La Palabra Binaria
Publicación diaria para la Iglesia Católica
Lunes de la
cuarta
XVIII del tiempo
ordinario
San Eduardo III
el Confesor
¡Y aquí hay algo que es más que Jonás!
Gálatas
4,22-24.26-27.31; 5,1
22 En ella se dice: Abrahán tuvo dos hijos:
uno de la esclava y otro de la libre. 23
Pero el de la esclava nació de modo natural; el de la libre, sin embargo, en
virtud de la promesa. 24 Estas cosas están dichas en sentido alegórico,
pues estas mujeres representan dos alianzas; una, la del monte Sinaí, que
engendra esclavos, y está representada en Agar.
26 Pero la Jerusalén de arriba es libre, la
cual es madre nuestra, 27 pues dice la Escritura: Alégrate, estéril,
que no das a luz; da gritos de alegría tú, que no conoces los dolores del
parto, porque muchos son los hijos de la abandonada, muchos más que los de la
que tiene marido.
31 Por consiguiente, hermanos, no somos hijos
de la esclava, sino de la libre.
1 Cristo nos ha liberado para que seamos
hombres libres; permaneced firmes y no os dejéis poner de nuevo el yugo de la
esclavitud.
Salmo 112,1-5.7
1 ¡Aleluya!
Siervos del
Señor, alabadlo,
alabad el
nombre del Señor.
2 Bendito sea el nombre del Señor
desde ahora y
por siempre;
3 desde que sale el sol hasta su ocaso,
alabado sea el
nombre del Señor.
4 El Señor domina sobre las naciones,
su gloria por
encima de los cielos.
5 ¿Quién es como el Señor, nuestro Dios,
que se sienta
en lo alto,
7 Él levanta del polvo al indigente
y saca al
pobre del estiércol,
Lucas
11,29-32
29 Como la gente se apelotonaba a su
alrededor, se puso a decir: «Esta generación es malvada; pide una señal milagrosa
y no se le dará otra que la señal de Jonás. 30 Como
Jonás fue una señal para los ninivitas, así el hijo del hombre lo será para esta
generación. 31 La reina del Sur se levantará en el día
del juicio con los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino
desde los confines de la tierra a escuchar la sabiduría de Salomón, ¡y aquí hay
algo que es más que Salomón! 32
Los hombres de Nínive se levantarán en el día del juicio con esta generación y
la condenarán, porque se arrepintieron por la predicación de Jonás, ¡y aquí hay
algo que es más que Jonás!»
Deseamos una
seguridad, una certeza. Queremos tener ante nuestros ojos una prueba, un
milagro. Cada día es una buena ocasión para buscarla, o, más bien para
encontrarla, para contemplarla, porque ya la tenemos.
Cristo,
clavado en la cruz, es la gran señal que anhelamos. La prueba de un amor
incondicional y desinteresado; un amor que se entrega hasta el extremo de dar
la vida por el amigo. El crucificado nos hace ver un milagro más extraordinario
que cualquier otro: el del amor, que se demuestra en el dolor. Basta que le
contemplemos detenidamente para que obtengamos una plena seguridad sobre la
cual construir nuestra vida: la de sabernos y sentirnos profundamente amados.
Esta señal
constituye también una invitación. Cristo nos invita a convertirnos en
“señales” para nuestro prójimo. Que cuando nos vean actuar, sepan y
crean que existe el amor. Que por nuestro modo de vivir, tengan la seguridad de
que vale la pena ser seguidor del hombre que aparentemente fue derrotado en la
cruz. Para ser “señales”, pruebas vivas, hay que aprender como Cristo,
a subir a la cruz. Ahí está la señal del amor.
San Eduardo III el Confesor
Eduardo, nieto
de San Eduardo llamado el Mártir, nació en 1004 en Islip, cerca de Oxford. Su
padre era el rey Etelredo II, llamado el Desaconsejado. Siendo todavía niño,
tuvo que emprender el camino del destierro y vivió del 1014 al 1041 en
Normandía con unos familiares de su madre.
Se dice que
hizo el voto de ir en peregrinación a Roma si la Divina Providencia lo llevaba
de nuevo a su patria. Cuando esto sucedió, Eduardo quería cumplir fielmente el
voto, pero el Papa lo dispensó. El dinero que iba a gastar en el viaje lo dio a
los pobres y otra parte del mismo lo dedicó a la restauración del monasterio al
oeste de Londres (west minster, hoy Westminster).
A pesar de los
fracasos políticos de su gobierno, Eduardo rey de Inglaterra del 1043 al 1066,
dejó un vivísimo recuerdo en su pueblo. Las razones de esta veneración, que
continuó con los siglos, hay que buscarlas no sólo en algunas medidas sabias
administrativas, como la abolición de un pesado impuesto militar que agobiaba a
toda la nación, sino sobre todo en su temperamento suave y generoso (jamás un
desacato o una palabra de reproche o un gesto de ira ni siquiera con los
súbditos más humildes) y en su vida privada.
Un año después
de su coronación se había casado con la cultísima Edith Godwin, hija de su más
terrible adversario del barón Godwin de Wessex. Había sido una hábil jugada
política de su suegro, pues tenía la esperanza de que Eduardo, a quien ya
llamaban “el Confesor”, le confiaría la administración del gobierno
para dedicarse con más libertad a sus oraciones y a la meditación El plan,
demasiado sutil, sólo tuvo éxito en parte, porque hacia 1051 el barón fue
desterrado y la reina fue encerrada en un convento. Pero sólo fue un
paréntesis, porque el acuerdo entre Eduardo y la reina era muy profundo, hasta
el punto que, según los biógrafos, los dos habían hecho de común acuerdo voto
de virginidad.
La solemne
inauguración del famoso coro del Monasterio de Westminster, que él mismo había
financiado, tuvo lugar el 28 de diciembre de 1065. Pero el rey ya estaba
gravemente enfermo. Murió el 5 de enero de 1066 y fue enterrado en la Iglesia
de la abadía recientemente restaurada. Pronto hubo muchas peregrinaciones a su
tumba. En el reconocimiento de 1102 encontraron su cuerpo incorrupto y el 17 de
febrero de l161 el Papa Alejandro III lo incluyó en la lista de los santos. El
día de su fiesta coincide con la fecha en que Santo Tomás Bechet trasladó
solemnemente sus reliquias al coro de la misma Iglesia.
Hoy, a la
distancia de casi diez siglos, aún Inglaterra llama a su Corona "de San
Eduardo".
Cristología XVIII
La Vida Pública (IV/V)
Las
tentaciones del desierto
El silencio
Jesús es
llevado por el Espíritu al desierto para un gran combate; va a asumir su
vocación de Mesías con toda su plenitud humana. Jesús vive la experiencia
religiosa en una forma de espiritualidad extrema. Muchos hombres religiosos se
han sentido llamados al silencio de modo que su espíritu se expanda en una
relación con Dios, sin que nada distraiga esa tensión. Muchos han experimentado
el ayuno como una forma de purificación en que el cuerpo extingue sus pulsiones
para que el espíritu emerja. En el antiguo hinduismo era frecuente esa acción,
como también en el budismo también aunque sin llegar a tanto extremo. Siempre
han existido eremitas, en todas las culturas religiosas. Cristo asume la
espiritualidad religiosa de los más religiosos de los hombres.
El demonio
En esa
tensión se dan las tentaciones que se prolongarán a lo largo de su vida, pero
que aquí se plantean con gran crudeza: el diablo, como enemigo lúcido que
plantea los verdaderos problemas, será el padre de la mentira, que intentará disuadir
a Jesús de su misión. Este agente oscuro es tan importante en la vida de los
hombres, que si se excluye no se entienden problemas como el mal y el bien, ni
mucho menos el Evangelio de Jesucristo. El demonio es un ser vivo, creado,
inteligente, pero pervertido y pervertidor. Él se rebela contra Dios de un modo
lúcido y consciente, y encuentra en ese orgullo un gozo amargo y triste al
tiempo. En sus tentaciones, no tratará solamente de investigar quién es Jesús,
ni en un juego intelectual habilidoso, aunque lo es, sino de plantear su propia
tentación al hombre que ha sido llamado el Hijo Amado que trae el bautismo de
fuego superior al bautismo de agua. El diablo no cree que un hombre pueda amar
más allá del amor propio y se lo va a decir claramente a Jesús, no sin engaños
y con métodos capciosos.
El diablo
tienta a Jesús
"Entonces
fue conducido Jesús al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo.
Después de haber ayunado cuarenta días con cuarenta noches, sintió hambre. Y
acercándose el tentador le dijo:
Si eres Hijo
de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. El, respondiendo, dijo:
Escrito está:
No sólo de
pan vive el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios.
Luego, el
diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso sobre el pináculo del Templo. Y le
dijo: Si eres Hijo de Dios, arrójate abajo. Pues escrito está:
Dará órdenes
acerca de ti a sus ángeles,
para que te
lleven en sus manos,
no sea que
tropiece tu pie contra alguna piedra.
Y le
respondió Jesús: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. De nuevo
lo llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo
y su gloria, y le dijo: Todas estas cosas te daré si postrándote me adoras.
Entonces le
respondió Jesús: Apártate Satanás, pues escrito está:
Al Señor tu
Dios adorarás
y a El sólo
darás culto"(Mt).
El momento
adecuado
Las
tentaciones se dan tras cuarenta días y cuarenta noches de oración y ayuno.
Siente hambre, se agota, experimenta las limitaciones del cuerpo, la mente
también es influida por el cansancio y el hambre y la soledad.
Satanás elige
el momento más adecuado para tentarle, aquel en que está debilitada la
humanidad. Ahí, en situación extrema, es donde se verá si Cristo acepta el reto
que le va a plantear.
Es posible
que la creencia en la divinidad de Jesús lleve a pensar, que en el fondo, las
tentaciones son externas y ficticias, como de mentirijillas. Pero no es así:
real fue el dolor y la muerte, y real es el hambre y la sed. Jesús experimenta
la trepidación de la tentación, ve el lado positivo que toda tentación propone,
y descubre lo negativo, más o menos oculto, pero que acabará saliendo a
relucir. De ahí, también, que la victoria sea real, humana. El resultado final
confirma a Satanás que se puede ser fiel al proyecto amoroso del Padre, que es
posible cumplir la voluntad de Dios también como hombre, a pesar de las
alternativas que se le ponen delante.
El sentido de
las tentaciones
Es cierto que
las tentaciones tienen un sentido de ejemplo para que los hombres venzan las
provocaciones al mal. Es un primer nivel no despreciable. Muchos ven en las
tentaciones las tres concupiscencias: el desorden de la sensualidad y la carne,
la llamada de la soberbia y del orgullo, y la inquietud por el dinero y el
poder. Las respuestas de Cristo aciertan en las soluciones, el espíritu está
sobre la materia y debe regirla; la humildad lleva a confiar en Dios; y el
poder es para servir a Dios y a los demás. De hecho, es frecuente entre los
hombres que el primer obstáculo en el que muchos quedan atrapados sea la
sensualidad del comer, del beber o la impureza. Un segundo nivel, tienta la
soberbia y el amor propio, y viene el ansia de dominar a los demás. En un
tercer nivel el mundo como fin último del hombre, engloba todas las sugerencias
del mal cuando se coloca en lugar de Dios.
La primera
tentación
Las tres
tentaciones tienden a quebrar el mesianismo de Jesús. Pero hay un nivel más
profundo. Veamos la tentación primera. Jesús tiene cuerpo en su doble vertiente
de sentido y afectividad, tiene, por tanto necesidades sensitivas y afectivas.
La tentación dice: "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se
conviertan en panes", es decir haz un milagro con tu poder de Hijo de Dios
para satisfacer tus necesidades. El pan es el alimento para la vida; pero, al
satisfacerla, se encuentra un placer en la función natural. Jesús nunca dice
que eso sea malo. Lo mismo ocurre con la procreación que añade a los efectos
del cuerpo la satisfacción del afecto. Nada dice el texto de la extensión de la
tentación; pero entre los hombres estas cuestiones son universales. Jesús añade
la dificultad del ayuno y del celibato, prescindiendo libremente del uso
legítimo de esas tendencias corporales y afectivas por un amor más alto. Ahí
incide la tentación: transforma el gozo natural en amor propio; benefíciate,
búscate en algo tan natural como estas satisfacciones, o ¿acaso son malas?
Vivir el amor
La respuesta
de Jesús es clara: no son malas, pero "No sólo de pan vive el hombre, sino
de toda palabra que procede de la boca de Dios". Si el diablo le hubiese
propuesto algo ilícito Jesús lo habría tenido que rechazar, de forma obligada;
pero, en esta primera tentación, Jesús rechaza algo que en sí no es malo, pero
se trata de vivir un amor que vaya más allá del amor propio y de la
satisfacción que producen cosas buenas. Y rechaza decir que esas realidades
sean malas y pecaminosas, aunque deben someterse a un amor superior. No se
trata sólo de superar la gula y la impureza, sino de vivir un amor espiritual
superior. De hecho, el Hijo de Dios es sobrio con naturalidad, y conviene que
no tenga descendencia según la carne, sino sólo según el espíritu. El amor al
Padre y a los hombres debe estar por encima de cosas que en otros son buenas y
santificantes, pero a Él se le ha pedido más. El amor a su misión debe ser
superior al tirón de los sentidos y de la afectividad, e incluso del deseo de
tener una descendencia humana. Jesús responde con una palabras del libro de la
Sabiduría en las que señala que el placer de los sentidos no es malo dentro de
su función natural, pero no es todo. El amor sensitivo y el afectivo son
buenos, pero existe el amor espiritual. El que ama con este amor espiritual
supera las atracciones de lo sensible, sin decir que sean malas, aunque pueden
serlo por desorden o por exceso. El primer combate ha concluido, aunque la
tentación acechará a Jesús toda la vida, especialmente en la cruz, donde el
dolor será máximo. El amor de verdad pudo más.
La segunda
tentación
La segunda
tentación es más profunda y complicada. El diablo cita el salmo 91 diciendo:
"Si eres Hijo de Dios, arrójate abajo. Pues escrito está: Dará órdenes
acerca de ti a sus ángeles, para que te lleven en sus manos, no sea que
tropiece tu pie contra alguna piedra". El demonio sigue tentando a Jesús,
a partir de lo que, en Él, forma parte de su ser: era hijo de Dios y confía en
el Padre como nadie lo ha hecho jamás en la tierra, por eso Satanás plantea la
posibilidad de la salvación de la humanidad a través de un milagro. Esto es
posible tanto para Dios, como para el que lo pide con fe: quiere salvar a la
humanidad. Se trata de dejar boquiabiertos a los hombres ante la manifestación
de un poder sobrenatural. La gentes quedarían admiradas ante el éxito del nuevo
salvador. Se creía en aquellos momentos que el Mesías anunciaría la salvación
de Israel desde aquel pináculo del templo de altura imponente. Le sugiere que
las gentes veneran a los triunfadores y se convertirán con esa acción
milagrosa. Le oculta con engaño que se puede introducir la vanidad de ser
admirado por lo prodigioso, y se abandona el camino de humildad.
Jesús podía
usar su poder, no sólo en los milagros para ser admirado y admitido por todos.
Pero quedaría oculta – u oscurecida- la manifestación del amor, un amor
que no puede esconder ni un ápice de amor propio; y es precisamente en la cruz
en la que la máxima humildad revela el mayor amor.
Tentar a Dios
La tentación
es contra el mismo Dios como se ve en la respuesta de Jesús: "Escrito está
también: No tentarás al Señor tu Dios". ¿Es posible tentar a Dios? Sí. No
porque Dios pueda pecar, cosa imposible; sino, en el sentido de que Él se
decida a cambiar su proyecto de salvación; la tentación, esta vez, se dirige a
que Jesús rechace el camino más difícil, que es el del dolor y la expiación, el
de la muerte y el del sacrificio, y le propone el de utilizar el de una
salvación evidentemente sobrenatural que, prácticamente, le asegure el éxito
entre los suyos. Otro camino de salvación, sí; pero menos reveladora del amor.
Y Cristo, el
Hijo, elige la sabiduría del amor del Padre; rechaza el camino del triunfo
humano lejos del camino de la humildad, tan rodeado de piedras, persecuciones,
insultos y muerte. ¿Acaso no puede arrasar a todos los perseguidores y
aplastarlos como gusanos? Sí puede, pero el camino humilde permite encontrar
excusas a los díscolos y tratarles con misericordia, aunque con la estricta
justicia sólo merecerían castigo e ira. No tentar a Dios es confiar en su
misericordia y su decreto de salvación del hombre a través de un sacrificio
perfecto, oculto a los ojos del mundo.
La tercera
tentación
La tercera
tentación es aún más honda. Jesús se proclamará, como había sido profetizado,
rey de justicia, de paz, de prosperidad, de victoria, y ahí incidirá la
seducción: "De nuevo lo llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró
todos los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: Todas estas cosas te daré si
postrándote me adoras". Puede parecer un acoso alocado, pero es en esta
tentación donde la frialdad de la astucia diabólica es mayor y la lucha más
frontal. Le propone un reino donde impere la justicia, la ley buena, la paz. El
diablo le dice: “somos inteligentes, podemos organizar un reino de
justicia. Toma el poder político, impón un reino en el que todos puedan, y
deban, ser justos; y así podrán alcanzar la salvación que tú propones. No está
fuera de tus posibilidades organizar un movimiento que llegue más lejos que lo
que realizó un hombre como Alejandro Magno”. Y ante los ojos de Cristo
desfilan los reinos humanos que se han sucedido en la historia desde las formas
de organización más rudimentarias y primitivas, en las que tantos hombres
sobrevivieron malviviendo, hasta las grandes como Babilonia, China, India,
Persia, Grecia, Roma; y el esplendor de esos reinos refulge lleno de gloria.
¿Será posible hacer algo mejor? Es posible, es más, es deseable para unos
hombres que suspiran por la paz, la justicia, la libertad y la prosperidad. Si
además es un reino religioso, mejor que mejor: será nada menos que el reino de
Dios entre los hombres. Dios en las leyes, en la economía, en el arte, en las
ciencias, en la convivencia, en la familias y en toda organización humana.
Pero hay
dificultades que el diablo oculta, y no en vano será llamado por Jesús
"príncipe de este mundo". Es fácil que los poderosos con el poder; se
cieguen, se sirvan a sí mismos, se mundanicen en todos los sentidos de la
palabra. Pero, sobre todo, se trata de que los hombres conviertan su corazón,
que el reino de Dios anida en su interior y después se transmita a lo exterior.
Dios respeta la libertad de los hombres, no quiere imponerse desde arriba, sino
desde el amor personal.
La respuesta
de Jesús
La respuesta
de Jesús es más tajante que en los casos anteriores: "Entonces le
respondió Jesús: Apártate Satanás". Ya no puede soportar más insidia, y
hace un acto de acatamiento a la sabiduría amorosa del Padre. Dios sabe más; el
reino será realidad en los que quieran: no será quitada la libertad a los
hombres. Cierto que la pueden usar para burlarse de Dios, pero siempre tendrán
al alcance su misericordia. El reino se realizará en cada corazón y a través de
cada hombre en su actividad humana, y de ahí a todas las estructuras humanas.
La existencia del pecado obstaculizará la justicia y el progreso; pero al final
el Padre me enviará como rey y como juez para los que quieren -mal o bien- la
libertad, esta es la grandeza humana y la sabiduría del Padre. Es difícil
aceptar la libertad, pero sin ella es imposible el amor, y en este reino es
esencial, hasta el punto de que no hay justicia posible sin libertad; todo el
engaño de la tentación está ahí: suprimir el amor de la creación y rechazar el
amor de Dios cuya gloria es la vida amorosa del hombre, no un engreimiento
soberbio del que quiere ser admirado, "pues escrito está: Al Señor tu Dios
adorarás y a El sólo darás culto". Esto es el reino de Dios: la justicia
de Dios entre los hombres y el que ellos veneren y acaten la perfección del
amor divino.
"Entonces
lo dejó el diablo, y los ángeles vinieron y le servían". Es el primer
triunfo en la primera batalla en el interior de Cristo y vence. Los ángeles,
que también habían vencido, se alegran con el triunfo del Hombre, y le
consuelan. Pero la suerte está echada; las batallas seguirán de un modo casi
continuo hasta el final especialmente en la Pasión.
Que la
gracia y la bendición del Padre se derrame sobre todos nosotros
El Servidor de la Palabra
lapalabra@...
Aportaciones
al foro Palabra Binaria
Palabra_Binaria@yahoogroups.com
Páginas
en Internet
Y para el
Foro Compartir
Publicar
mensaje: ForoCompartir_PB@yahoogroups.com
La Palabra es fuente de Vida: ¡Ayúdanos a
difundirla!
"Id por todo el mundo y proclamad la buena
noticia a toda criatura"
Marcos 16,15
Si recibiste este correo es porque te
suscribiste a él desde nuestro portal o porque algún amigo te recomendó con
nosotros. Bajo el decreto S.1618 titulo 3º aprobado por el 105 Congreso Base de
las Normativas Internacionales sobre SPAM, este mensaje no podrá ser
considerado SPAM mientras incluya una forma de ser removido.
Para darse de alta o de baja en la lista
del correo de la Palabra Binaria basta con mandar un mail a lapalabra@... con el
texto "Palabra Binaria" o "Quitar" en el asunto y vuestro
nombre en el cuerpo del mensaje. Otra forma de darse de alta o de baja es a
través de el foro de La Palabra Binaria, basta con mandar un
mail en blanco a Palabra_Binaria-subscribe@yahoogroups.com
si os queréis dar de alta y para cursar baja usad Palabra_Binaria-unsubscribe@yahoogroups.com
Se hará de forma automática.
Este mensaje y los documentos que, en su
caso lleve anexos, pueden contener información confidencial. Por ello, se
informa a quien lo reciba por error que la información contenida en el mismo es
reservada y su uso no autorizado está prohibido legalmente, por lo que en tal
caso le rogamos que nos lo comunique por la misma vía, se abstenga de realizar
copias del mensaje o remitirlo o entregarlo a otra persona y proceda a borrarlo
de inmediato. Gracias.
This document together with
any documents attached may contain confidential information. You are informed
that if you should receive it by mistake, the information it contains is
reserved and its use is not authorised. It is legally prohibited. If you have
received this message by mistake, please let us know as soon as possible by
e-mail. Do not make any copies of the message, nor send it or give it to
anybody else. Please delete it right away. Thank you.