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Miercoles 2 de septiembre de 2009. La Palabra Binaria.   Lista de mensajes  
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La Palabra Binaria

Publicación diaria para la Iglesia Católica

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Miércoles de la segunda

XXII del tiempo ordinario


San Antolin de Pamiers


Jesús imponía las manos sobre cada uno de ellos y los curaba


 

Colosenses 1,1-8

 

1 Pablo, apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Timoteo, el hermano,  2 a los creyentes y fieles hermanos en Cristo residentes en Colosas. Os deseamos la gracia y la paz de Dios nuestro Padre. 3 Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando siempre por vosotros, 4 porque estamos informados de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor fraterno que tenéis a todos los creyentes 5 por la esperanza de lo que os está reservado en los cielos, de la que ya oísteis hablar por la palabra de la verdad del evangelio 6 que llegó hasta vosotros, y que, como fructifica y crece en todo el mundo, así también ha sucedido entre vosotros desde el día en que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en la verdad, 7 conforme la aprendisteis de Epafras, nuestro querido compañero y fiel ministro de Cristo en lugar nuestro, 8 quien también nos ha manifestado lo que nos amáis en el Espíritu.

 

Salmo 51,10-11

 

10 Mas yo, como un olivo verde en la casa de Dios,

confío constantemente en la misericordia del Señor.

11 Te estaré eternamente agradecido por todo lo que has

hecho, proclamaré las bondades de tu nombre delante de

tus fieles.

 

Lucas 4,38-44

 

38 Salió de la sinagoga y fue a casa de Simón. La suegra de éste se encontraba enferma con fiebre muy alta, y le pidieron que la curara. 39 Él se inclinó sobre ella, ordenó a la fiebre, y la fiebre la dejó. Ella se levantó inmediatamente y se puso a atenderle. 40 A la puesta del sol, todos los que tenían enfermos de cualquier dolencia se los llevaron; Jesús imponía las manos sobre cada uno de ellos y los curaba. 41 De muchos salían también los demonios, gritando: «Tú eres el hijo de Dios». Pero los reprendía y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el mesías. 42 Al amanecer se fue a un lugar solitario, y la gente andaba buscándolo. Lo encontraron y trataron de que no se alejara de ellos. 43 Pero él les dijo: «Debo anunciar también el reino de Dios a las demás ciudades, porque para esto he sido enviado». 44 E iba predicando por las sinagogas de Judea.

 


 

Nunca tiene un rato de descanso Jesús. No había llegado todavía a casa de su amigo Pedro cuando ya le piden un milagro. Y por la tarde vinieron a suplicarle que sanara a otros enfermos. Y al salir el sol le seguían buscando incluso en el desierto.

 

¡Qué grande es el Corazón de Cristo! Qué paciente, las veinticuatro horas del día, sin pedir nada a cambio. La Palabra ablanda cualquier corazón, aunque sea más duro que las piedras.. Le apasionaba su misión. Sabía que tenía que aprovechar los tres años de vida pública y no se permitió ni un momento de reposo.

 

Esto nos enseña a tomarnos en serio nuestra vida. El tiempo que Dios nos ha concedido no puede tirarse a la basura con entretenimientos estériles. Hay mucho que hacer, y algún día nos pedirán cuentas de lo que hayamos hecho. Seguro que tienes varias tareas pendientes que están esperando su momento. ¿Y cuando llegará? Quién sabe.

 

Es cuestión de organizarse bien, de tener el día programado para rendir al máximo, aun sacrificando el tiempo dedicado a la televisión. Debemos ser exigentes con el uso de las horas. No pueden desperdiciarse, porque nunca más volverán. Primero es necesario establecer una jerarquía. ¿Qué es lo más importante para mí? No hay que descuidar el trabajo, ni la familia, ni los momentos para Dios, ni las actividades que enriquezcan a los que viven en la misma ciudad o país. Sepamos sacarle el jugo a la vida que Dios nos ha regalado.

 


 

San Antolin de Pamiers

 

El patrono de los cazadores españoles y de la ciudad de Palencia fue un joven que anduvo entre dos frentes: el de la lucha y la soledad.

 

Había nacido en la parte sur de Francia, en Narbona cuando mediaba el siglo III de nuestra era. Como era un espíritu aventurero, se marchó pronto a Italia. En la ciudad de Palermo lo ordenaron de sacerdote, debido a su predicación y a sus dotes, entre las cuales se destacaba la santidad de vida personal y su irradiación a los demás.

 

En Palermo estuvo nada menos que 18 años trabajando por el reino de Dios mediante el anuncio del Evangelio.

 

Por razones personales volvió a Francia. Y en ese tiempo reinaba en esta región, perteneciente a Toulouse, su tío Teodorico. Una vez que se enteró de que su sobrino era cristiano, lo mandó prender y durante siete días no le dio alimento ni agua. Sin embargo, un amigo suyo – para algo sirven los auténticos amigos -, le ayudó a escondidas. Así pudo soportar el hambre a la que le sometió el pagano gobernante.

 

Le sobrevino la muerte a su tío. Entonces quedó libre. Buscó la soledad de un bosque cercano para vivir en paz, oración y tranquilidad, y alejado del mundanal ruido.

 

Galacio, nombre del que sucedió a su tío en el reino, era también de armas tomar. Siguiendo la conducta de su antecesor, lo metió de nuevo en la cárcel. Esta vez no estaba ya solo. Un buen grupo de amigos, convertidos al cristianismo, lo acompañaron para sufrir el martirio por la fe en el Señor. Sus cuerpos se arrojaron al río Aregia.

 

Se cuenta que el rey Sancho de Navarra, muy aficionado a la caza, fue a una cacería de ciervos. Y andando se encontró con una cueva. Vio un animal e intentó matarlo, pero su mano quedó paralizada. Esta cueva se mantiene en la cripta de la catedral de Palencia.

 


Mariología XXIII

¿Cuáles son los fundamentos para considerar a María "Corredentora"?  (I/IV)

. Josef Seifert

 

El Prof. Dr. Josef Seifert es Rector de la Academia Internacional de Filosofía en Liechtenstein y filósofo reconocido internacionalmente. También es miembro de la Academia Pontificia para la

 

Mis dudas iniciales relacionadas con la conveniencia de un dogma de María como Corredentora y Mediadora1

 

Cuando el Profesor Mark Miravalle compartió conmigo la información relacionada con los esfuerzos y oraciones que muchos católicos estaban haciendo para obtener un nuevo dogma que declarase a María -en cooperación con, y radicalmente subordinada como criatura a su divino Hijo- como Corredentora y Mediadora de todas las gracias,  al principio tuve dudas de brindar mi apoyo en favor de la declaración de este doble (o triple) dogma mariano; ya que llamar a María Mediadora de todas las gracias, parecería una exageración y casi contradictorio: ¿cómo podría ser Mediadora de las gracias que recibieron Adán y Eva, o Abraham, o sus antepasados, o de aquellas gracias que ella misma recibió, tales como la Concepción Inmaculada? Por otro lado, el darle a María el título de Corredentora me parecía en primera instancia, que se trataba de una creencia católica meramente marginal y que es susceptible de muchos malentendidos, en virtud de que hay un sólo Salvador y Redentor, Jesucristo. Pensé que una declaración dogmática de esta verdad, aunque creía firmemente en ella, sería innecesaria y hasta indeseable por varias razones: Obligaría a todos los creyentes a aceptar una verdad que

 

(1) No parecería estar separada del depósito de la fe,

 

(2) No estaría exenta de ocasionar enormes malentendidos que eliminarían la diferencia que hay entre Dios y el hombre, y convertirían a María en una especie de cuarta persona divina.

 

(3) Además, esta doctrina no me parecía suficientemente importante como para justificar una formulación dogmática, ya que un dogma no sólo afirma la verdad objetiva e inmutable de una verdad revelada de manera sobrenatural o de una doctrina propuesta por la fe (como en el caso de la habilidad del hombre para conocer la existencia de Dios y algunos de sus atributos por medio de la razón, un contenido filosófico definido por el Vaticano I), sino que va más allá; un dogma obliga a que todos los creyentes lo acepten, e involucra, y en algunos casos hasta crea, la obligación moral de que todos los fieles consientan con esa verdad de la fe católica que se declaró como dogma, como una condición para alcanzar la salvación eterna. Por lo tanto, un dogma es un asunto muy serio que no debe tomarse a la ligera.

 

Algunos dogmas, tales como el de la Divinidad de Cristo, están formulados con tan claros contenidos basados en la Escritura y la fe cristiana, que su fiel aceptación era algo obligado para los cristianos mucho antes de que se declararan como dogmas.

 

Otros dogmas, sin embargo, bien pudieron haber sido rechazados por buenos y santos cristianos antes de su declaración dogmática, pero a partir de su declaración, es obligatorio para todos los católicos aceptarlos como parte de la revelación infalible del depositum fidei. En esta segunda categoría de dogmas podemos considerar el dogma mariano de la Inmaculada Concepción el cual, en el momento de llevarse a cabo y antes de su declaración y contando con la participación de muchos teólogos importantes, santos y beatos, como por ejemplo Duns Scoto, era al mismo tiempo rechazado por otros, como Santo Tomás de Aquino, quien exponía enérgicos argumentos en contra de esta enseñanza. De cualquier modo, a partir de la declaración dogmática de la Inmaculada Concepción, ya ningún católico es libre de tener dudas o rechazar este dogma sin ir contra la fe católica y traicionarla. Al obligar, a través de un dogma, a todos los fieles a que consientan con la doctrina de María como Corredentora y Mediadora, daría la impresión de que la Iglesia está otorgando una exagerada importancia a esta verdad que es meramente significativa, provocando que su aceptación sea cuestión necesaria para la salvación. Ciertamente parecería cosa difícil exigir que todos los fieles consientan con este aspecto tan particular e incomprensible del oficio y las actividades de María, especialmente en una época en que aún los contenidos más elementales del Credo son desconocidos y hasta negados por muchos.

 

(4) Además, una declaración dogmática de tal envergadura, en la que yo no creí por largo tiempo, no me parecía especialmente oportuna (por el hecho de que la Iglesia en la actualidad se encuentra agitada hasta sus cimientos por temas de mayor importancia, y las máximas doctrinas católicas están en peligro, como es el caso de la verdadera divinidad de Cristo, la posibilidad de conocer la existencia de Dios y algunos de sus atributos divinos, la existencia del alma, la vida inmortal y eterna, la virginidad corporal de María, la existencia intrínseca de actos malvados,5 etc.).

 

(5) Más aún, un dogma mariano como éste, en virtud de que aparentemente no posee ninguna raíz bíblica, parecería estar basado únicamente en la sagrada tradición oral y, por ello, pondría nuevos obstáculos en el camino para que los Judíos o los Protestantes, que se orientan exclusivamente por la Escritura, aceptaran a la Iglesia Católica, y posiblemente esto también dividiría de nuevo a la propia Iglesia Católica, sobre un tema innecesario (porque un "dogma" sobre la corredención mariana sin duda aparecería, para muchos católicos bien intencionados y ortodoxos, como una enseñanza exagerada y problemática). De hecho, la mayoría de los católicos y teólogos de la actualidad, sienten algo de vergüenza de que la Iglesia Católica afirme tener la autoridad del Espíritu Santo para formular proposiciones de verdad infalible o de poseer, antes de cualquier declaración dogmática, la infalibilidad general del sensus fidelium en relación con todas las enseñanzas esenciales dogmáticas y morales de la Iglesia.

 

Primera resolución a mis dudas iniciales relacionadas con la conveniencia de un dogma de María como Corredentora-Mediadora

 

Si bien estos reparos dejaron serias dudas en mi mente por largo tiempo, de si sería justificable la declaración de un dogma como éste, y aún cuando no hay indicio de que estas dudas se hayan disipado hasta ahora, habiendo reflexionado más seriamente y en oración, llegué a la conclusión de que ninguno de estos argumentos son decisivos en contra del dogma que Vox Populi Mariae Mediatrici busca obtener. Cada vez más me parecía verdad lo contrario de los argumentos objetados. A continuación deseo mencionar sólo de manera breve, las principales etapas por las que pasé para llegar a esta conclusión, que aclararé con mayor profundidad a lo largo de esta disertación, según es mi objetivo:

 

(Ad 1) Me parecía cada vez más evidente que esta doctrina de María como Corredentora no era meramente marginal, sino que estaba esencialmente unida con otros dogmas católicos, especialmente con el de la justificación a través de la gracia, pero no sin las obras realizadas voluntariamente, a tal grado, que el dogma de María Corredentora podría ser considerado como una mera conclusión lógica de los dogmas que ya existen. De hecho, la creencia en sí de que María es Corredentora, ya no me parecía marginal, no más que los dogmas marianos anteriores. Por supuesto que esto resulta bastante obvio para los dos primeros dogmas marianos. No tengo ninguna duda de que la declaración dogmática del concilio de Efeso, que pronunció a María como verdadera Madre de Dios, y la declaración dogmática de su virginidad perpetua, especialmente antes del nacimiento de Jesús, están centralmente conectadas con la divinidad de Jesús y con la verdad de su encarnación, y por ende, con la parte medular de nuestra fe, y en mi opinión, de una mayor manera que la doctrina de María como Corredentora. Por lo tanto, el dogma de María como Madre de Dios ya estaba definido en los primeros siglos de la Iglesia y fue crucial en los tiempos del arrianismo y a lo largo de la historia de la Iglesia. También la enseñanza de la virginidad de María al momento de concebir a Cristo, fue definida mucho antes que los otros dos dogmas marianos, y es una sólida confirmación del verdadero misterio que hay en la encarnación de Dios en Jesús y que constituye el núcleo de nuestra fe. Los otros dos dogmas marianos que vinieron después, no se pueden poner al mismo nivel con respecto a su unión esencial con la fe cristiana. Incluso dentro de la declaración dogmática de la perpetua virginidad de María (antes, durante y después del nacimiento de Cristo), encontramos un gradual significado de estas tres verdades, y en tanto que algunas partes de este dogma tienen un significado mucho más importante para la fe católica, otros podrían percibirse como menos significativos. La verdad de la virginidad de María antes del nacimiento de Jesús, podría parecer más esencial para nuestra fe que la declaración de su sagrada virginidad después del nacimiento de Jesús, aún cuando es algo hermoso y conveniente. Es claro que su virginidad antes y después del nacimiento, en el sentido de no haber tenido relaciones sexuales con José u otro hombre, es más importante para nuestra fe, que la declaración de -el milagro de- su virginidad puramente biológica durante el nacimiento, lo cual, de incluirse en un dogma, hasta nos parecería extraño, a tal grado que algunos han dudado de su carácter dogmático con serios argumentos.

 

La enseñanza de María como Corredentora es, sin embargo, posiblemente más central a la fe católica que el dogma previamente definido de la Inmaculada Concepción de María (enseñanza que hasta el universal y seráfico doctor Santo Tomás había rechazado antes de su definición). Antes de que se declarara este dogma de que María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original antes de la muerte de Cristo y de estar libre de todo pecado personal, que no parece estar inseparablemente ligado con ningún dogma cristológico, no obligaba de la misma manera a todos los católicos a creerlo, ya que, en la percepción de algunos, no está unido de manera clara con el centro de la fe católica, y hasta le parecía a Santo Tomás que contradecía con la fe de que toda redención y toda limpieza de pecado original y de los pecados personales, nos viene solamente a través de la crucifixión y resurrección de Cristo Jesús. Aún así, esta enseñanza fue declarada como dogma, a pesar de ser menos importante para nuestra fe. El dogma de la asunción corporal de María a los cielos, se presenta aún menos unido en su esencia, con el centro de la fe católica, que el de la Inmaculada Concepción de María o su función como Corredentora y, sin embargo, esta gloriosa verdad sobre María, también fue declarada dogma por la Iglesia Católica, por medio del papa Pío XII. Este dogma que tiene que ver con la fiesta más importante de María, de ninguna manera tiene una relación más directa con nuestra fe, que el oficio de María como Corredentora. Muy por el contrario, la doctrina de María como Corredentora está más esencialmente vinculada con la enseñanza católica de la justificación y, por lo tanto, más profundamente ligada al centro de nuestra fe que, incluso, la enseñanza acerca de la asunción corporal de María a los cielos. Por lo tanto, uno no puede argumentar en contra del nuevo dogma, desde el punto de vista de que no es esencial para la parte central de nuestra fe. De hecho, desde este punto de vista, el nuevo dogma propuesto merece más apoyo aún que algunos de los otros dogmas marianos definidos anteriormente, a los que el creyente católico se abraza con fuerza como regalos que le permiten participar de la verdad infalible de los privilegios especiales de María, en cuya luz la gloria de Cristo, la causa de todos los privilegios marianos de la gracia, también resplandece con mayor intensidad.

 

(Ad 2) En vista de la conexión esencial y lógica que existe entre los dogmas que se refieren a la justificación y la libre cooperación con la gracia y el dogma propuesto de María Corredentora, el declarar la verdad de éste último, no impondría nuevas cargas a los fieles por "tener que creer" (¡qué manera tan triste de ver la gloriosa fuerza liberadora que tiene la infalible revelación de la verdad!) pero es en este momento (antes de la declaración solemne que tanto se desea) cuando cada católico deberá aceptarla, ya que es una consecuencia lógica y directa de la necesidad de cooperar libremente con la gracia y de que María es la Madre de Dios, como veremos más adelante.

 

(Ad 3) La sola posibilidad de que existan malos entendidos, no puede ser suficiente para prevenir que la Iglesia haga una declaración de una verdad religiosa tan importante como lo es un dogma. La posibilidad de estos malentendidos sólo requiere que el dogma sea definido de manera clara y sin ambigüedades para excluir cualquier malentendido.

 

(Ad 4) También llegué a la conclusión de que el pronunciamiento de este dogma era eminentemente propicio, a pesar del hecho de que el oficio de María como Corredentora no es un tema candente y teológicamente debatido en la actualidad, como lo había sido la maternidad de Dios antes de su declaración. La propuesta de este dogma mariano sumamente personalista, provocaría asuntos cruciales positivos en lo mejor de la filosofía y teología personalista de nuestro siglo. Simultáneamente, ayudaría a superar la mayor crisis teórica y práctica en el entendimiento de la dignidad de las personas que, asimismo, encontramos en nuestro siglo: en el evolucionismo y otras teorías, y en el nazismo o comunismo, tanto en la teoría como en la práctica, así como en las atroces y casi universales prácticas del aborto y la eutanasia, sólo por mencionar algunas de las formas más espantosas del antipersonalismo. ¿Seguiríamos matando a un bebé o a un anciano si creyéramos que poseen la infinita dignidad de personas, bajo la perspectiva del hecho de que los más grandes bienes-incluso nuestra salvación- dependieron de la decisión voluntaria de María? Desde el punto de visto religioso, pero especialmente filosófico, encontré que este dogma mariano propuesto, es el mayor antídoto contra el fantasma antipersonalista que nos acecha: porque es el dogma mariano más personalista, que subraya la dimensión salvífica que tiene la decisión de una persona creada. Ningún ser viviente, inferior a la persona, estaría capacitado para jugar un rol corredentor. Precisamente por su dimensión personalista, juzgué que este dogma potencial es particularmente oportuno, en un momento en que existen tanto las filosofías personalistas de nuestro siglo8 , que encontrarían una cierta "coronación sobrenatural" a través de este dogma, como el enfrentamiento de una absoluta opresión de personas en nuestro tiempo, que demanda que la Iglesia declare más plenamente cada vez, la inmensa dignidad de la persona. El momento propicio para declarar este dogma aparece más claro aún, cuando se piensa en el feminismo y en la postura del Vaticano que se opone en admitir al orden sacerdotal a la mujer, un punto al que regresaré más adelante.

 

(Ad 5) Además, la falta de fundamentos bíblicos es menos cierta para este dogma propuesto. Encontré un impresionante y muy directo fundamento bíblico acerca de esta enseñanza, que explicaré posteriormente. Además de la sagrada tradición de la Iglesia, llegué a la conclusión de que la propia Biblia garantiza la verdad infalible de esta doctrina. En cuanto al fundamento bíblico de esta enseñanza, que podemos encontrar ya desde el Antiguo Testamento, y a su gran significado ecuménico en relación con los judíos, daré la explicación más adelante. Y de manera muy paradójica, descubrí un extraordinario significado ecuménico en esta enseñanza -no sólo en el diálogo con los modernos defensores del sacerdocio de la mujer y los feministas, sino también, y sobre un fundamento mucho más firme- con judíos ortodoxos y protestantes. Por lo tanto, llegué a convencerme de que la declaración de este dogma, lejos de crear obstáculos para un auténtico ecumenismo, poseería un profundo y oportuno significado ecuménico.

 

En cuanto al extraordinario y oportuno significado de esta personalísima enseñanza sobre María como Corredentora y a la culminación que vaya a tener el desarrollo de la fe católica en relación con el sacerdocio universal de todos los cristianos bautizados por medio de este nuevo dogma, me referiré más adelante.

 

Por estas razones, que explicaré más en detalle, es por lo que decidí apoyar plenamente este dogma. Sin embargo, no me es posible formular un juicio categórico sobre la diversidad y complejidad de los aspectos pastorales que implicaría una nueva declaración dogmática de esta índole, y estoy seguro de que provocaría mucha oposición. Aún cuando estoy convencido de que un dogma como éste podría fácilmente constituir una piedra de tropiezo para algunos conversos potenciales y, que podrían surgir nuevos malentendidos y críticas hacia la Iglesia Católica por parte de algunos protestantes, he podido compartir, sin embargo, con muchos otros miembros del movimiento Vox Populi Mariae Mediatrici, la profunda estimación que tienen por la belleza y su deseo objetivo de que se "completen" los cuatro dogmas marianos de la Iglesia ya existentes, por medio de este quinto dogma mariano que, además de sus aspectos ecuménicos positivos, tendría un significado muy singular y personalista, que trataré de explicar a continuación.

 

Además de abundar en los puntos mencionados y de indicar cuáles son algunas de las razones específicas religiosas y de la Escritura que sustentan este dogma (que serían mucho mejor explicados por un número de teólogos de lo que yo puedo o me siento capaz de hacerlo), me gustaría añadir a la discusión de este dogma, tanto en mi calidad de filósofo como de católico, cuáles son las razones que me parece hablan a favor de un nuevo dogma mariano como éste, y que quizás no todas hayan sido señaladas por otros.

 


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