Publicación diaria para
Jueves de la
cuarta
IV del tiempo
ordinario
San Felipe
de Jesús
Llamó a los doce y los envió
Hebreos
12,18-19.21-24
18 Porque no os habéis acercado a una montaña
que se pueda tocar con la mano, como los israelitas. No os habéis enfrentado al
fuego ardiente, al torbellino, a la oscuridad densa, a la tempestad, 19 al sonido de la trompeta y al clamor de las palabras que
aquéllos oyeron, y suplicaron que no les volviera a hablar Dios.
21 Y el espectáculo era tan terrible que
Moisés dijo: Estoy aterrado y temblando. 22
Vosotros, en cambio, os habéis acercado a la montaña de Sión, a la ciudad del
Dios vivo,
Salmo 47,2-4.9
2 Grande es el Señor y digno de alabanza
en la ciudad
de nuestro Dios, su monte santo.
3 Hermosa altura, alegría del mundo el monte
Sión,
confín del
norte, capital del gran rey.
4 En los palacios de Sión,
Dios se
manifiesta como fortaleza.
9 Lo que habíamos oído lo hemos visto
en la ciudad
del Señor omnipotente,
en la ciudad
de nuestro Dios:
Dios la ha
afirmado para siempre.
Marcos
6,7-13
7 Llamó a los doce y los envió de dos en
dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. 8 Les ordenó que, aparte de un bastón, no llevasen nada para
el camino: ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja; 9 que fueran calzados con sandalias, pero que no llevaran dos
túnicas. 10 También les dijo: «Quedaos en la casa en
que entréis hasta que dejéis aquel lugar; 11 y
si no os reciben ni os escuchan, al salir de allí sacudid el polvo de vuestros
pies en testimonio contra ellos». 12
Ellos se fueron a predicar que se convirtieran; 13
echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
Realmente es
muy hermoso vivir una semana de misiones. Cristo manda hoy a sus apóstoles para
que le preparen el camino. Les da las instrucciones para que lo hagan con
prontitud y haciendo el mayor bien posible.
No todos los
hombres de hoy pueden ir de misiones a los pueblos perdidos en las selvas o las
montañas. Pero sí pueden vivir su día a día como si estuvieran de misiones. La
misión no es estar en un pueblo perdido en los bosques del África, sino que es
la evangelización de todos los hombres para Dios. Tú puedes ser un misionero en
medio de tu trabajo, en medio de tus amigos, en la escuela, en la calle, de
compras... lo único que necesitas es vivir fielmente tus compromisos de
cristiano, y así darás testimonio de la verdad, porque las palabras mueven,
pero el ejemplo arrastra.
San Felipe de
Jesús
Un poco de
historia
De padres
españoles, nació Felipe de las Casas Martínez en
A los 21 años
se encontraba en las Islas Filipinas, a donde había ido en busca de aventura.
Las personas que viajaban a ese lugar, en aquellos tiempos, no lo hacían
generalmente por motivos piadosos. Ni tampoco predominaba lo espiritual en el
ambiente de Manila, ciudad conquistada apenas en 1571. En ésta lo común era ver
gente ocupada con planes de conquista militar y haciendo planes para el
comercio. Ahí decidió Felipe ingresar a la orden de los Franciscanos y escogió
el nombre Felipe de Jesús. Entró al convento de Santa María de los Ángeles de
Manila. Un año más tarde, Jesús hizo su profesión religiosa. Cuando tres años
después se acercaba el tiempo de su ordenación, el 12 de julio de 1596, partió
rumbo a México en barco. En Filipinas no se podía ordenar porque no había un
obispo. El viaje de Filipinas a América era una aventura peligrosa y el viaje
podía durar hasta siete u ocho meses. La travesía del barco en el que iba Felipe
estuvo a punto de ser desastrosa. Durante un mes la nave estuvo a la deriva,
arrojada por las tempestades de un lado a otro hasta que, destrozada y sin
gobierno, fue a dar a las costas del Japón.
En Japón, no les
tenían confianza a los misioneros. Cuando ellos llegaron ahí no sabían qué les
iba a pasar y así pasaron varios meses. Fray Felipe de Jesús se refugió en
Meaco, donde los franciscanos tenían escuela y hospital. El 30 de diciembre
todos los frailes fueron hechos prisioneros junto con un grupo de cristianos
japoneses. Comenzó el martirio. El día 3 de enero les cortaron a todos la oreja
izquierda. Luego emprendieron una marcha en pleno invierno, por un mes, de
Tokyo a Nagasaki.
El 5 de
febrero, 26 cristianos fueron colgados de cruces sobre una colina en las
afueras de Nagasaki. Los fijaron a las cruces con argollas de hierro en el
cuello, en las manos y en las piernas. Los atravesaron con lanzas. El primero
fue Felipe de Jesús. Murió repitiendo el nombre de Jesús. Las argollas que
debían sostenerle las piernas estaban mal puestas, por lo que el cuerpo resbaló
y la argolla que le sujetaba el cuello comenzó a ahogarlo. Le dieron dos
lanzadas en el pecho que le abrieron las puertas de
Cristología
LV
Los signos de
Jesús (XVII/XXI)
La curación
del ciego de nacimiento
¡
Sin usar sus
poderes divinos, con la ayuda de sus discípulos, Jesús se escabulló de los que
querían apedrearle en medio de la confusión. Pero volvió al siguiente sábado al
Templo; allí realizará un milagro relacionado con todo lo que acababa de
suceder: la curación de un ciego de nacimiento, conocido de todos, porque pedía
en el mismo Templo. Este milagro tendrá varias características importantes: una
vez más fue realizado en sábado, con lo que se renueva la polémica de la
curación del paralítico en
Todo comenzó
ante una pregunta de los discípulos al ver a un ciego de nacimiento en el
Templo."Y al pasar vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y le
preguntaron sus discípulos: Rabbí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que
naciera ciego?".
"Respondió
Jesús: Ni pecó éste ni sus padres, sino que eso ha ocurrido para que las obras
de Dios se manifiesten en él"(Jn). Cosa que sucederá, en este caso, con el
milagro de su curación, pero que ocurre en todo dolor cuando el paciente sabe
convertirlo en ocasión de amar, perseverando en el amor cuando se vive con
salud y prosperidad. Luego, Jesús repite la declaración que había hecho hacía
poco: "es necesario que nosotros hagamos las obras del que me ha enviado
mientras es de día, pues llega la noche cuando nadie puede trabajar. Mientras
estoy en el mundo soy luz del mundo"(Jn). El día son los años de su
permanencia entre los hombres; la noche, su muerte. Aunque también se puede
interpretar el día como vivir con Jesús por la gracia, y la noche el
alejamiento que lleva a las tinieblas. La declaración de ser luz del mundo
adquiere matices nuevos mirando al ciego que no ve la luz de la tierra.
"Dicho
esto, escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, aplicó lodo en sus ojos y
le dijo: Anda, lávate en la piscina de Siloé -que significa Enviado-".
Todo tiene aquí su significado. Hacer lodo en sábado equivale a trabajar. Según
las interpretaciones farisaicas, era como hacer ladrillos, incluso se decía que
poner saliva en los ojos era una actividad que quebrantaba el descanso del
sábado. Por otra parte, conocemos la importancia de la piscina de Siloé en la
fiesta de los Tabernáculos, y el mismo nombre de Enviado evoca a Jesús como el
Enviado que viene a curar a los hombres de sus enfermedades.
El ciego no
sabe quién es el que le mancha la cara, quizá escucha que se trata de barro. No
se le pide fe, ni se le dice que va ser curado, simplemente se le dice que se
lave en un lugar determinado. Él, quizá molesto, guiado por otros, se dirigió
donde se le decía. "Fue, pues, se lavó y volvió con vista". ¡Qué gran
sobresalto hubo de ser pasar de las tinieblas a la luz! ver a las personas que
antes sólo oía, percibir la grandeza del Templo y sus formas, captar todos los
matices de la luz, poder moverse con libertad. Y la alegría inunda su alma. Lo
dice a todos, su corazón no cabe en su pecho. Entonces pregunta quién le ha
puesto ese barro en los ojos con el deseo de conocerle, de saber quién es y
cómo lo ha hecho. "Los vecinos y los que le habían visto antes cuando era
mendigo decían: ¿No es éste el que estaba sentado y pedía limosna? Unos decían:
Es él. Otros en cambio: De ningún modo, sino que se le parece". Es lógica
la sorpresa ante la trasformación de un rostro sin mirada al mismo pero
iluminado por la vista y por la alegría. "El decía: Soy yo. Entonces le
preguntaban: ¿Cómo se te abrieron los ojos? El respondió: Ese hombre que se
llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos y me dijo: Ve a Siloé y lávate.
Entonces fui, me lavé y comencé a ver. Le dijeron: ¿Dónde está ése? Él
respondió: No lo sé"(Jn).
La cuestión
no acaba ahí; pues va a dar un giro insospechado al intervenir los fariseos que
no ven, o no quieren ver, las grandezas de Dios. Y se fijan en un precepto
humano que pretendía proteger otro divino, pero que, de hecho, lo ocultaba.
"Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día en
que Jesús hizo el lodo y le abrió los ojos. Y le preguntaban de nuevo los
fariseos cómo había comenzado a ver. El les respondió: Me puso lodo en los
ojos, me lavé y veo". Parece que les sorprende el hecho de la curación y quieren
cerciorarse por boca del interesado, que lo repite casi con las mismas palabras
a todos. Al oír que el milagro ha sido realizado en sábado, la curación
milagrosa pasa a un segundo lugar, como si no viniese de Dios y fuese una
cuestión secundaria. "Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre
no es de Dios, ya que no guarda el sábado. Pero otros decían: ¿Cómo puede un
hombre pecador hacer tales prodigios? Y había división entre ellos". Hasta
que vuelven al antiguo ciego que les mira con asombro, al constatar que los
fariseos, lejos de admirarse o agradecer semejante curación a uno de los suyos,
miembro de
Ceguera de
los judíos
Entonces
"Llamaron, pues, por segunda vez al hombre que había sido ciego y le
dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es un pecador".
Dar gloria a Dios es dar testimonio de la verdad, pero ellos eligen un falso
testimonio contra Jesús como pecador. En su vileza, piden que el curado sea
desagradecido y se pliegue a sus presiones. Pero no lo consiguen, pues "él
les contestó: Si es un pecador yo no lo sé. Sólo se una cosa: que yo era ciego
y ahora veo. Entonces le dijeron: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?".
Han perdido ya la paciencia, y están haciéndola perder al ciego, que no sale de
su asombro y empieza a comprender que se mueven por odio con sus corazones más
ciegos que sus ojos antes del milagro; "les respondió: Ya os lo dije y no
lo escuchasteis, ¿por qué lo queréis oír de nuevo? ¿Es que también vosotros
queréis haceros discípulos suyos?" La reacción de los inquisidores es
violenta pues "le insultaron y le dijeron: Tú serás discípulo suyo;
nosotros somos discípulos de Moisés. Sabemos que Dios habló a Moisés, pero ése
no sabemos de dónde es". No aceptan el testimonio de Jesús de que su Padre
es Dios y Él es el enviado de Dios para salvar a los hombres. Todo antes que
aceptar esa verdad. El ciego, que no sólo tiene vista en los ojos, sino que
está viendo con los ojos del alma la verdad de fondo que se está jugando
"les respondió: Esto es precisamente lo admirable, que vosotros no sepáis
de dónde es y que me abriera los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los
pecadores, sino que si uno honra a Dios y hace su voluntad, a éste le escucha.
Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de
nacimiento. Si ése no fuera de Dios no hubiera podido hacer nada". El
discurso del ciego que ahora ve está lleno de lógica y de fe. Todos los pasos
de su razonamientos son coherentes. El que no los ve es porque está ciego y
sufre la peor ceguera, la de no querer ver porque le ciega el pecado. La
respuesta es aún más violenta, y le expulsan de la sinagoga además acusándole
de pecador por ser ciego. Sorprendente lógica que bien concuerda con el error inicial
que manifestaron, sencillamente, los propios discípulos del Señor. "Ellos
le respondieron: Has nacido empecatado y ¿nos vas a enseñar tú a nosotros? Y lo
echaron fuera"(Jn)
El ciego y
Jesús
El ciego se va
lleno de confusión y dolor. De una parte la alegría de ver, de otra la
excomunión. ¿Por qué odian tanto a ese Jesús, del cual sólo conoce la voz, pero
aún no ha visto el rostro?
"Oyó
Jesús que lo habían echado fuera, y encontrándose con él le dijo: ¿Crees tú en
el Hijo del Hombre? El respondió: ¿Y quién es, Señor, para que crea en él? Le
dijo Jesús: Lo has visto; el que habla contigo, ése es. Y él exclamó: Creo,
Señor. Y se postró ante Él. Dijo Jesús: Yo he venido a este mundo para un
juicio, para que los que no ven vean, y los que ven, se vuelvan
ciegos"(Jn). Creer es ver por los ojos de otro. Creer es reconocer la
verdad. Creer es el medio para amar a Dios. Y el ciego ve con el cuerpo y con
el alma. Ahora sabe que Dios ha tenido misericordia de los hombres. Sabe que
Dios le quiere. Sabe que ese hombre que le untó barro en los ojos es el Hijo
del hombre profetizado por Daniel, sabe que Jesús es el Mesías, sabe que es el
Hijo de Dios venido al mundo para dar luz a los hombres. Y se postra adorándole
como Dios. La luz llena su alma.
"Oyeron
esto algunos de los fariseos que estaban con Él y le dijeron: ¿Acaso nosotros
también somos ciegos? Les dijo Jesús: Si fuerais ciegos no tendríais pecado,
pero ahora decís: Vemos; por eso vuestro pecado permanece". La ignorancia
invencible nunca es pecado y Dios juzga la sinceridad de cada uno con todos los
atenuantes y todos los agravantes. Ellos están ciegos, porque en sus corazones
reside el pecado. Pronto revelará Jesús la verdad de sus vidas en público, para
su vergüenza, ya que no quieren acercarse a la luz, y reconocer la verdad
alcanzando el perdón, porque sus obras son malas.
Que la
gracia y la bendición del Padre se derrame sobre todos nosotros
El Servidor de la Palabra
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