Publicación diaria para
Martes de la
primera
V del tiempo
ordinario
Santa Escolástica
Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón
está lejos de mí
Génesis
1,20-2,4
20 Dios dijo: «Pulule en las aguas un
hormigueo de seres vivientes y revoloteen las aves por encima de la tierra y cara
al firmamento del cielo». 21 Dios creó los
grandes monstruos marinos, todos los seres vivientes que se mueven y pululan en
las aguas según su especie, y el mundo volátil según su especie. Vio Dios que
esto estaba bien. 22 Dios los bendijo diciendo: «Sed fecundos, multiplicaos
y llenad las aguas del mar, y multiplíquense las aves sobre la tierra». 23 Hubo tarde y mañana: día quinto. 24 Dios dijo: «Produzca la tierra animales vivientes según su
especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. 25 Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los
reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. 26 Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.
Domine sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados, las fieras
campestres y los reptiles de la tierra». 27
Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó, macho y hembra los
creó. 28 Dios los bendijo y les dijo: «Sed fecundos
y multiplicaos, poblad la tierra y sometedla; dominad sobre los peces del mar,
las aves del cielo y cuantos animales se mueven sobre la tierra». 29 Y añadió: «Yo os doy toda planta sementífera que hay sobre
la superficie de la tierra y todo árbol que da fruto conteniendo simiente en
sí. Ello será vuestra comida.
1 Así fueron acabados el cielo y la tierra y
todos sus elementos. 2 Dios dio por terminada su obra el séptimo
día, y en este día descansó de toda su obra. 3 Dios
bendijo el día séptimo y lo santificó, porque en él había descansado de toda la
obra de su actividad creadora. 4 Tal
fue el origen del cielo y de la tierra cuando fueron creados.
Salmo 8,4-9
4 Cuando veo los cielos, obra de tus manos,
la luna y las
estrellas que creaste,
5 ¿qué es el hombre para que te acuerdes de
él,
el ser humano
para que de él te preocupes?
6 Apenas inferior a un dios lo hiciste,
lo coronaste
de gloria y dignidad;
7 le diste el señorío de la obra de tus
manos,
bajo sus pies
todo lo pusiste:
8 ovejas y bueyes, todos juntos,
y hasta las
bestias del campo,
9 las aves del cielo y los peces del mar,
cuanto surca
las sendas de las aguas.
Marcos
7,1-13
1 Los fariseos y algunos maestros de la ley
de Jerusalén se acercaron a Jesús, 2 y
vieron que algunos de sus discípulos se ponían a comer con manos impuras, es decir,
sin habérselas lavado. 3 Porque los fariseos y todos los judíos,
siguiendo la tradición de sus mayores, no se ponen a comer sin haberse lavado
cuidadosamente las manos; 4 y si vienen de
la plaza, no comen sin haberse lavado; y tienen otras muchas prácticas que
observan por tradición, tales como lavar copas, jarros y bandejas. 5 Así que los fariseos y los maestros de la ley preguntaron a
Jesús: «¿Por qué tus discípulos no observan la tradición de los mayores, sino
que comen con las manos impuras?». 6 Él
les contestó: «Hipócritas, Isaías profetizó muy bien acerca de vosotros, según
está escrito:Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de
mí. 7 En vano me rinden culto enseñando
doctrinas que son preceptos humanos. 8
Dejáis el mandamiento de Dios y os aferráis a la tradición de los hombres». 9 Y añadió:«Vosotros, para guardar vuestras tradiciones,
quebrantáis el mandamiento de Dios. 10
Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y el que maldiga a su padre
o a su madre será condenado a muerte. 11 Vosotros,
en cambio, decís: Al que diga a su padre o a su madre: Lo que tenía para
ayudarte lo he ofrecido al templo, 12 ya
no le permitís hacer nada por su padre o por su madre. 13 Así habéis anulado el mandamiento de Dios por una tradición
que vosotros mismos os habéis transmitido. Y hacéis muchas cosas semejantes».
La vida podría
convertirse en un cumplimiento meticuloso de la ley, normas, compromisos, como
hacían los fariseos y judíos. Pero valdría preguntarse en medio de tanta
exigencia personal ¿por qué? ¿Por qué tanto empeño y dedicación para ser
fieles? ¿Realmente cumplían de esa manera para agradar a Dios? Por la actitud
de Jesús su fidelidad era incienso que en lugar de agradar a Dios los alababa a
ellos mismos.
Sólo a Dios
hay que dar culto, y el verdadero culto consiste en la caridad y amor a Dios,
nos dice el Catecismo de
De esta
manera, hemos de buscar a Dios para que nuestra jornada no se convierta en una
serie de actividades, compromisos, obligaciones sin sentido, porque se tienen
que hacer, hechos en ocasiones sin saber por qué se hacen, sino que sean
nuestros días un continuo ofrecimiento a Dios de nuestras acciones.
Santa Escolástica
La única
fuente histórica sobre la vida de Santa Escolástica, hermana de San Benito, son
los capítulos 33 y 34 del segundo libro de los Diálogos de San Gregorio Magno.
Las noticias, legendarias que se añadieron, enriquecen poco la imagen sencilla
e intensa de la santa. Pero a San Gregorio no le interesaba presentarnos una
noticia biográfica completa de Santa Escolástica, sino completar el perfil
interior del padre del monacato occidental.
Parece que el
año del nacimiento de los dos santos coincide: el 480. Por tanto, Benito y
Escolástica probablemente fueron gemelos, y si no lo fueron anagráficamente, sí
lo fueron espiritualmente, pues sus vidas fueron paralelas hasta la muerte, en
el
Escolástica
nació en Nursia y desde muy joven se consagró a Dios; después siguió a su
hermano San Benito a Subiaco y a Montecassino. En Piumarola, a los pies del
monte, estableció su monasterio, como si humildemente hubiera querido detenerse
en las faldas de la montaña, en cuya cumbre el hermano había fijado su
habitación. Pero, a pesar de estar tan cerca en el lugar y en el afecto, Benito
bajaba a visitar a la hermana sólo una vez al año. Es comprensible que Santa
Escolástica quisiera detenerse un poco más con su hermano, pero San Benito era
muy riguroso en el cumplimiento de la regla que él mismo se había impuesto.
En el último
coloquio, que tuvo lugar tal vez el primer jueves de cuaresma del 547, Dios
demostró que le agradaba más el gesto de afectuosa caridad que el cumplimiento
riguroso de la regla. En efecto, Escolástica le pidió al hermano que
permaneciese con ella, como refiere San Gregorio, “para que toda la noche
hasta el día siguiente pudieran hablar de la alegría de la vida celestial”.
Ante el severo reproche de Benito, Escolástica juntó las manos y permaneció en
oración. “Pudo más ante Dios porque amó más”, comenta San Gregorio
Magno.
Y
efectivamente, pocos instantes después pareció que se abrían las cataratas del
cielo: el aguacero y los truenos obligaron a San Benito a desistir de regresar
al monasterio, pero le echó la culpa a la hermana que cándidamente replicó:
“Pues bien, yo te lo pedí y no me quisiste escuchar; pedí al Señor y Él
si me escuchó; vete si puedes, y regresa al monasterio”.
En el lugar
del prodigio se construyó la llamada “iglesia del coloquio” y en
recuerdo de ese episodio se invoca a Santa Escolástica contra los rayos y para
obtener la lluvia. A los tres días de ese maravilloso coloquio, San Benito,
durante la oración, vio que el alma de Escolástica volaba al cielo en forma de
paloma, y a los 40 días él la siguió para vivir eternamente “la alegría
celestial”.
Cristología
LVIII
Los signos de
Jesús (XXI/XXI)
La
resurrección de Lázaro
Muerte de
Lázaro
Jesús se
encontraba a menos de un día de viaje de Jerusalén, fuera de los confines de
Judea. Cerca de Jerusalén, a unos tres kilómetros, está Betania, lugar donde
vivían Lázaro, Marta y María, los amigos del Señor. Lázaro estaba gravemente
enfermo en Betania; María y su hermana Marta le cuidan con la natural congoja y
preocupación. María era la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies
con sus cabellos, su conversión había sido tan profunda que Jesús la alabó ante
la inquietud en el servicio de Marta. Las hermanas saben donde está Jesús,
protegido de las persecuciones de los judíos. Lo saben, pero su fe es tan
grande y su angustia tan honda, que se atreven a pedir a Jesús que acuda a
curar a su hermano; por eso "le enviaron este recado: Señor, mira, aquel a
quien amas está enfermo". La delicadeza y la urgencia se unen en la
petición. Saben que Jesús se expone a peligros, pero saben también que Él es
poderoso; además, quiere a Lázaro con una amistad especial, que no puede hacer
oídos sordos a la curación posible, como en tantos otros que ni siquiera eran
amigos. "Al oírlo, dijo Jesús: Esta enfermedad no es de muerte, sino para
gloria de Dios, a fin de que por ella sea glorificado el Hijo de
Dios"(Jn). Las enfermedades y muertes humanas, si son llevadas con amor de
Dios, son ocasión de mejora, son un paso a un amor mejor y una vida más alta.
Así era la enfermedad de Lázaro, tan lejana a la enfermedad del alma que es el
pecado. Pero hay más, si el dolor, en los creyentes, siempre da más gloria a
Dios, aquella enfermedad va a redundar en gloria de Dios y de Jesús.
"Jesús
amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando oyó que estaba enfermo, se quedó
aún dos días en el mismo lugar". Es de suponer que Lázaro murió al poco de
salir el emisario para ver a Jesús. Los cuatro días trascurridos se consumen:
uno en el viaje del emisario, dos de espera, sabiendo Jesús que Lázaro estaba
ya muerto, y uno de viaje a Betania. ¿Por qué ese tiempo? Porque los judíos
embalsamaban los cuerpos de los difuntos para que no se corrompiesen, durante
tres días; no más. Era un detalle de caridad con el difunto, leve, pero
entrañable; no buscaban, como los egipcios, la permanencia del cuerpo en la
tumba por tiempos largos, incluso siglos. Jesús quería que hubiese constancia
ante todos que Lázaro estaba realmente muerto. La hija de Jairo estaba recién
muerta, y el hijo de la viuda de Naím aún no estaba enterrado. Alguno podía
dudar de su muerte real. Pero Lázaro estaba enterrado y habían pasado los tres
días de reposo preceptivo.
Pasados dos
días después de la recepción del mensaje dijo a sus discípulos: "Vamos
otra vez a Judea". Todos se conmueven y le dijeron: "Rabbí, hace poco
te buscaban los judíos para lapidarte, y ¿vas a volver allí?". Respondió
Jesús: "¿Acaso no son doce las horas del día? Si alguien camina de día no
tropieza porque ve la luz de este mundo; pero si alguien camina de noche
tropieza porque no tiene luz". El diablo y los pecadores tienen su tiempo,
pero Dios tiene también su hora para manifestar la luz que no va a quedar
oculta por miedo y temor. Dicho esto, añadió: "Lázaro, nuestro amigo, está
dormido, pero voy a despertarle. Le dijeron entonces sus discípulos: Señor, si
está dormido se salvará. Jesús había hablado de su muerte, pero ellos
entendieron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les dijo claramente:
Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que
creáis; pero vayamos a donde está él". Los que le siguen ya creían en
Jesús, pero es tiempo de creer con más intensidad, la fe debe abarcar no sólo
conocimientos, sino que debe ser una adhesión viva, y va a ser reforzada por un
signo más extraordinario aún que los anteriores. Lleno de sentido común Tomás,
llamado también Dídimo, dijo a sus compañeros: "Vayamos también nosotros y
muramos con Él". Está dispuesto a todo; pero no ve triunfo, ni fe, sino
derrota y muerte. Es valiente, pero con poca fe. Es generoso, pero su amor se
queda corto
Los judíos
visitan a Marta y María
Jesús al
llegar, encontró que Lázaro estaba sepultado ya desde hacía cuatro días. Muchos
judíos habían ido a visitar a Marta y María para consolarlas por su hermano. El
ambiente está lleno de testigos y ocurría como en los entierros de las personas
destacadas: muchos van por sincero afecto, y otros por conveniencias, como una
obligación social. Era conocido que los tres hermanos eran discípulos de Jesús,
pero, a pesar de la excomunión decretada, no les molestaban por su posición
social, y porque la adhesión a Jesús no comportaba manifestaciones externas. Se
puede decir que todo seguía como siempre, aunque dentro de ellos, todo fuese
distinto.
Marta y María
"En
cuanto Marta oyó que Jesús venía, salió a recibirle; María, en cambio, se quedó
sentada en casa. Dijo Marta a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, no habría
muerto mi hermano", es como una queja de la persona que no entiende que
Jesús guiado por el cariño y la amistad no hubiese acudido a visitar al enfermo
y curarle como había hecho con tantos. Es el amor el que habla, y es tanta la
confianza, que no es un reproche la queja, sino una exteriorización de lo que
se tiene dentro. Pero reacciona con buen juicio, y añade: "incluso ahora
sé que cuanto pidieres a Dios, Dios te lo concederá"(Jn). ¿Es una alusión
a la posible resurrección de su hermano? Es posible, pero muy leve. Jesús la
consuela con el único consuelo ante la muerte: "Tu hermano
resucitará". No deja claro si será ahora o al final de los tiempos por eso
Marta le respondió: "Ya sé que resucitará en la resurrección, en el último
día". Hay un oculto dolor en estas palabras de fe, como si la separación
por el cuchillo de la muerte fuese demasiado dura y lejano el encuentro
definitivo, al fin. Le dijo Jesús: "Yo soy
"Y dicho
esto fue y llamó a su hermana María diciéndole en voz baja: El Maestro está
aquí y te llama. Cuando ésta lo oyó, se levantó en seguida y fue hacia Él.
Todavía no había llegado Jesús a la aldea, sino que estaba aún en el lugar en
que Marta le había salido al encuentro. Los judíos que estaban con ella en la
casa y la consolaban, al ver que María se levantó de repente y se marchó, la
siguieron pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Entonces María, cuando
llegó a donde estaba Jesús, al verle se postró a sus pies y le dijo: Señor, si
hubieras estado aquí, no hubiera muerto mi hermano"(Jn). Las mismas
palabras de Marta. Es cosa clara que han hablado de la tardanza del Señor, no
entienden que no venga, están sorprendidas. No ceden en su fe, pero una sombra
se anida en su corazón como si fuesen menos queridas en aquél que tantas
manifestaciones ha tenido con la familia. Jesús sabe sus congojas, pero
"cuando la vio llorando, y que los judíos que la acompañaban también
lloraban, se estremeció en su interior, se conmovió" Jesús es también
hombre perfecto, con emociones y sentimientos como todo hombre. Y al ver
llorar, se emociona al modo masculino, no puede, ni quiere, ocultarlo; se le
nublan los ojos y se nota en su voz la emoción interior, entonces dijo:
"¿Dónde lo habéis puesto? Le contestaron: Señor, ven y lo verás". Y
van al sepulcro cavado en la roca, como hacían las personas notables; allí,
ante la roca, que tapaba la entrada del túmulo "Jesús comenzó a
llorar"(Jn). Jesús se ha emocionado y su corazón de hombre siente la
separación –definitiva- de su amigo y las lágrimas brotan como fuente de
los ojos de Jesús. No tiene en reparo en llorar, es humano, muy humano; quiere
a Lázaro, le ha enternecido el dolor de sus hermanas; sufre y llora. Todos se
dan cuenta y decían entonces los judíos: "Mirad cómo le amaba";
expresión inolvidable de amor a Lázaro, y a todos. La presencia lleva a la
manifestación externa del amor de amistad. Sin embargo, no podía faltar el
contrapunto de la crítica amarga. "Pero algunos de ellos dijeron: Este que
abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber impedido que muriese?"(Jn).
Resurrección
de Lázaro
"Jesús
conmoviéndose de nuevo, fue al sepulcro. Era una cueva tapada con una piedra.
Jesús dijo: Quitad la piedra. Marta, la hermana del difunto, le dijo: Señor, ya
hiede, pues lleva cuatro días"(Jn). Parece que la buena hermana ha
olvidado la fe con la que pedía el milagro al entrar en contacto con la cruda
realidad. "Le dijo Jesús: ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de
Dios? Quitaron entonces la piedra". La operación es lenta; se hace el
silencio, todos se agolpan en el lugar. Entonces, Jesús reza al Padre en voz
alta: "levantando los ojos a lo alto, dijo: Padre, te doy gracias porque
me has escuchado. Yo sabía que siempre me escuchas, pero lo he dicho por la
multitud que está alrededor, para que crean que Tú me enviaste"(Jn). Esta
es la petición: que crean porque así entrarán en la vida de amor en Dios, y de
una manera mayor que todas las anteriores les va a poner delante de sus ojos incrédulos
aquel signo que exigen. "Y después de decir esto, gritó con fuerte voz:
¡Lázaro, sal afuera! Y el que estaba muerto, salió atados los pies y las manos
con vendas, y el rostro envuelto con un sudario. Jesús les dijo: Desatadle y
dejadle andar"(Jn). Todos quedan paralizados por el milagro. Y lo ven los
que creen, los que dudan y los que no creen. Todos pueden certificar la muerte,
todos la han llorado, han acudido al entierro, han experimentado el olor de
cadáver y la sorprendente salida de la tumba sin caminar, ceñido por las
ventas, sanado, vivo, mirando sorprendido a los que le contemplan con estupor.
Abre Lázaro la puerta de la vida por segunda vez ante la mirada atónita de la
nube de testigos. Y se encuentra ante la mirada alegre, y aún llorosa, de su gran
amigo, de Jesús, el Mesías Salvador, el Hijo de Dios viviente entre nosotros. Y
a él le ha dado la vida en el alma y en el cuerpo. Y esa vida fluye como la
sangre por las venas, con un amor y un agradecimiento que nunca había
experimentado.
Que la
gracia y la bendición del Padre se derrame sobre todos nosotros
El Servidor de la Palabra
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