones son
las de sus hijos. Su honor es el de
"Importa
que el pastor sea puro en sus pensamientos, intachable en sus obras, discreto
en el silencio, provechoso en las palabras, compasivo con todos, más que todos
levantado en la contemplación, compañero de los buenos por la humildad y firme
en velar por la justicia contra los vicios de los delincuentes. Que la
ocupación de las cosas exteriores no le disminuya el cuidado de las interiores
y el cuidado de las interiores no le impida el proveer a las exteriores",
escribe San Gregorio Magno en su "Regla Pastoral", y éste fue el
programa de su actuación. Genio práctico en la acción, fue ante todo el buen
pastor cuya solicitud se extiende a toda su grey. No es tan sólo Roma la que
merece sus cuidados, sino todas las Iglesias España, Galia, Inglaterra, Armenia,
el Oriente, toda Italia, especialmente las diez provincias dependientes de la
metrópoli romana. Fue incansable restaurador de la disciplina católica. En su
tiempo se convirtió Inglaterra y los visigodos abjuraron el arrianismo.
Renovó el
culto y la liturgia y reorganizó la caridad en
La obra
realizada por San Gregorio Magno fue inmensa; aune con su gran humildad, había
procurado por todos los medios no aceptar el mando supremo de
Al tomar
posesión de
Cristología
VI
Constitución
física de Jesús.
¿Qué
características físicas distinguían a Jesús de los demás? ¿Cómo lo sabemos?
"Es de
elevada estatura, distinguido, de rostro venerable. Sus cabellos, ensortijados
y rizados, de color muy oscuro y brillante, flotando sobre las espaldas, al
modo de los nazarenos. La frente es despejada y serena: el rostro sin arruga ni
mancha. Su nariz y boca son regulares. La barba abundante y partida al medio.
Los ojos color gris azulado, claros, plácidos y brillantes; resplandecen en su
rostro como rayos de sol, de modo que nadie puede mirarle fijo. Cuando reprende
es terrible; cuando amonesta, dulce, amable, alegre, sin perder nunca la
gravedad. Jamás se le ha visto reír, pero sí llorar con frecuencia. Camina con
los pies descalzos y con la cabeza descubierta. Estando en su presencia nadie
lo desprecia; al contrario, le tiene un profundo respeto. Se mantiene siempre
erguido; sus brazos y sus manos son de aspecto agradable. Habla poco y con
modestia. Es el más hermoso de los hijos de los hombres. Dicen que este Jesús
nunca hizo mal a nadie; al contrario, aquellos que lo conocen y han estado con
él, afirman haber recibido de él grandes beneficios y salud. Según me dicen los
hebreos, nunca se oyeron tan sabios consejos y tan bellas doctrinas. Hay
quienes, sin embargo, lo acusan de ir contra la ley de Vuestra Majestad, porque
afirma que reyes y esclavos son todos iguales delante de Dios" (Publio
Léntulo, procurador de Judea al emperador).
¿Qué rasgos
físicos de Jesús podemos recabar de los evangelios?
Cuerpo
robusto y resistente: La vida dura del taller y las correrías por las colinas
circundantes de Nazaret robustecieron el cuerpo de Jesús, preparándolo para las
duras jornadas de su vida apostólica, a la intemperie por las calcinadas rutas
de Palestina. Sabemos que en una jornada hizo el camino de
Junto al pozo
de Sicar se sentó fatigado y sediento. Cuando los discípulos le ofrecen la
comida, la rechaza diciendo que su alimento es hacer la voluntad del Padre, y
antes había rechazado la bebida que le ofreciera la samaritana. No sabemos que
Jesús en aquella jornada comiera o bebiera a pesar de estar fatigado, lo que
prueba su complexión robusta.
El
evangelista detalla que Jesús iba delante de los discípulos en esa marcha
ascensional hacia Betania. Sus jornadas apostólicas son agotadoras; así, en una
de ellas por la mañana predica en la sinagoga de Cafarnaum, cura a un poseso,
sana a la suegra de Pedro, y por la tarde se dedica a curar los enfermos que a
él afluyen de todas partes. Al día siguiente las turbas le buscan de nuevo y
empieza de nuevo la jornada agotadora. En ese plan recorre todos los poblados
de Galilea, predicando la penitencia y el mensaje de salvación. Es tal el
trabajo que tiene que desplegar que muchas veces no tiene tiempo ni para comer.
Las turbas le
siguen al otro lado del lago, y Jesús está de nueva a disposición de ellas.
Después de multiplicar los panes, se retiró de noche a orar. Al día siguiente
volvió a Cafarnaum a reanudar la tarea, después de haber calmado la tempestad.
Este plan de
trabajo supone una salud robusta y un sistema nervioso a toda prueba. En el
lago duerme en la nave mientras los discípulos luchan ansiosos con el temporal;
esto refleja que tiene salud equilibrada, muy apropiada al espíritu equilibrado
del Maestro, que siempre se manifiesta dueño de sí mismo y de la situación.
Su porte
debía ser majestuoso y viril. Cuando sus compatriotas quieren despeñarle en
Nazaret, Jesús pasa por medio de ellos sin inmutarse y con un continente tal,
que no se atreven a atentar contra su vida. Al ser prendido en Getsemaní, sus
enemigos caen unos sobre otros, impresionados del porte majestuoso del Maestro,
que lejos de huir les declara: "Yo soy a quien buscáis".
La mirada de
Jesús debía ser majestuosa y dominadora. San Marcos repite con insistencia
cuando el Maestro va a proferir una sentencia: "Y mirándolos, dijo".
Cuando tratan de lapidarle en Jerusalén, Jesús interpela a sus enemigos:
"Muchas cosas buenas os he hecho, ¿por cuál de ellas me queréis
apedrear?". Este dominio de sí mismo resplandece en las palabras mansas con
que Jesús responde al criado que le ha abofeteado: "Si mal hablé,
muéstrame en qué; y si bien, ¿por qué me hieres?".
Equilibrado:
esta complexión sana y equilibrada de nervios de Jesús contrasta con los
desequilibrios nerviosos de Mahoma y con el agotamiento físico de Buda, que
vencido por la vida, predica una religión pesimista y negativa. La actitud de
Jesús en los momentos de
Sus últimas
palabras en la cruz, ofreciendo perdón a los enemigos, son eco de la paz
interior de su espíritu. Nada de desahogos rabiosos incontrolados, sino
autonomía y perfecto control de sus actos, y todo con suma naturalidad y sin
afectación.
Sano: Nunca
los evangelistas aluden a alguna enfermedad del Maestro. En medio de su dura
vida de apostolado su cuerpo parece responder sin debilidades morbosas. Su
tarea se iniciaba muy de mañana. El frescor de su espíritu se refleja en el
amor que siente por las bellezas de la naturaleza, los lirios del campo, los
pajarillos del cielo, la candidez infantil.
En sus
parábolas nada insinúa un espíritu cansado y pesimista; al contrario, su alma
tersa sabe contemplar al Padre siempre obrando en la naturaleza y en las vidas
de los hombres. La vida apostólica del Maestro discurre al aire libre, a la
intemperie, caminando por las calzadas y caminos de Galilea, Samaria, Judea,
Tiro, Sidón. Viviendo en extrema pobreza, sin tener dónde reclinar su cabeza,
Jesús iba de un lugar para otro predicando la buena nueva. Esto no se explica
sin suponiendo en él una salud robusta y equilibrada.
Que la
gracia y la bendición del Padre se derrame sobre todos nosotros
El Servidor de la Palabra
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