Publicación diaria para
Lunes de la
primera
I de Adviento
San Eloy
Muchos del
oriente y del occidente vendrán y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el
reino de Dios.
Isaías 2,1-5
1 Visión de Isaías, hijo de Amós,
acerca de Judá
y Jerusalén.
2 Sucederá en los días venideros
que el monte
de la casa del Señor
será afincado
en la cima
de los montes
y se alzará
por encima
de los
collados.
Afluirán a él
todas las gentes,
3 vendrán muchos pueblos y dirán:
Venid, subamos
al monte del Señor,
a la casa del
Dios de Jacob,
para que nos
enseñe sus caminos
y caminemos
por sus sendas.
Pues de Sión
saldrá la ley
y de Jerusalén
la palabra del Señor.
4 Él gobernará las naciones
y dictará sus
leyes a pueblos numerosos,
que trocarán
sus espadas en arados
y sus lanzas
en hoces.
No alzará ya
la espada
pueblo contra
pueblo
ni se
entrenarán ya para la guerra.
5 Casa de Jacob, venid;
caminemos a la
luz del Señor.
Salmo 121,1-9
1 Canción de las subidas. De David
¡Qué alegría
cuando me dijeron:
«Vamos a la
casa del Señor»!
2 Ya estamos en tus puertas, oh Jerusalén:
3 Jerusalén, la bien edificada,
la ciudad bien
unida.
4 Allí suben las tribus, las tribus del
Señor,
según la norma
de Israel,
para alabar el
nombre del Señor.
5 Allí están los tribunales de justicia,
los tribunales
de la casa de David.
6 Pedid la paz para Jerusalén:
«Que vivan
tranquilos tus amigos,
7 que reine la paz dentro de tus muros
y la
tranquilidad en tus palacios».
8 Por mis hermanos y compañeros, diré:
«La paz esté
contigo».
9 Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo la
felicidad.
Mateo 8,5-11
5 Al entrar Jesús en Cafarnaún, se le acercó
un oficial suplicándole: 6 «Señor, mi criado está paralítico en casa con
unos dolores terribles». 7 Jesús le dijo: «Yo iré a curarlo». 8 El oficial respondió: «Señor, no soy digno de que entres en
mi casa; dilo sólo de palabra, y mi criado quedará curado. 9 Porque yo, que soy un hombre sujeto al mando, tengo bajo
mis órdenes soldados, y digo a éste: "Vete", y va; y a otro:
"Ven", y viene; y a mi criado: "Haz esto", y lo hace». 10 Jesús, al oírlo, quedó admirado y dijo a los que lo
seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado a nadie con una fe como
ésta. 11 Muchos del oriente y del occidente vendrán
y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de Dios.
Jesús fue
enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Ni la mujer cananea, ni el
soldado romano eran parte del pueblo judío. Sin embargo, la voluntad de Jesús
“sucumbió” tanto en uno como en otro caso ante la insistencia de la
fe de estos paganos. ¡Qué extraño y maravilloso poder tiene la fe cuando es
capaz de hacer cambiar hasta los planes de Dios! Y cuando además, la fe procede
de la confianza y la humildad... ¿Qué no podrá lograr del omnipotente poder de
Dios?
Jesús
aprovecha la circunstancia del encuentro con el centurión para advertir a los
judíos su falta de fe. La carencia de ella en éstos, en contraste con la fe de
aquellos que no pertenecían al pueblo de
Si la vivencia
de los sacramentos no es asidua, si no nos mueve a crecer, a pedir perdón y a
levantarnos; si ya no tenemos tan claro en nuestra mente y corazón que hemos
sido llamados personalmente por el Señor a la plena felicidad; entonces, es
quizás el momento de escuchar de nuevo las palabras que Cristo nos dirige. Y
más aún, es hora de renovar nuestra conciencia y nuestra respuesta a Cristo.
Nada de lo que digamos o hagamos es indiferente ante Él. La fe es capaz de
mover montañas... Si fuera auténtica sería capaz de mover hasta al mismo
Dios... ¿A qué estamos esperando?
San Eloy
El hijo de
Euquerio y de Terrigia parece que desde el comienzo de su existencia estuvo
bajo el signo de la predilección divina. Así lo asegura la leyenda de su vida.
Despierto de inteligencia y hábil en el empleo de sus manos. Aprendiz de
platero de los de antes, es decir, de los que tienen que martillear el metal
para sacarle de las entrañas la figura que el artista tiene en su mente. Tanta
destreza adquirió que el rey Clotario II, su hijo Dagoberto luego y su nieto
Clovis II después, lo tuvieron como propio en la corte para los trabajos que en
metales preciosos naturalmente necesitan los de sangre azul que viven en
palacios y tienen que solventar compromisos sociales, políticos y hasta militares
con sus iguales.
Pero lo que
llamó poderosamente la atención de estos principales del país galo no fue sólo
su arte. Eso fue el punto de arranque. Luego fue el descubrimiento de su entera
personalidad profundamente honrada. Un hombre cabal. De espíritu recto.
Cristiano más de obras que de nombre. Piadoso en su soledad y coherente en la
vida. Prudente en las palabras y ponderado en los juicios. Un sujeto poco
frecuente en sus tiempos atiborrados de violencia.
El rey
Dagoberto, considerando los pros y contras, pensó que era el hombre ideal para
solucionar el antiguo contencioso que tenía con el vecino conde de Bretaña, lo
envió como legado y acertó en la elección por el resultado favorable que
obtuvo. No es extraño que Eloy o Eligio pasara a ser solicitado como consejero
de
Aparte de sus
sinceros rezos privados y del reconocimiento de su indignidad ante Dios
—cosa que le dignificaban como hombre—, supo compartir con los
necesitados los dineros que recibía por su trabajo. Patrocinó la abadía de
Solignac, a sus expensas nacieron otros en el Lemosin y, en París, la iglesia
de San Pablo.
No es
sorprendente que al morir el obispo de Noyon y de Tournay, el pueblo tuviera
sensibilidad para desear el desempeño de esa misión a Eloy y, menos sorprendente
aún, que el rey Clovis pusiera toda su influencia al servicio de esa causa.
Casi hubo que forzarle a aceptar. Ordenado sacerdote y a continuación
consagrado obispo, se dedicó a su misión pastoral con el mejor de los empeños
en los diecinueve años que aún el Señor le concedió de vida. Fueron frecuentes
las visitas pastorales, se mostró diligente en el trato con los sacerdotes, se
tiene por ejemplar su disciplina de gobierno y esforzado en la superación de
las dificultades para extender el Evangelio allí donde rebrotaba la idolatría
pagana o echaban raíces los vicios de los creyentes. Hasta estuvo presente en
el concilio de Chalons-sur-Seine, del 644.
Este artífice
de los metales nobles y de las gemas preciosas que no se dejó atrapar por la
idolatría a las cosas perecederas ha sido adoptado como patrono de los
orfebres, plateros, joyeros, metalúrgicos y herradores. Ojalá los que
asiduamente tienen entre sus manos las joyas que tanto ambicionan los hombres
sepan sentirse atraídos por los bienes que no perecen.
Cristología
XXXIX
Los signos de Jesús (I/XXI)
Una parte
importante en la aceptación que Jesús encontró fué por la abundancia de
milagros que hacía. Jesús rodea su predicación del reino de muchas curaciones y
expulsiones de demonios.
Los milagros
son el lenguaje de Dios. La naturaleza habla de la gloria de Dios. Para los
ojos despiertos, que no están nublados por la rutina, toda la creación es un
canto de alabanza al Creador que pregona: Él nos ha hecho. La belleza del mundo
es palabra hermosa que habla de Dios. Todo habla de Dios y de su esplendor de
gloria. Pero el milagro tiene un lenguaje especial. Es el lenguaje privado de
Dios. Sólo Él puede emitir una palabra que vaya más allá de los límites que ha
querido establecer en la naturaleza. Los milagros hablan del amor omnipotente
del eterno. Y Dios habla en Jesús con tantos milagros que, al cabo de los tres
años, casi se acostumbran a esa grandeza. Todos los milagros de Jesús son para
el bien; nunca realiza ningún milagro para castigar o hacer caer fuego del
cielo sobre los injustos o los malhechores. Los que los observan, ven el dedo
de Dios que señala: mirad a mi Hijo. Los beneficiados se gozan. Los ciegos se
llenan de alegría, al ver; los paralíticos saltan de gozo, y los leprosos
estrenan nueva convivencia al quedar limpios.
Es
significativa la cantidad de milagros destinada a sanar las enfermedades. El
dolor es un efecto del pecado de origen. Cristo, al vencer al dolor, quiere
demostrar que viene a vencer a su causa que es el pecado. No sana todas las enfermedades,
sólo unas pocas, aunque sean cientos. Porque el dolor se va a convertir en
instrumento del amor más grande. Gran misterio el del dolor; pero mayor aún el
del amor que, en el dolor, no deja de querer. Jesús dará a conocer su
mesianidad por medio de los milagros, pero cada milagro será un signo elocuente
de lo que viene a traer al mundo: una felicidad nueva, traída por un amor
generoso y fuerte, que llega de lo Alto.
La boda de
Caná
Jesús acudió
con los discípulos y María a Caná, donde realiza el primer milagro. La
importancia de María, la madre de Jesús, en este encuentro es muy grande. Los
discípulos dejan todo para seguir a Jesús. Pero saben poco de Él. Es lógico que
les agradase conocer a
María está
con Jesús en la fiesta de la boda, se fija en todo y en un momento determinado
dice a su Hijo: "no tienen vino"(Jn). Es una petición de doble
intención, pues, de una parte, le pide ayuda en una pequeña dificultad
doméstica; de otra le plantea que se manifieste como Mesías con un milagro.
Y la primera
reacción de Jesús parece negativa: "¿qué nos va a ti y a mí, aún no ha
llegado mi hora"; se cruzan las miradas. María amablemente compenetrada
con su Hijo dice en voz baja a los sirvientes: "Haced lo que Él os
diga" (Jn). Entonces Jesús se levanta, se dirige a los sirvientes y les
indica que llenen las hidrias de agua, unos seiscientos litros, trabajo pesado.
Obedecen. Y se realiza el milagro de convertir el agua en vino de gran calidad
lo que sorprende tanto al maestresala y así se lo comenta a los novios. Se
debió hacer un cierto revuelo. Jesús se retira. Acaba de comenzar la ola de
milagros, signos de los tiempos mesiánicos, tiempos de abundancia, de alegría,
de curación. Entonces, los discípulos se dan cuenta de lo que ha pasado. Están
ante alguien más grande de lo que en un principio pensaban. Un milagro sólo se
puede hacer con el poder de Dios, y ellos han visto con sus propios ojos lo que
ha sucedido. "Y creyeron en Él"(Jn) como Mesías. El papel de María es
fundamental en este inicio. Después tendrán ocasión de conocer a esta mujer tan
sencilla que es, nada más y nada menos, que
Que la
gracia y la bendición del Padre se derrame sobre todos nosotros
El Servidor de la Palabra
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