La Palabra Binaria
Publicación diaria para la Iglesia Católica
Miércoles de
la cuarta
XXVIII del
tiempo ordinario
Santa Teresa
de Ávila
Pagáis el diezmo de la menta y de la ruda y de todas
las legumbres, y olvidáis la justicia y el amor de Dios
Gálatas
5,18-25
18 Pues si os dejáis conducir por el
Espíritu, no estáis bajo la ley. 19
Ahora bien, las obras de la carne son bien claras: lujuria, impureza,
desenfreno, 20 idolatría, supersticiones, enemistades,
disputas, celos, iras, litigios, divisiones, partidismos, 21 envidias, homicidios, borracheras, comilonas y cosas
semejantes a éstas. Os advierto, como ya antes os advertí, que los que se
entregan a estas cosas no heredarán el reino de Dios. 22 Por el contrario, los frutos del Espíritu son: amor, alegría,
paz, generosidad, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre,
continencia; contra estas cosas no hay ley. 24
Los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y
concupiscencias. 25 Si vivimos por el Espíritu, dejémonos
conducir por el Espíritu.
Salmo 1,1-4.6
1 Dichoso el hombre que no sigue el consejo
de los injustos,
ni anda por el
camino de los extraviados,
ni se sienta
en el banco de los cínicos;
2 sino que en la ley del Señor pone su amor
y en ella
medita noche y día.
3 Es como un árbol a orillas del arroyo,
que da el
fruto a su tiempo,
cuyas hojas no
se marchitan nunca;
en todo lo que
hace sale bien.
4 No así los injustos, no;
son como paja
que dispersa el viento.
6 Porque el Señor cuida el camino de los
justos,
pero el de los
injustos lleva a la ruina.
Lucas
11,42-46
42 Mas, ¡ay de vosotros, fariseos, que pagáis
el diezmo de la menta y de la ruda y de todas las legumbres, y olvidáis la
justicia y el amor de Dios! ¡Hay que hacer una cosa sin descuidar la otra! 43 ¡Ay de vosotros, fariseos, que os gusta ocupar los primeros
asientos en las sinagogas y ser saludados en las plazas! 44 ¡Ay de vosotros, que sois como sepulcros que nadie ve y
sobre los que caminan los hombres sin saberlo!». 45
Entonces uno de los doctores de la ley le dijo: «Maestro, hablando así nos
ofendes también a nosotros». 46 Y
él replicó: «¡Ay de vosotros también, doctores de la ley, que echáis sobre los
demás cargas insoportables, y vosotros no las tocáis ni con un dedo!
El Papa Juan
Pablo II dedicó una meditación mariana a proponer esta virtud que el Evangelio
de hoy nos presenta. “Hazte pequeño en las grandezas humanas, y
alcanzarás el favor de Dios” (Si 3, 17-18). Esta expresión bíblica va
contra corriente frente a la mentalidad que frecuentemente encontramos hoy en
día: sobresalir a toda costa, abrirse camino incluso con astucia y sin
escrúpulos, buscar los primeros puestos, la fama, los aplausos, los honores...
Las palabras
de Cristo son una invitación a mirar las cosas desde la perspectiva de la eternidad,
porque “todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será
enaltecido” (Lc 14, 11). Esta dura reprensión a los fariseos toma su
fuerza en el ejemplo que el mismo Cristo da con su vida: siendo Dios, pasó la
mayor parte de su vida oculto en Nazaret, sin mayor pretensión que dar gloria
al Padre cumpliendo su sencillo deber de cada día.
Es una
invitación que exige fe y sacrificio. El camino de la humildad no es fácil,
pero llena el corazón de paz y permite avanzar por la vida con la seguridad de
tener a Dios a nuestro lado. Que el ejemplo del Maestro y de la Virgen María,
que se declaró siempre la esclava
Santa Teresa
de Jesús
Martirologio
Romano: Memoria de santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia, que
nacida en Ávila, ciudad de España, y agregada a la Orden de los Carmelitas,
llegó a ser madre y maestra de una observancia más estrecha, y en su corazón
concibió un plan de crecimiento espiritual bajo la forma de una ascensión por
grados del alma hacia Dios, pero a causa de la reforma de su Orden hubo de
sufrir dificultades, que superó con ánimo esforzado, y compuso libros en los
que muestra una sólida doctrina y el fruto de su experiencia (1582).
Etimología:
Teresa = Aquella que es experta en la caza, viene del griego
Nacida en
Ávila el año 1515, Teresa de Cepeda y Ahumada emprendió a los cuarenta años la
tarea de reformar la orden carmelitana según su regla primitiva, guiada por
Dios por medio de coloquios místicos, y con la ayuda de San Juan de la Cruz
(quien a su vez reformó la rama masculina de su Orden, separando a los
Carmelitas descalzos de los calzados). Se trató de una misión casi inverosímil
para una mujer de salud delicada como la suya: desde el monasterio de San José,
fuera de las murallas de Avila, primer convento del Carmelo reformado por ella,
partió, con la carga de los tesoros de su Castillo interior, en todas las
direcciones de España y llevó a cabo numerosas fundaciones, suscitando también
muchos resentimientos, hasta el punto que temporáneamente se le quitó el
permiso de trazar otras reformas y de fundar nuevas cases.
Maestra de
místicos y directora de conciencias, tuvo contactos epistolares hasta con el
rey Felipe II de España y con los personajes más ilustres de su tiempo; pero
como mujer práctica se ocupaba de las cosas mínimas del monasterio y nunca
descuidaba la parte económica, porque, como ella misma decía: “Teresa,
sin la gracia de Dios, es una pobre mujer; con la gracia de Dios, una fuerza;
con la gracia de Dios y mucho dinero, una potencia”. Por petición del
confesor, Teresa escribió la historia de su vida, un libro de confesiones entre
los más sinceros e impresionantes. En la introducción hace esta observación:
“Yo hubiera querido que, así como me han ordenado escribir mi modo de
oración y las gracias que me ha concedido el Señor, me hubieran permitido
también narrar detalladamente y con claridad mis grandes pecados. Es la historia
de un alma que lucha apasionadamente por subir, sin lograrlo, al
principio”. Por esto, desde el punto de vista humano, Teresa es una
figura cercana, que se presenta como criatura de carne y hueso, todo lo
contrario de la representación idealista y angélica de Bernini.
Desde la niñez
había manifestado un temperamento exuberante (a los siete años se escapó de
casa para buscar el martirio en África), y una contrastante tendencia a la vida
mística y a la actividad práctica, organizativa. Dos veces se enfermó
gravemente. Durante la enfermedad comenzó a vivir algunas experiencias místicas
que transformaron profundamente su vida interior, dándole la percepción de la
presencia de Dios y la experiencia de fenómenos místicos que ella describió más
tarde en sus libros: “El camino de la perfección”,
“Pensamientos sobre el amor de Dios” y “El castillo
interior”.
Murió en Alba
de Tormes en la noche del 14 de octubre de 1582, y en 1622 fue proclamada
santa. El 27 de septiembre de 1970 Pablo VI la proclamó doctora de la Iglesia.
Cristología
XX
La Pasión (I/VIII)
El Domingo de Ramos
El comienzo
El primer día
de la semana se pone Jesús en marcha hacia Jerusalén. "Caminaba delante de
ellos" (Lc). Debían ser entre cincuenta y cien personas, contando hombres
y mujeres, los que formaban la peregrinación. El primer kilómetro de subida
transcurrió en silencio por parte de Jesús y con una progresiva animación de
todos. Animados, pero vigilantes. No quieren que se dé un ataque por parte de
los enemigos de Jesús. Están dispuestos a defenderle. Jesús calla, pues sabe
bien lo que valen esas valentías, y cómo se va a necesitar mucho más en aquella
batalla tan distinta de las que suelen suceder entre los hombres.
Al llegar a
la cumbre de la pequeña pendiente de Betania hacia Jerusalén ocurre un hecho
significativo. Se paran y habla Jesús, "al llegar a Betfagé, junto al
Monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: Id a esa
aldea que veis enfrente y encontraréis en seguida un asna atada, con su pollino
al lado; desatadlos y traédmelos. Si alguien os dijera algo, respondedle que el
Señor los necesita, y al momento los soltará. Esto sucedió para que se
cumpliera lo dicho por medio del Profeta: ´Decid a la hija de Sión: He aquí que
viene a tu Rey con mansedumbre, sentado sobre un asno, sobre un borrico, hijo
de burra de carga"(Mt).
Los símbolos
Muchas cosas
está diciendo Jesús con ese gesto. Diez siglos antes entró en la ciudad
construida por David su hijo Salomón montado en un borrico. Las gentes de la
ciudad aclamaron al hijo de David con gritos de hossana. Por otra parte la
profecía de Zacarías dice que el Rey de Israel va a entrar en la ciudad del
monte Sión montado en un pollino como rey de paz. El hecho de que sea un
pollino, y no su madre, muestra lo novedad de los tiempos. La borrica simboliza
al antiguo Israel, el pueblo de la Antigua Alianza. El pollino aún no montado
por nadie es la montura real y mansa del rey de la nueva alianza. El lenguaje
de los símbolos es claro para gentes acostumbradas a leer en ellos. Jesús monta
y se reanuda lentamente el camino, que ya es descenso hacia Jerusalén.
La comitiva
"Los
discípulos marcharon e hicieron como Jesús les había ordenado. Trajeron el asna
y el pollino, pusieron sobre ellos los mantos y le hicieron montar
encima". La comitiva crece. Era costumbre entre las gentes reunidas para
la Pascua recibir con gritos y cánticos a los nuevos grupos que llegaban. Los
acompañantes de Jesús también lo hacen. La figura de Jesús destaca en el
conjunto. Las gentes se preguntan quién es el recién llegado. Los que le
conocen lo dicen. Era conocido de muchos sus milagros en todas partes y su
anuncio del reino de Dios. La resurrección de Lázaro ya había corrido de boca
en boca. Muchos venían de Galilea o de otros lugares más frecuentados por el
Señor. En aquellos momentos residían en Jerusalén unas cincuenta mil personas,
a las que se añadía en campamentos alrededor de la ciudad cuatro veces más de
peregrinos. El monte de los olivos estaba muy lleno de gente. De pronto,
comienza un entusiasmo que va creciendo y "una gran multitud extendió sus
propios mantos por el camino; otros cortaban ramas de árboles y las echaban por
el camino; las multitudes que iban delante y detrás de él, clamaban diciendo:
¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna
en las alturas!"(Mt). Es posible que en la mente de muchos, también de los
discípulos, estuviese la idea de que por fin se decidía a manifestar claramente
su mesianidad y su realeza. Se entusiasman, ponen su mantos a los pies del
borriquillo, toman ramas agitándolas, y gritan contentos. Con el alboroto se
corre más la voz. Y Jesús acepta la alabanza. En otras ocasiones había
rechazado los entusiasmos del pueblo; ahora los quiere, es más: da pie a que se
den. Está declarándose rey ante el pueblo en la misma Jerusalén.
La alabanza a
Jesús como hijo de David se extiende al cielo en alabanza a Dios:
"Hossanna en las alturas". Dios ha tenido misericordia del pueblo y
les envía un liberador, un rey de paz y de justicia. ¡Alabado sea Dios!
En el camino
Avanza el
grupo entre aclamaciones y le siguen muchos, que se arraciman en torno a Jesús.
El avance es lento. La ciudad está a la vista. Entre el monte de los olivos y
Jerusalén está el torrente de Cedrón. La vista es magnífica. Enfrente la mole
grandiosa del Templo; al norte la torre Antonia donde está la guarnición romana
dominando la ciudad; al lado opuesto el palacio de Herodes defendido por tres
torres casi inexpugnables; en torno la doble muralla, que protegía la ciudad,
palacios deslumbrantes en el monte Sión y casas apiñadas con callejas
estrechas. El Templo domina todo con sus murallas ciclópeas, (una auténtica
maravilla) con sus puertas monumentales, torres y enormes explanadas, y
cubierto de plata y mármol, como una montaña de nieve llena de luz aquella
mañana de primavera. Un grito de admiración sale de los peregrinos cuando se
comienza a ver el Templo.
Jesús llora
Ante este
espectáculo Jesús se detiene, fija su vista en la ciudad y en el Templo, y,
ante la sorpresa de todos, llora diciendo: "¡Si conocieras también tú en
este día lo que te lleva a la paz!; sin embargo, ahora está oculto a tus ojos.
Porque vendrán días sobre ti en que no solo te rodearán tus enemigos con
vallas, y te cercarán y te estrecharán por todas partes, sino que te aplastarán
contra el suelo a ti y a tus hijos que están dentro de ti, y no dejarán en ti
piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de la visita que se te ha
hecho"(Lc). Pocos días antes, había llorado Jesús ante la tumba de su
amigo Lázaro, porque lo amaba. Ahora llora porque ama a la ciudad Santa, ama a
los hombres y a la patria donde ha nacido. Pero ve la realidad, ve la ruina que
va a caer sobre ella. En el año 70, después de una rebelión promovida por los
celotas, los romanos, guiados por Tito, la cercarán, y pondrán precisamente sus
fortificaciones en el monte de los olivos. La batalla fue terrible y el Templo
será destruido por completo. En el año 135 ante una nueva rebelión encabezada
por Bar Kochba, el emperador Claudio mandó la total destrucción de la ciudad
hasta los cimientos, y mandó construir en su lugar una ciudad romana que llamó
Aelia Capitolina. Jesús sabe que estos hechos serán duros y terribles. Serán un
castigo por la dureza de corazón que va a manifestar especialmente estos días,
en que no ha sabido reconocer la paz que viene del cielo. Los que le rodean le
aclaman, pero Él sabe bien el valor de lo que tiene delante de los ojos.
Los fariseos
En aquellos
momentos "Algunos fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro,
reprende a tus discípulos. Él les respondió: Os digo que si éstos callan
gritarán las piedras"(Lc). Aquellos hombres no pueden aguantar las
aclamaciones a Jesús. Quizá, piensan, se produzca ya el movimiento de masas tan
temido, y que Jesús pase de su apostolado con pequeños grupos a uno de masas,
llegando a arrastrar a toda la población. Sabemos el odio de muchos de ellos a
Jesús y la negación de su mesianidad y de su filiación divina. Más adelante
dirán entre sí: "Veis que no adelantamos nada. Todo el mundo se va detrás
de Él"(Jn). Las aclamaciones siguen en el Templo a la indignación de los
fariseos se unen los escribas y los saduceos. Es de notar que en el Templo los
hosanna los decían sobre todo los niños, por eso se quejan al Señor: "¿No
oyes lo que dicen éstos? Jesús les contestó: Sí. ¿No habéis leído nunca que de
la boca de los pequeñitos y de los niños de pecho te has hecho
alabar?"(Mt). Lo alaban como Rey descendiente de David, como había sido
vaticinado. Aquellos hombres rechazan su testimonio.
Jesús llega a
la ciudad, cura a enfermos y enseña
Jesús entró
en la ciudad por la puerta Dorada, cerca del Templo. Allí "se le acercaron
unos ciegos y cojos y los curó"(Mt). Después de esto "enseñaba a
diario en el Templo y los príncipes de los sacerdotes y los escribas, con los
jefes del pueblo, querían matarlo. Pero no veían cómo lo realizarían, porque
todo el pueblo estaba pendiente de sus labios" (Lc). No podían provocar
una revuelta. Pero una vez más Jesús tampoco aprovecha su éxito para conseguir
una meta política. Habría podido aprovechar las aclamaciones de la multitud y
con gentes dispuestas a todo, que las tenía, hacer grupos de activistas, tomar
el poder y hacer valer su ley, superando los abusos religiosos y económicos de
los poderosos. Pero no lo hace así, sigue con la predicación, deja que se
serenen los ánimos, y al caer la tarde, después de examinarlo todo, vuelve a
Betania con los Doce y los demás. A los ojos de algunos parece que no explota
el éxito de su aclamación como rey, y de hecho, no actúa como un aspirante a un
reinado humano.
Llega la hora
de la glorificación
Aquella tarde
sucedió algo que llenó de entusiasmo a Jesús y nos revela su mente en aquél
día. Se trata de unos gentiles que quieren ver a Jesús. "Entre los que
subieron a adorar a Dios en la fiesta había algunos griegos; éstos se acercaron
a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaban diciendo: Señor, queremos ver
a Jesús. Fue Felipe y se lo dijo a Andrés, y Andrés y Felipe fueron y se lo
dijeron a Jesús. Jesús les contestó: Ha llegado la hora de que sea glorificado
el Hijo del Hombre"(Jn). Se alegra Jesús con los primeros frutos de fe en
aquellos que vivían lejos del pueblo elegido. Pero lo central en su pensamiento
y su corazón es la cercanía de su muerte y la gloria del Padre. Por eso dice:
"En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no muere al caer en
tierra, queda infecundo; pero si muere, produce mucho fruto. El que ama su vida
la perderá, y el que aborrece su vida en este mundo, la guardará para la vida
eterna. Si alguien me sirve que me siga, y donde yo estoy allí estará también
mi servidor; si alguien me sirve, el Padre le honrará". Grano de trigo que
muere, fecundidad tras el morir, ser el siervo de Yavé que lleva sobre sí los
pecados y la muerte, fecundidad unida al sacrificio.
El estado de
ánimo de Jesús
¿Y cual era
el estado de ánimo de Jesús? Él mismo lo dice: "Ahora mi alma está
turbada". Sentimiento de dolor, de angustia, de preocupación, de
conciencia de lo que va suceder. Hay lucha en su interior. Pero se crece ante
esta turbación de su alma; "y ¿qué diré?: ¿Padre, líbrame de esta
hora?". No quiere la liberación del dolor, quiere la liberación del
pecado. Sabe que éste es el momento crucial de la entrega y el sentido de su
vocación. Sabe que es el mediador único, el sacerdote de la nueva alianza, y
añade: "sí; para eso vine a esta hora. ¡Padre, glorifica tu nombre!".
Es un grito que sale del alma, es una oración externa de lo que bulle
intensamente en su interior. Quiere la gloria del Padre por encima de todo. Y
entonces el Padre responde, y "vino una voz del cielo: Lo he glorificado y
de nuevo lo glorificaré"(Jn). La gloria con que había de glorificar al
Hijo es su unión total; la gloria que vendrá será la nueva vida resucitada.
El juicio de
este mundo
"La
multitud que estaba presente, decía: Ha sido un trueno. Otros decían: Un ángel
le ha hablado. Jesús respondió: Esta voz no ha venido por mí, sino por
vosotros. Ahora es el juicio de este mundo, ahora el príncipe de este mundo va
a ser arrojado fuera. Y yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos
hacia mí. Decía esto señalando de qué muerte iba a morir"(Jn). La cruz se
anuncia cada vez más clara en sus palabras: el pecado y el diablo van a ser
vencidos del único modo que ellos no pueden deformar: con la humildad y el
amor. "La multitud le replicó: Nosotros hemos oído en la Ley que el Cristo
permanece para siempre; entonces, ¿cómo dices tú: Es necesario que sea
levantado el Hijo del Hombre? ¿Quién es este Hijo del Hombre?". Muerte y
vida parecen inconciliables. El Cristo vive para siempre, pero quiere pasar por
la muerte; éste va a ser el hecho central de aquellos momentos. Aceptar esto va
ser el centro de la fe; el eje para acceder a la inteligencia de Dios mismo y
de su enviado Jesucristo. "Jesús les dijo: Todavía por un poco de tiempo
está la luz entre vosotros. Caminad mientras tenéis la luz, para que las
tinieblas no os sorprendan; pues el que camina en tinieblas no sabe a dónde va.
Mientras tenéis la luz, creed en la luz para que seáis hijos de la luz. Jesús
les dijo estas cosas, se marchó y se ocultó de ellos"(Jn). Las tinieblas
lo llenarán todo dentro de poco. No deben confiar sólo en sus propias luces,
deben crecer en la fe, entrar en la sabiduría de Dios, en la sabiduría de la
cruz. La falta de visión sobrenatural llevará a no entender nada y huir de
aquel amor total.
Jesús calla
Acaba el día
y Jesús desanda el camino de Jerusalén a Betania. El silencio llena los
corazones. Alegría por los hosannas, pero sorpresa por la vuelta silenciosa.
Jesús calla. Durante aquella noche seguirá hablándoles del sentido de todo lo
que está pasando, para que entiendan. Pero entender no era fácil. Va a ocurrir
aquellos días el misterio más grande de la historia, el misterio de un amor de
verdad.
Que la
gracia y la bendición del Padre se derrame sobre todos nosotros
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