Publicación diaria para la Iglesia Católica
Cuando Jesús fija la mirada en aquel joven, para nosotros hoy desconocido, mira a cada uno de los que ha llamado por el bautismo a la vida de cristianos. No mira tan sólo a los que llama a su pleno seguimiento. Llama más bien a todos aquellos que intuyen que la vida es más que diversión y pérdida de tiempo en naderías. Y es que quien entra dentro de su alma, descubre un vacío por llenar, un corazón por enardecer de amor, un ansia, un no sé qué de eterno, como ese joven, y que no estará tranquilos sino hasta llenarlo de lo único eterno: el amor de Jesucristo.
Mirando bien esta escena contemplamos que Cristo nos ve a cada uno de nosotros. Porque cada uno de los que nos decimos cristianos tenemos de una u otra forma apegado el corazón a las cosas de la tierra y nos damos cuenta que ellas no llenan nuestra alma.
Añoramos a Dios. Y por eso lo buscamos hasta donde pueda estar esperándonos. Este joven lo encontró en el desierto. Y no tuvo miedo de preguntarle qué tenía que hacer. Para eso iba, para conocer el secreto de su felicidad plena. ¡Lástima que fue poco generoso! Su amor a las cosas le impidió dejar volar su alma donde lo único necesario. Y es que cuando Cristo nos pide dejarlo todo, nos pide todo; cuando nos lo pide todo, no nos deja sin nada. ¡Nos da todo porque se da a Sí Mismo, Él todo!
Cristo le siguió con la mirada. Lo vio triste marcharse con su corazón roto por el egoísmo. Los ricos, los que apegamos el corazón a las cosas, tengamos mucho o tengamos nada, tengamos palacios o tengamos harapos, en fin, tengamos algo a lo que no queramos desapegarnos, no podremos hallar jamás descanso, no podremos porque optamos por las pobre creaturas y rechazamos al Creador de las creaturas. En cambio los que han conocido a Cristo de veras Dios, les da la fuerza para dejarlo todo y seguirlo incondicionalmente.
¿Conocemos que somos los más miserables si no le tenemos a Él, la fuente de nuestra verdadera riqueza?
Santos Emeterio y Celedonio
Autor: Archidiócesis de Madrid
En verso recogió por escrito los relatos de su muerte el poeta hispano Prudencio.
Calahorra está unida a estos soldados por el hecho de su martirio y quizás también por ser el lugar de su nacimiento. Otros señalan a León como cuna por los libros de rezos leoneses -antifonarios, leccionarios y breviarios del siglo XIII- al interpretar «ex legione» como lugar de su proveniencia, cuando parece ser que la frase latina es mejor referida a la Legión Gemina Pia Felix a la que pertenecieron y que estuvo acampada cerca de la antigua Lancia, hoy León, según se encuentra en el documento histórico denominado "Actas de Tréveris" del siglo VII.
En la parte alta de Calahorra está la iglesia del Salvador -probablemente en testimonio perpetuante del hecho martirial- por donde antes estuvo un convento franciscano y antes aún la primitiva catedral visigótica que debió construirse, según la costumbre de la época, junto a la residencia real, para defensa ante posibles invasiones y que fue destruida por los musulmanes en la invasión del 923, según consta en el códice primero del archivo catedralicio.
No se conocen las circunstancias del martirio de estos santos; no las refiere Prudencio. ¡Qué pena que el emperador Diocleciano ordenara quemar los códices antiguos y expurgar los escritos de su tiempo! Con ello intentó, por lo que nos refiere Eusebio, que no quedara constancia ni sirviera como propaganda de los mártires y evitar que se extendiera el incendio. Tampoco hay en el relato nombres que faciliten una aproximación. ¿Fue al comienzo del siglo IV en la persecución de Diocleciano? Parece mejor inclinarse con La Fuente por la mitad del siglo III, en la de Valeriano, contando con que algún otro retrotrae la historia hasta el siglo II. Cierto es que Prudencio nació hacia el 350, deja escrita en su verso la historia antes del 401, cuando se marcha a Italia, hablando de ella como de suceso muy remoto y no debe referirse con esto al tiempo de Daciano (a. 304) porque esta época ya fue conocida por los padres del poeta. Es bueno además no perder de vista que el narrador antiguo no es tan exacto en la datación de los hechos como la actual crítica, siendo frecuente toparse con anacronismos poco respetuosos con la historia.
El caso es que Emeterio y Celedonio -hermanos de sangre según algunos relatores- que fueron honrados con la condecoración romana de origen galo llamada torques por los méritos al valor, al arrojo guerrero y disciplina marcial, ahora se ven en la disyuntiva de elegir entre la apostasía de la fe o el abandono de la profesión militar. Así son de cambiantes los galardones de los hombres. Por su disposición sincera a dar la vida por Jesucristo, primero sufren prisión larga hasta el punto de crecerles el cabello. En la soledad y retiro obligados bien pudieron ayudarse entre ellos, glosando la frase del Evangelio, que era el momento de «dar a Dios lo que es de Dios» después de haberle ya dado al César lo que le pertenecía. Su reciedumbre castrense les ha preparado para resistir los razonamientos, promesas fáciles, amenazas y tormentos. En el arenal del río Cidacos se fija el lugar y momento del ajusticiamiento. Cuenta el relato que los que presencian el martirio ven, asombrados, cómo suben al cielo el anillo de Emeterio y el pañuelo de Celedonio como señal de su triunfo señero.
Muy pronto el pueblo calagurritano comenzó a dar culto a los mártires. Sus restos se llevaron a la catedral del Salvador; con el tiempo, las iglesias de Vizcaya y Guipúzcoa con otras hispanas y medio día de Francia dispusieron de preciosas reliquias. Junto al arenal que recogió la sangre vertida se levanta la catedral que guarda sus cuerpos.
Hoy Emeterio y Celedonio, los santos cantados por su paisano Prudencio, y recordados por sus compatriotas Isidoro y Eulogio son los patronos de Calahorra que los tiene por hermanos o de sangre o -lo que es mayor vínculo- de patria, de ideal, de profesión, de fe, de martirio y de gloria.
El milagro de Hanukah que necesitamos este año
Rabbi Michael Lerner
¡Feliz Hanukah! Encendemos hoy la primer candela de Hanukah.
Pero ¿qué es lo que celebramos?
Los rabinos talmúdicos se preocuparon porque la celebración perdería su marco por el enfoque puesto en la victoria militar de los Macabeos. Por lo tanto eligieron para la Haftorah para el sábado de Hanukah, el texto del profeta Zacarías en el cual Dios revela un mensaje central del Judaísmo: No por fuerza ni por poder, sino por mi Espíritu, dice el Señor Todopoderoso.
Parece casi imposible escuchar esta pequeña voz de la tradición judía en un momento en el que nuestro mundo se regocija de su poder. Cada noche en la televisión vemos imágenes del bombardeo estadounidense y de los patrióticos gritos de alegría. No tengo simpatía por los Taliban, me alegro que no estén más en posición de oprimir a las mujeres y de escupir su odio antisemita, y estaré encantado de ver a sus líderes llevados ante la justicia. Pero también conozco que millones de afganos están padeciendo hambre, y que lo que les ofrecemos es muy poco en comparación con el poder militar que mostramos.
Qué distinto sería el mundo si nos dedicásemos a salvar vidas humanas. Qué diferente sería el mundo si Estados Unidos anunciase un plan Marshall global para eliminar el hambre y las enfermedades relacionadas con la pobreza.
Pero no hemos aprendido que el hambre que trajo los ataques el 11 de Setiembre tiene mucho que ver con nuestra insensibilidad hacia el dolor de la gente en el mundo. No hemos todavía aprendido que es el espíritu de justicia económica y política combinada con amor y generosidad lo que nos traerá la mejor oportunidad de tener seguridad.
Israel tampoco ha aprendido la lección de Hanukah.
Comparto el luto de nuestra gente por el horror del reciente ataque terrorista del Hamas. Pero por 15 años, yo y otros, hemos advertido a nuestra gente que su seguridad sólo puede venir con el fin de la ocupación, desmantelamiento de las colonias, y reparación para los refugiados.
En vez de eso, Israel ha acrecentado su poder y sus asentamientos, pero no ha logrado acrecentar la seguridad, sino el sufrimiento de los palestinos con el resultado del aumento de los atentados suicidas.
En la semana anterior a la última tanda de actividades terroristas, Israel ha asesinado uno de los líderes del Hamas. Por supuesto que se sabía que Hamas respondería con nuevos ataques terroristas. De hecho, es razonable el acierto de que hay una alianza encubierta entre Hamas y Ariel Sharon: ambos quieren la destrucción de la OLP. Sharon quiere eliminar la insistencia de la OLP en negociaciones que guíen a un estado palestino –él nunca quiso un estado semejante, y sus intereses estarían mejor servidos por una Palestina dominada por el Hamas (podría usar el terrorismo como una excusa adecuada para re-ocupar el West Bank y crear nuevos asentamientos y así hacer de una vez por todas imposible la creación de un estado palestino). Hamas estaría encantado si Sharon eliminase la Autoridad Palestina, de tal modo que los fundamentalistas se volviesen el poder dominante en Palestina, y estarían dispuestos a soportar otros 20 o 30 años de gobierno israelí, mientras ellos consiguen las armas y el poder para destruir a los infieles occidentales.
El único camino a esto es que los israelíes abran sus corazones al pueblo palestino y que los palestinos hagan lo mismo por los israelíes. Pero ambos bandos creen en la fantasía de que el poder los salvará.
Por lo tanto, este año, verdaderamente necesitamos un milagro. Necesitamos el espíritu de Hanukah, el espíritu del mensaje de Zacarías, que penetre en los pueblos del mundo.
Qué Dios nos lo conceda.
